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El fiasco de AstraZeneca… y de otros

El maremágnum de noticias sobre la vacuna anglosueca origina la desconfianza en ese fármaco

Una enfermera prepara una dosis de vacuna de AstraZeneca el pasado día 25 en Belgrado.
Una enfermera prepara una dosis de vacuna de AstraZeneca el pasado día 25 en Belgrado.MARKO DJURICA / Reuters

La vacuna de AstraZeneca concentra una maraña de quejas de Bruselas por retrasos en los suministros, ataques a la UE, tensiones con Londres, interrupciones de administración y batallas comerciales. Como consecuencia, la desconfianza ciudadana se ha disparado: el 52% de los españoles considera inseguro el medicamento. El papel de los medios es clave en este maremágnum. EL PAÍS ha reflejado puntualmente los hechos, pero algunos lectores creen que se le ha ido la mano en contra del productor anglosueco del suero al hablar de “el fiasco de AstraZeneca”.

El periódico ha dedicado decenas de informaciones a esta polémica. Para Domingo Almendros, “con dosis de sensacionalismo, como se ha visto al final”. Alude el lector al hecho de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aclaró el día 18 que esa vacuna es “segura y eficaz”. Antes, 16 países europeos habían suspendido su administración ante la leve sospecha de que podía causar trombos.

Los vaivenes sobre AstraZeneca han salido una docena de veces en la portada de la edición impresa, pero no para detalles morbosos como esos trombos bajo sospecha, sino para contar los problemas de suministro (30 de enero), los límites de edad para recibir el suero (5 y 6 de febrero y 23 de marzo), la suspensión de su administración (13 de marzo), la reactivación de las inoculaciones (19 de marzo), errores en ensayos denunciados en EE UU (miércoles pasado), el hallazgo de 29 millones de vacunas en un almacén de Italia (jueves) o la revisión del plan europeo de vacunación (viernes).

Además, el periódico se ha posicionado en contra de paralizar las inyecciones. Sanidad, la Agencia Europea del Medicamento y la OMS subrayan la seguridad del fármaco, decía una información del día 13. El editorial Confianza en las vacunas destacaba el 19: “La administración debe reanudarse pronto y la ciudadanía, recibirlas sin dudas”. Además, Javier Sampedro arremetió contra el inoportuno parón en dos análisis: Un dominó irracional retrasa la campaña, el 17 de marzo, y El principio de precaución no es un principio, dos días después.

Por tanto, no hay sensacionalismo. No obstante, ha sido otro titular en portada el que ha levantado quejas más discutibles. Es este, del día 21: El fiasco de AstraZeneca pone en peligro el éxito de la vacunación de la UE. Habían pasado tres días del dictamen de la EMA (“segura y eficaz”), pero en el texto de esa primera página se citaban aún los “efectos secundarios detectados” entre “la sucesión de fiascos de la vacuna”.

Esa alusión molestó a lectores como Luis Garbayo: “¿Quién siembra la desconfianza en la opinión pública?”. Y a Graham Turner: “‘La sucesión de fiascos’ ¿Cuáles? ‘Los efectos secundarios detectados’ ¿Cuáles son? Cuando en la población aspiramos a ser vacunados, ¿es una portada responsable?”

La referencia a esos “efectos secundarios detectados” no se correspondía exactamente con el cuerpo de la noticia en páginas interiores, donde se hacía una mención más prudente a “las dudas surgidas en torno a sus efectos secundarios”.

La subdirectora Maribel Marín comenta: “Todas las vacunas tienen efectos secundarios, lo cual no obsta para que sean seguras y efectivas, como hemos destacado sobre la de AstraZeneca en diversas informaciones. Lo hicimos de manera muy destacada el pasado día 18 en la información titulada La EMA asegura que la vacuna de AstraZeneca es “efectiva y segura, pero no descarta riesgos aislados.

A la vista de lo ocurrido, parece admisible el uso de “fiasco” en ese titular que critican Garbayo y Turner. El término lo define así la Real Academia Española (RAE): “Fracaso, decepción”. Una enorme decepción ha sido y es el incumplimiento de los compromisos de suministro de AstraZeneca con Europa.

Bernardo de Miguel, delegado de EL PAÍS en Bruselas, ha publicado varias informaciones al respecto —incluida las del “fiasco”, en este caso con Guillermo Abril— y recuerda que la firma anglosueca solo prevé entregar a la UE en este semestre 100 de los 300 millones de dosis comprometidos. “Al fiasco”, recuerda De Miguel, “han contribuido también las dudas sobre la eficacia y seguridad de las vacunas, alentadas por los vaivenes de las autoridades de varios Estados de la UE”.

La responsabilidad del fiasco es, en efecto, compartida. También por Bruselas, que tardó en firmar contratos y validar las vacunas. El economista Paul Krugman cargaba hace una semana las tintas contra la UE y le imputaba casi en exclusiva lo mismo —“fiasco”— en su columna Vacunas, un desastre muy europeo.

Por todo ello, el fiasco es “de” AstraZeneca, más que de nadie, pero no solo. Tiene importantes compañías en esta cadena de tropiezos.

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