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Observando la cumbre desde el suelo

La COP26 solo tendrá éxito si los negociadores huelen la sangre y las cenizas de una Amazonia cerca del fin

Bel Juruna exigiendo la atención de la representante de la empresa minera canadiense Belo Sun en marzo de 2017.
Bel Juruna exigiendo la atención de la representante de la empresa minera canadiense Belo Sun en marzo de 2017.Lilo Clareto

Es curioso observar el inicio de la Cumbre del Clima de Glasgow desde el suelo. Vivo cerca de una de las regiones con más biodiversidad de la Amazonia y la hidroeléctrica de Belo Monte, divulgada como la cuarta mayor del mundo, la está secando. La Vuelta Grande del Xingú cuenta con especies endémicas, pueblos indígenas, comunidades ribereñas y campesinos agroecológicos. Norte Energía, la empresa propietaria de la hidroeléctrica, controla parte del agua de uno de los mayores ríos de la Amazonia. Y ha decidido que un trozo de la selva puede morir. En este mismo recodo de 120 kilómetros de biodiversidad, una empresa minera del país del bueno de Justin Trudeau, la canadiense Belo Sun Mining, presiona para construir lo que llama “la mayor mina de oro a cielo abierto” de Brasil. Cualquiera que haya visto la imagen típica de Río de Janeiro, en la que aparece una montaña, que llamamos Pan de Azúcar, rodeada de un paisaje paradisíaco, sabrá que los montones de residuos tóxicos que dejará Belo Sun sumarán el doble del tamaño del Pan de Azúcar. Estas montañas de material químicamente activo se depositarán en una falla geológica.

Un análisis independiente realizado por Steven H. Emerman, uno de los más respetados especialistas en impactos de este tipo de proyectos, ha demostrado que, si la presa de residuos se rompiera, inundaría de inmediato 41 kilómetros, con lo que arrasaría la tierra indígena del pueblo arara, y, en el peor de los casos, cubriría 98 kilómetros del río Xingú. Después, los residuos tóxicos, que contienen antimonio, cianuro y mercurio llegarían al río Amazonas y al océano Atlántico.

Mientras se celebra la COP26, los líderes indígenas de la Vuelta Grande del Xingú sufren un proceso de cooptación por parte de Belo Sun Mining, las comunidades ribereñas viven una crisis humanitaria de hambre, porque la región se está secando y los pescadores ya no pueden pescar, y el principal líder campesino de la región, Erasmo Theofilo, se esconde con su familia para evitar que lo asesinen los grileiros (ladrones de tierras públicas), otro vector de destrucción de la Amazonia.

Este mes, el órgano federal del medio ambiente, ahora bajo el poder de Jair Bolsonaro, decide si le renueva la licencia para operar a la hidroeléctrica de Belo Monte. Es fácil adivinar cuál será la decisión, a pesar del ecocidio en curso. La mina de oro de la canadiense Belo Sun Mining depende de la decisión del gobernador del Estado de Pará, Helder Barbalho, que recorre la COP26 intentando convencer a los inversores internacionales de que es un gobernante “verde”.

Es un buen momento para que los periodistas le pregunten por la Vuelta Grande del Xingú. También es un buen momento para pedirle explicaciones a Trudeau sobre las acciones predatorias de las empresas canadienses en la Amazonia y otros enclaves naturales del planeta. Hay varios líderes de la selva en Glasgow dispuestos a dar su testimonio. El futuro del planeta depende de que encuentren oídos.

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