UNA GENERACIÓN EN BUSCA DE FUTURO
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

¡Qué estafa!

Participé de ese optimismo insensato que nos llevó a deducir que nuestros hijos tendrían un futuro a la altura de la infancia que les estábamos haciendo disfrutar

Un hombre joven mira su móvil mientras espera a la puerta de una oficina de empleo en Valencia.
Un hombre joven mira su móvil mientras espera a la puerta de una oficina de empleo en Valencia.Rober Solsona (Europa Press)

El viejo Haro Tecglen solía rubricar sus columnas con esta expresión: “¡Qué estafa!”. Estafa, la invasión de Irak; estafa, los incumplimientos socialdemócratas o los abusos de lo que entonces se llamaba derechona; estafa de la misma vida, que siempre reduce los sueños. En justa correspondencia yo debería dedicarle este artículo que trata de dar cuenta de una estafa en toda regla, la que llevan padeciendo los nacidos en los ochenta y noventa cuando la crisis económica de 2008 los despertó sin miramientos de la mejor infancia de la historia. Fueron sin duda unas criaturas mimadas. Sus padres y madres, a cuya generación pertenezco, aún habíamos crecido sometidos a la austeridad que tanto marcó a nuestros progenitores. Pero los niños de esas dos décadas de burbujas engañosas no solo disfrutaron del bien material sino de una educación relajada y tolerante en la que creíamos quienes nos habíamos hecho adultos al calor de las nuevas libertades democráticas. Escribo generalizando, como no puede ser de otra manera, pero participé de ese optimismo insensato que nos llevó a deducir que nuestros hijos tendrían un futuro a la altura de la infancia que les estábamos haciendo disfrutar. Aquellas madres que nos agolpábamos a la salida de la escuela y que compartíamos unas cañas y el paquete de Fortuna participábamos de esa sensación.

Vivir en la creencia de que tus hijos alcanzarán al menos tu bienestar no estaba escrito en ninguna parte, pero eso no significa que no hablemos de una gran estafa social. No es que de aquel 2008 a este 2021 haya saltado la juventud de una crisis a otra, como en el juego de la Oca, es que un porcentaje elevadísimo de ellos ha moldeado progresivamente su vida forzado por una precariedad creciente que permite el abuso laboral, que no se ve aliviada por un sistema impositivo justo, que exige, como señala Remedios Zafra, la exhibición de un entusiasmo para no verse expulsados del mercado laboral. No todos pueden vivir en la ilusión del teletrabajo, no todos sueñan con un retorno al campo porque muchos se criaron en barrios urbanos y sienten apego por ellos, pero la inseguridad laboral les hace replantearse un futuro que nunca han visto más incierto.

Los padres y las madres estamos ahí. La prensa internacional glosó en la anterior crisis el papel del tutelaje familiar en España que salvó tantas situaciones críticas. Pero la subordinación económica de los hijos los perpetúa en una eterna juventud, falsa cuando se sobrepasan los treinta. Esa dependencia, aunque sea leve, les hace menos libres a la hora de tomar decisiones sin rendir cuentas. Seguimos velando por ellos, los tenemos en permanente tutoría, es una falsa juventud en prácticas. Nos olvidamos de que a su edad muchos de nosotros estábamos dirigiendo, mandando, liderando, equivocándonos, marcando territorio. No solamente les debemos empleo y sueldo dignos, debemos de una vez por todas permitirles que tomen las riendas. No vaya a ser que aquellos jóvenes impulsores de la democracia sean a su vez los que se afanen en perpetuarse en el poder. Mal final es ese.


Capítulo 1. La brecha generacional
Testimonios | “La vida me va con retraso”
Reportaje | José Ramón persigue la vida de sus padres
Podcast | “El futuro es una sombra”
Datos | El grupo de edad con más pobres en España
Editorial | El derecho de los jóvenes al porvenir
Opinión | ‘La edad de hielo’ por Elena Medel
TODA LA SERIE | Una generación en busca de futuro

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Sobre la firma

Elvira Lindo

Es escritora y guionista. Trabajó en RNE toda la década de los 80. Ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por 'Los Trapos Sucios' y el Biblioteca Breve por 'Una palabra tuya'. Otras novelas suyas son: 'Lo que me queda por vivir' y 'A corazón abierto'. Colabora en EL PAÍS y la Cadena SER. Es presidenta del Patronato de la BNE.

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