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Columna
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Moro llegó y desbarató el juego, pero Lula sigue siendo Lula

El exjuez Moro llega derrotado ante su condenado, que consiguió resurgir de las cenizas tras las investigaciones por el caso Lava Jato

El exjuez brasileño Sérgio Moro habla durante una reunión con simpatizantes, en Brasilia el 10 de noviembre.
El exjuez brasileño Sérgio Moro habla durante una reunión con simpatizantes, en Brasilia el 10 de noviembre.Joédson Alves (EFE)

Imaginen la siguiente escena: alrededor de una mesa doce personas disputan un juego de cartas. Cada uno hace sus cálculos para ganar la partida. De repente entra un nuevo personaje que también quiere jugar y desbarata las cartas de los otros jugadores que ya habían ajustado sus apuestas. Y se crea una confusión. Es eso lo que ha ocurrido con el juego complejo de las presidenciales brasileñas con la entrada repentina del exjuez de la Lava Jato, Sérgio Moro.

Los que habían anunciado ya su deseo de participar a la contienda electoral, con sus cartas en la mano, hacían planes y cálculos para intentar ganar el juego. Está claro quiénes eran: el presidente Bolsonaro y el expresidente Lula en una clara polarización de dos mitos a las antípodas del juego político y otros diez jugadores llamados de tercera vía o alternativa a la fuerte polarización entre los dos mitos populistas.

De repente se presentó en escena el fantasma del controvertido juez Moro que remueve todas las apuestas ya en juego y crea una confusión ya que de algún modo desbarata el juego ya en marcha. Ahora que Moro ha declarado que también él quiere jugar y disputar el trono político la pregunta evidente que tantos se hacen es qué efectos concretos puede producir la llegada del nuevo contrincante: ¿Ayudará al mito Bolsonaro de cuyo Gobierno ya hizo parte como ministro de Justicia? ¿O al carismático Lula a quien había ganado la batalla judicial arrastrándolo a la cárcel y después perdiendo de nuevo con él en una compleja jugada judicial en el Supremo?

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¿O ayudará la entrada de Moro en el juego al equipo de la tercera vía que intenta quebrar la polarización entre los dos favoritos indiscutibles hasta ahora según todos los sondeos? Por el momento si se confirma la candidatura de Moro a la presidencia lo único cierto es que en vez de reforzar la tercera vía lo que ha hecho es confundir aún más las cartas del juego a todos, aunque quizás menos que a nadie a su enemigo judicial, Lula.

Moro podrá arrancar votos a Bolsonaro que de amigo y ministro suyo pasó a ser su adversario político. Ahora, los desilusionados del capitán por su incapacidad de gobernar y por sus extremismos y sueños golpistas, votantes de la derecha liberal, de las clases más altas y del mundo de las finanzas que nunca votarían a la izquierda podrían encontrar en el exjuez y su credo derechista liberal pero sin las estridencias del bolsonarismo, como una apuesta confiable. La duda es como el pueblo simples, del Nordeste, que necesitan comer verán al exjuez Moro. ¿Se identifican con su discurso? ¿Se ven el él?

Quien paradójicamente podría salir ganando con el terremoto de Moro, es justamente Lula. Sus seguidores que hoy aparecen como los más numerosos capaces de darle la victoria ya en la primera vuelta contra Bolsonaro ninguno dará ni medio voto al exjuez que aplastó al líder de la derecha con sus procesos contra él.

Quienes hoy de la derecha se sienten arrepentidos de haber votado al capitán es más fácil que quieran apostar, al revés, por el conservador Moro al que ven menos peligroso y más preparado intelectualmente que el hoy extravagante e incapaz de gobernar, Bolsonaro. Y ello indirectamente ayuda a Lula a debilitar a su mayor contrincante.

Pero es justamente a la tercera vía a la que la llegada de Moro crea mayores dolores de cabeza. Para esa decena de candidatos que no acaban de encontrar entre ellos un líder, la llegada de Moro en vez de fortalecerla la pulveriza aún más y por extraño que parezca la entrada del nuevo socio les va a acarrear más confusión que cohesión.

Quien conoce de cerca a Moro y sus ambiciones exorbitadas sabe muy bien que si ha entrado en el juego y lo ha puesto patas arriba no es para perder sino para apoderarse de la baraja e intentar ganar la partida. Difícilmente aceptará ser el vice de alguno de los candidatos de la tercera vía. Probará a vencerles. De ahí el que hasta ahora y después de su primer discurso en la filiación a Podemos, los otros candidatos, cuya mayoría no se presentó al acto, verán con ojos aguzados los pasos siguientes del intruso que llegó a la arena del juego no como uno más sino con la intención disfrazada de humildad de apostar en la victoria.

Si se confirman la candidaturas a las presidenciales de Lula y Moro hay pocas dudas que una de las grandes atracciones serán los debates en radio y televisión en los que deberán enfrentarse los dos candidatos. Bolsonaro no cuenta pues buscará una excusa para evitar dichos debates como ocurrió en las que fue elegido a las que el aún misterioso atentado contra él lo liberó de la pelea.

Un debate entre Lula y Moro estará llenos de simbolismos. Esta vez no serán el juez y el acusado frente a frente, como ocurrió en los procesos de la Lava Jato. Serán dos candidatos a intentar conquistar el gobierno de la nación. Moro llega ya derrotado ante su condenado que consiguió resurgir de las cenizas de sus condenas.

Es una historia por todos conocida el duelo judicial entre el expresidente Lula y Moro en la que el exsindicalista ha acabado ganándole la batalla al juez implacable que acabó llevándole a la cárcel.

Moro es mas estilo nórdico, Lula es mas tropical. El juez es hielo, y el expresidente es todo fuego.

Lula está considerado uno de los políticos con mayor carisma y facilidad de palabra. Puede improvisar horas sin leer. Posee una dramaturgia natural que lo hace crecer con la polémica. Moro, como él mismo ha confesado en su discurso no tiene voz, le es difícil la oratoria, es más académico que político. Le cuesta improvisar.

Moro se parece en su carácter y en su forma de dirigirse al público a un europeo nórdico que da una clase a sus alumnos. No es hombre de arrebatos emocionales. A Lula no le importa hablar llorando. Habla al corazón más que al cerebro. Al revés, Moro está más a gusto en la figura del profesor en una lección en la universidad. Son agua y vino

Moro, en la justicia o en el política será siempre el Moro enigmático, frío y peligroso al que no le gusta perder. Lula seguirá siendo Lula, el ave Fénix que acaba siempre resurgiendo de las cenizas de sus desventuras.

El juego está abierto. Hagan sus apuestas.

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