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Columna
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Tiranos del año

Las autocracias no pueden compararse con las democracias liberales, pero al hacer balance es importante ver que las fronteras entre unos y otros sistemas se están desdibujando

Mujeres iraníes, y entre ellas una niña, sostienen retratos del ayatolá Ali Jamenei durante una reunión en Teherán.
Mujeres iraníes, y entre ellas una niña, sostienen retratos del ayatolá Ali Jamenei durante una reunión en Teherán.AFP
Ana Fuentes

Si pensamos en los líderes mundiales que han pisoteado más la libertad de expresión en 2022, la lista es larga. El ayatolá Alí Jamenei en Irán, el príncipe saudí Bin Salmán y el presidente ruso Vladímir Putin son algunos ejemplos que salen en la clasificación de la ONG británica Index on Censorship, que hasta el 9 de enero invita a votar al tirano del año. La pasada edición, el deshonroso primer puesto fue para el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que sigue haciendo méritos: su Gobierno acaba de reformar la ley para llevar a la cárcel a quien difunda información que el Gobierno considere falsa.

La campaña de seleccionar a los más sátrapas usa el humor negro para poner a los peores regímenes en el mapa. Resulta interesante que la misma organización también hable de represión y censura apuntando hacia casa. En otro informe detalla que la familia real británica, que ha recibido más de 86 millones de libras del Estado este año, controla celosamente su archivo oficial y esgrime razones absurdas para no abrirlo. Eso impide a los periodistas e historiadores hacer su trabajo; investigar, por ejemplo, el papel de la monarquía en el comercio de esclavos durante el Imperio. Muchos de esos papeles de interés público siguen clasificados.

Termina un año en el que las autocracias han ido a peor. En Bielorrusia, una de las mejores nadadoras olímpicas de la historia del país, en el exilio por oponerse a Lukashenko, acaba de ser condenada en ausencia a 12 años de cárcel. En Nicaragua, Daniel Ortega mantiene encerradas a todas las figuras de la oposición desde hace año y medio. Son regímenes crueles, que al disidente preso llegan a negarle un abogado o medicamentos. No pueden compararse con las democracias liberales, pero al hacer balance del año es importante ver que las fronteras entre unos y otros sistemas se están desdibujando. Según el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, la mitad de las democracias ha perdido calidad y algunas siguen ancladas en los años noventa.

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La artista francoiraní Marjane Satrapi opinaba el otro día que el garante de la libertad en el mundo hoy es Europa. Es cierto: no existe ningún lugar, salvo algún país de Asia Pacífico, que salvaguarde así el Estado de derecho y los valores universales. Sin embargo, es un referente con fallas, como hemos visto con el escándalo Qatargate. Que Qatar, Marruecos y Mauritania hayan sobornado a políticos y asistentes a cambio de influencia en el Parlamento Europeo deja a la Unión en un lugar muy vergonzoso. Ha quedado claro que las tiranías son hábiles y las instituciones democráticas, porosas. En los próximos meses se espera que vaya saliendo más información y Bruselas no tiene más remedio que estar a la altura. Primero, castigando a los corruptos y a los que corrompen. Y sobre todo probando su eficacia en un entorno en el que los tiranos ganan terreno. @anafuentesf

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Sobre la firma

Ana Fuentes
Periodista. Presenta el podcast 'Hoy en EL PAÍS' y colabora con A vivir que son dos días. Fue corresponsal en París, Pekín y Nueva York. Su libro Hablan los chinos (Penguin, 2012) ganó el Latino Book Awards de no ficción. Se licenció en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y la Sorbona de París, y es máster de Periodismo El País/UAM.

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