Editorial
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Retrocesos balcánicos

El expansionismo serbio aprovecha el actual desorden internacional para generar tensiones en Bosnia-Herzegovina

Un hombre reza entre lápidas en Potocari, cerca de Srebrenica (Bosnia), en julio de 2020, durante el 25º aniversario de la matanza de 8.000 musulmanes.
Un hombre reza entre lápidas en Potocari, cerca de Srebrenica (Bosnia), en julio de 2020, durante el 25º aniversario de la matanza de 8.000 musulmanes.Kemal Softic (AP)

La paz se halla de nuevo en peligro en los Balcanes, y más concretamente en Bosnia-Herzegovina, la república surgida de los acuerdos de Dayton de 1995, una difícil federación de dos entidades, una serbobosnia y otra compartida por musulmanes y croatas, bajo la tutela de la Unión Europea y de Naciones Unidas. Pocas cosas han cambiado en la mentalidad del nacionalismo étnico que condujo a la guerra y a la disolución de la extinta Yugoslavia, especialmente por parte del derrotado expansionismo serbio, pero ha sido precisamente el creciente desorden internacional el que ha favorecido el actual bloqueo institucional y separatista protagonizado por los dirigentes de la república serbobosnia, apoyados por Rusia y China en sus pretensiones de destruir la entidad constituida hace 26 años para engrosar una Serbia étnicamente homogénea.

El origen del actual rebrote se halla en la persistente negación por las autoridades serbobosnias del genocidio y concretamente de la matanza de Srebrenica de 1995, en la que el Ejército serbio asesinó a más de 8.000 musulmanes, y en la exaltación pública de los criminales de guerra condenados en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. La chispa ha saltado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cuando Rusia y China han vetado al alimón la presentación del primer informe semestral de Christian Schmidt, el exministro alemán designado como nuevo alto representante internacional para Bosnia y Herzegovina desde el 1 de agosto, en el que se señala el peligro de nuevas tensiones étnicas y las responsabilidades de los dirigentes serbobosnios: rechazan la reforma del Código Penal que castiga a quienes nieguen o justifiquen las matanzas y delitos de lesa humanidad y también la autoridad y los poderes legislativo y ejecutivo del alto representante.

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El principal responsable de la crisis es el presidente serbobosnio, Milorad Dodik, inicialmente un nacionalista moderado, que ha protagonizado una deriva radical a medida que ha ido ascendiendo en su carrera política. Dodik organizó en 2009 el homenaje de recibimiento, al estilo de los ongi etorri de Bildu, a Biljana Plavsic, la dirigente condenada en La Haya por crímenes contra la humanidad a su regreso de la cárcel sueca donde cumplía condena. También reivindica el derecho de autodeterminación y la celebración de un referéndum de independencia, que precedería a la división de Bosnia-Herzegovina y la anexión por parte de Serbia.

La integración en la Unión Europea, de la que ya forman parte Eslovenia y Croacia, es el horizonte natural de todos los países balcánicos, pero el nacionalismo étnico serbio todavía no ha comprendido que el reconocimiento de los crímenes de guerra y de las responsabilidades por el genocidio, aunque no se halle inscrito como obligación en los tratados, es parte indisoluble de la identidad política y moral europea, al igual que lo es el reconocimiento del Holocausto perpetrado por los nazis, auténtico billete de entrada en Europa, según escribió el intelectual e historiador ya fallecido Tony Judt en su célebre Postguerra.

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