X, la hemeroteca incómoda de nuestra era
Hay algo de resistencia cívica si conservamos el archivo imperfecto y caótico de la historia del mundo a través de esa red social


Si tienen ustedes una cuenta en X y han compartido en ella algo que merezca la pena ser recordado, les sugiero que descarguen un archivo con todas sus publicaciones. Por ahora es posible hacerlo fácil y gratuitamente, algo que no está garantizado si pensamos en los bandazos estratégicos del dueño del chiringuito y su tendencia natural a fastidiar a las democracias europeas. Las publicaciones que dejamos en las redes sociales documentan nuestras vidas, pero también la de las sociedades en las que vivimos. Por esta razón será complicado que un historiador pueda analizar los vaivenes geoestrátegicos de la última década sin sumergirse en ese archivo inabarcable, global y disperso que constituyen las plataformas digitales.
Twitter fue, en sus inicios, una revolución para el periodismo y, en cierta forma, lo sigue siendo. Puso en nuestras manos la posibilidad de trabajar nuevas fuentes en todo el planeta, enriquecer nuestro conocimiento con expertos en la red, o informar en directo en momentos relevantes con sólo un teléfono móvil. Cuando la desinformación y los discursos de odio hicieron acto de presencia, X se convirtió en el escenario que un periodista debía observar para comprender la magnitud del tsunami que se nos veía encima. De la convicción de que era mucho mejor vivir aquella revolución desde dentro nacieron 67.000 publicaciones. La consulta reposada y con perspectiva de ese archivo construido en silencio ha resultado tan fructífera como todos los aprendizajes que fueron posibles mientras duró la era de la inocencia.
Dispuestos cronológicamente, como escenas de un libro de historia, los tuits de mi hemeroteca dibujan una escena que se repite periódicamente. En los grandes momentos de desorden en Occidente, la mano del mago de la desinformación, Vladimir Putin, nunca anda lejos. Ni antes ni ahora. En 2017, algunos medios anglosajones y franceses comenzaron a diseccionar las sofisticadas y silenciosas operaciones de injerencia que Rusia había llevado a cabo en procesos electores como las elecciones estadounidenses de 2016 que llevaron a Trump a la Casa Blanca. “La guerra rusa de la información remonta a la superficie, en múltiples formas y más fuerte que nunca en el espacio globalizado de Internet”, se alarmaba el diario Le Monde entonces. Europa hacía negocios con Putin mientras Rusia ya debilitaba por dentro a las sociedades europeas, explotando sus grietas con desinformación. Un error histórico de la UE, como expone en el interesante ensayo Les aveuglés (Editorial Stock) la periodista francesa Sylvie Kauffmann.
Avec @dossier_center, Le Monde révèle comment les renseignements russes ont recruté des faux manifestants anti-Ukraine dans des rassemblements à Paris, Bruxelles ou encore Madrid. https://t.co/rsTlnwgHXi
— Caroline Quevrain (@cquevrain) May 21, 2023
Seguimos avanzando en la hemeroteca y encontramos en 2017 el mea culpa de la Asamblea de la OTAN sobre el mismo asunto. Europa iba diez años por detrás de Rusia en el uso de información como arma de guerra, afirmaba en un informe. La OTAN se mostraba “aleatoria, dubitativa y descoordinada frente a esta amenaza”, fustigó la ponente, Jane Cordy. El entonces recién elegido Trump no puso especial empeño por combatir este peligro a pesar todas las evidencias aportadas por organismos oficiales y las investigaciones periodísticas.
Desde aquel momento, las pistas de la relación Trump-Putin se multiplican en el archivo y dibujan un escenario que presenta ahora más claros que oscuros. Putin y Trump han hecho del desgaste de Unión Europea un objetivo común y recurren a la misma arma, la desinformación, para desestabilizarla. Cada uno a su manera. La rusa es persistente y silenciosa, pensada para erosionar a largo plazo. La trumpista, estridente y cotidiana, convertida en un espectáculo global.
He only won in the eyes of the FAKE NEWS MEDIA. I concede NOTHING! We have a long way to go. This was a RIGGED ELECTION!
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) November 15, 2020
Los valores democráticos de Europa están amenazados, ahora lo sabemos. Me gusta pensar que hay algo de resistencia cívica si conservamos el archivo imperfecto y caótico de la historia del mundo a través de X. Al menos para recordar lo fácil que resulta no ver, o no querer ver, lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos.
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