Columna
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O César o nada

Cuanto más se alargue la guerra de posiciones en el PP, más fácil será que la dirección se blinde

El presidente del PP, Pablo Casado, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, saludan a Isabel Díaz Ayuso en un desayuno organizado por el Fórum Europa, en junio de 2021.
El presidente del PP, Pablo Casado, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, saludan a Isabel Díaz Ayuso en un desayuno organizado por el Fórum Europa, en junio de 2021.Kike Para

Las conspiraciones internas en los partidos son frecuentes. No en vano, más de la mitad de los primeros ministros desde la II Guerra Mundial han caído por rebeliones de su partido, y no ajusticiados por los votantes. En el contexto español, eso sí, la resistencia es la tónica dominante siempre que se controle el aparato, algo que blinda incluso del veredicto de las urnas (al menos, un tiempo).

Una consecuencia de la crisis de representación en España ha sido generalizar sistemas de primarias incluso en el PP, aunque en esta formación sea sui generis. Esto, que en teoría iba encaminado a abrir los partidos, ha terminado haciendo de ellos estructuras verticales y sin contrapoderes. Ya no hay comités federales que valgan. Hoy un líder es más inexpugnable que nunca, y en el Partido Popular, que ya era muy presidencial desde la época de José María Aznar, dicha lógica todavía está más reforzada.

Las espadas siguen en alto entre la dirección nacional y la presidencia de la Comunidad de Madrid por el control del aparato autonómico. De nuevo, un aspecto clave para sobrevivir y, en el caso de Isabel Díaz Ayuso, tal vez optar a Génova 13. La tensión era indisimulada, pero el fracaso de la estrategia nacional en Castilla y León ha detonado una guerra a tumba abierta con el escándalo de espionajes y comisiones. Algo que genera un ruido que ahonda en la debilidad del PP justo cuando Vox, su principal adversario, tiene momentum.

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Es complicado que Ayuso no termine controlando el partido en Madrid merced de su victoria electoral de 2021 y con el concurso de sus poderosos apoyos externos. Expulsarla del partido podría acabar con una escisión y con el PP perdiendo su principal fuente de ingresos y poder, así que sus rivales no tienen la fuerza para matarla políticamente. Ahora bien ¿Puede esta batalla hacer que Pablo Casado pierda el control de su partido?

Hay que partir de que cualquier procedimiento para descabalgar al líder en una estructura tan vertical como la del PP es muy costoso y el ruido de un proceso interno tiende a erosionar las expectativas electorales. Por eso Ayuso necesita aliados fuera de su ámbito y aquí es donde el calendario conspira en su contra, demasiado pegado a Andalucía y el ciclo de 2023. O acumula masa crítica muy rápido o, cuanto más se alargue la guerra de posiciones, más fácil será que la dirección se blinde.

No debemos olvidar que cualquier organización es conservadora por definición, y un acuerdo, incluso con cambio de la dirección nacional, sería la salida más racional para el partido. Sin embargo, no hay ninguna duda de que Pablo Casado se lo juega todo a una bala. Si no es capaz de formar gobierno tras las próximas elecciones generales su carrera política llegará a su fin. El problema es que ha estado tan obsesionado con las consecuencias de errar el tiro que ahora debe pelear por el derecho a disparar.


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Sobre la firma

Pablo Simón

(Arnedo, 1985) es profesor de ciencias políticas de la Universidad Carlos III de Madrid. Doctor por la Universitat Pompeu Fabra, ha sido investigador postdoctoral en la Universidad Libre de Bruselas. Está especializado en sistemas de partidos, sistemas electorales, descentralización y participación política de los jóvenes.

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