Elecciones en Brasil
Columna
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Bolsonaro pone a Brasil de rodillas ante Putin

La visita a su par ruso en un momento de máxima tensión global es la enésima locura de un presidente al que incluso sus ministros intentan frenar

Los presidentes de Rusia y Brasil, durante la reunión de economías emergentes BRICS, en 2019 en Brasilia.
Los presidentes de Rusia y Brasil, durante la reunión de economías emergentes BRICS, en 2019 en Brasilia.SERGIO LIMA

El anuncio de una visita del presidente Bolsonaro a Vladímir Putin la próxima semana ha levantado la polémica tanto dentro como fuera del Gobierno brasileño. Se piensa que el encuentro en Moscú, en un momento de tensión en el que una guerra entre Rusia y Ucrania puede estallar en cualquier momento involucrando a Europa y el mundo, escapa de cualquier prudencia diplomática. Más aún cuando no existe ningún motivo para que Brasil participe de este encuentro, que solo servirá para poner al país de rodillas ante Putin.

La única razón de la visita es personal: Bolsonaro desea la fotografía con el presidente ruso para utilizarla en su campaña presidencial y refregársela en la cara al presidente de EE UU, Joe Biden, mientras agradece a Putin los elogios personales que le hizo en la última cumbre de las BRICS.

Según los expertos en política exterior, la visita de Bolsonaro a Moscú es una de tantas locuras a las que el mandatario brasileño tiene acostumbrado al país. Hasta el punto que no solo la oposición, sino también sus ministros más políticos, están intentando convencerle para que desista del viaje.

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Cuando Bolsonaro fue preguntado sobre si trataría con Putin el tema candente de la crisis con Ucrania, el presidente respondió que lo haría “solo si él se lo pide”. Lo que Bolsonaro intenta demostrar –sobre todo a Estados Unidos, donde perdió a su gran amigo Donald Trump– es que mantiene un vínculo fuerte con Rusia y tiene aliados en el exterior. Durante el viaje aprovechará para encontrarse con el líder de Hungría, el ultraderechista Víktor Orbán, con quien mantiene relaciones estrechas. Brasil va a necesitar años para reparar el desastre de su diplomacia actual, según afirman los expertos.

La prensa brasileña ha titulado el viaje de Bolsonaro a Moscú en este momento de tensión como quien cae “de rodillas ante el Kremlin”. Y lo peor de la polémica visita es que el presidente pretende usarla para fortalecer su campaña de reelección para octubre próximo. Sus posibilidades se agotan cada día. Según los últimos sondeos, el mandatario perdería las presidenciales en primera vuelta.

En ese contexto, Bolsonaro quiere agradecer a Putin los elogios que le hizo como “ejemplo” de gestión de la pandemia, lo que parece una burla ante la realidad de los hechos, así como los elogios relativos a su “masculinidad”. “Usted ha demostrado las mejores cualidades masculinas como el coraje y la voluntad”, le dijo Putin al brasileño. Nada podía sonar mejor a los oídos de Bolsonaro, cuya homofobia no solo es conocida sino fomentada por él mismo. En lo peor de la pandemia, el presidente afirmó que quienes se quedaban en casa por miedo a contagiarse eran “unos maricas”.

La homofobia y la misoginia del capitán son conocidas desde que era un oscuro diputado. En su momento dijo que su quinta hija le había salido mujer porque él “se distrajo”, y que hubiera preferido que ella también fuera varón. A veces me pregunto qué pensará en el futuro esa niña de 11 años sobre su padre. Con relación a su homofobia basta con recordar el día en que admitió que antes de ver llegar a su hijo “del brazo de un bigotudo” preferiría verlo muerto bajo las ruedas de un camión.

Lo más triste para Brasil, un país que en algún momento jugó parte importante del ajedrez global, es tener al frente a un presidente que se achica en la política exterior hasta un punto grotesco que ofende al país. De nada le sirve a Bolsonaro que hasta los suyos estén intentando convencerle del peligro de la visita a Putin.

En tres años de Gobierno, Bolsonaro ha ignorado olímpicamente a Europa, cuyos países ni siquiera ha visitado. El presidente brasileño vive encerrado en su estrecho mundo creado a partir de sus odios y de su sueño de que un golpe militar le permita eternizarse en el poder. Querría ser un Trump, al que ama; o ser un nuevo Putin, de quien envidia su mito de masculinidad.

La palabra que mas usó Bolsonaro cuando era diputado es “macho”. Ha llegado a afirmar que su mujer lo considera “el macho de los machos” y sin el menor pudor ha revelado que él es imbroxavel, es decir que nunca falla sexualmente.

Si Bolsonaro se encuentra con Putin en los próximos días, será interesante saber de qué conversarán, ya que el drama de una posible guerra con Ucrania tiene al mundo en vilo, pero parece que poco les importa. Aunque Bolsonaro ha afirmado más de una vez que las armas con las que dice dormir a su lado han sido su mejor talismán. Las ama con tal pasión que ha legislado que hoy todos los brasileños puedan poseer hasta seis armas para legítima defensa. Un tema sobre el que, sin duda, podrá conversar a sus anchas con el líder ruso.

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