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CARTAS AL DIRECTOR

El estigma de no beber alcohol

Los lectoras y los lectores escriben sobre la normalización del consumo de alcohol en la sociedad, la huelga de los profesores de Infantil en Madrid, el racismo en el fútbol y la banalización de la Mafia

Un brindis con cerveza.Nicolas Micolani (Getty Images/iStockphoto)

Tengo 27 años, es sábado, he salido a divertirme con mis amigas y, de nuevo, la pregunta: “¿Y tú no bebes nada?”. A lo que yo respondo: “No”. Y entonces, lo que solo era una pregunta da paso a un interrogatorio: “¿Nunca has bebido?” “¿Por qué no bebes?” “¿Cómo aguantas?” “¿No te aburres?”. Tras el interrogatorio, o contesto y sigo divirtiéndome, o entro en modo socióloga reflexiva. ¿Cuándo hemos normalizado tanto emborracharse que el objeto de debate es no hacerlo? ¿En qué momento el alcohol se ha convertido en un requisito para socializar? No tengo respuesta para esas preguntas, pero si su planteamiento, al menos, da lugar a la introspección, quizás algún día la pregunta deje de ser: “¿Por qué no bebes?” y pase a ser: “Y yo, ¿por qué bebo?”. Y es que beber, o no beber, debería ser una elección personal, libre y consciente. Pero mientras la primera opción esté normalizada, la segunda seguirá siendo cuestionada, y yo, cansada.

Natalia Martínez Fernández. Zizur Mayor (Navarra)

Bebés en servicios mínimos

​Ayer empezó en Madrid la huelga indefinida en las escuelas infantiles (0-3 años). Las reivindicaciones docentes son justas, pero que el Gobierno permita llegar a este extremo es una negligencia social. Los servicios mínimos obligan a bebés de pocos meses a pasar jornadas enteras sin sus referentes, bajo el cuidado de “quien pueda”. En pleno 2026, nos venden progreso mientras las familias sin red de apoyo se asoman al abismo: ¿pagamos una niñera indefinida o rezamos por una ratio milagrosa? Es indignante que se priorice el gasto en defensa mientras se asfixia a quienes cuidan de nuestros hijos. No se pregunten por qué la natalidad es un desierto: no faltan ganas de ser padres, falta decencia institucional.

Sara Pérez Espinosa. Madrid

Racismo cotidiano

Durante el partido amistoso entre las selecciones de España y Egipto celebrado el pasado 31 de marzo se escucharon “cánticos ofensivos” contra la comunidad musulmana. Ninguna autoridad deportiva estuvo a la altura de las circunstancias y se limitaron a recordar a través de la megafonía y de los videomarcadores del estadio que “la legislación para la prevención de la violencia en el deporte prohíbe y sanciona la participación activa en actos violentos, xenófobos, homófobos o racistas”. Pero lo más triste de todo es que a ningún futbolista de nuestra Selección, ante el espectáculo tan intolerable que estaba teniendo lugar, se le pasara por la cabeza la idea de parar el partido hasta que cesaran los insultos racistas. Si alguno de ellos lo hubiera hecho, sus padres estarían todavía más orgullosos de él.

Miguel Ángel Granados Ruiz. Pinto (Madrid)

Banalizar la Mafia

Hace unos días, Masterchef 14 presentó a una concursante italiana luciendo un delantal con la inscripción “la mafiosa”, entre risas y aplausos. Más de un millón de espectadores lo vieron en la televisión pública. A los italianos residentes en España se nos ha acabado la paciencia. La mafia no es folklore. No es un disfraz. Es la misma organización que mató a Falcone y Borsellino, que ha destruido familias enteras, que ha dejado huérfanos a miles de niños, que ha asesinado a más de 10.000 personas y que sigue operando hoy. Convertirla en entretenimiento no es humor: es una falta de respeto inaceptable hacia las víctimas y hacia todos nosotros. Exigimos el mínimo respeto para nuestra tragedia nacional.

Giuseppe Simoni. Sevilla

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