Yo soy poeta
El mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana

Recuerdo la primera vez que fui a México y la emoción que sentí al visitar la tumba de Luis Cernuda en el Cementerio de San Ángel. Llevé unas violetas como él había hecho al visitar el sepulcro de Larra en uno de sus poemas más emocionantes: “Escribir en España no es llorar, es morir / porque muere la inspiración envuelta en humo”. Volví a esos recuerdos en la entrega del Premio Cervantes con las intervenciones de Gonzalo Celorio y del ministro Ernest Urtasun. Con la fuerza conmovedora de la narrativa, Gonzalo habló de la muerte de su padre para salir después a caminar por el mundo de la literatura, la sociedad y las relaciones insustituibles entre España y México. Con la energía de su sentido político, Urtasun recordó el exilio español, la solidaridad de Lázaro Cárdenas y el encuentro de la escritora Elena Garro con Luis Cernuda en Valencia durante la Guerra Civil. Cuando le comentó que estaba casada con el poeta Octavio Paz, Cernuda respondió que él era también poeta.
Aquel joven Cernuda, orgulloso de la poesía y la libertad, se comprometió con su país en la defensa de la democracia. Para consolidar y dignificar su patria, consideraba que lo prioritario era luchar por la dignidad de los seres humanos. Habitante de su independencia, participó en una causa colectiva. Eso me pasó a mí al escuchar el discurso del ministro Urtasun. Camino ya de los 68 años, al oírlo hablar de la educación pública, la Universidad, la cultura republicana, el exilio, España, México y Cernuda, celebré la suerte de poder identificarme por fin con un Gobierno, algo que nunca había ocurrido en mi vida. Es una suerte. Porque el mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana. Países que, al hacer sus cuentas y sus programas políticos, digan como Cernuda: yo también soy poeta. Escribir ahora en España no es llorar ni morir.


























































