La revolución o un selfi
Los acontecimientos del Capitolio nos recuerdan que la retórica que llama a recuperar una grandeza perdida y se presenta como voz unánime del pueblo acaba en el ridículo y la sangre


Saul Bellow tomó de Wyndham Lewis la expresión the moronic inferno, el infierno imbécil, y el sintagma parecía apropiado para describir el asalto al Capitolio por una turba incitada por Trump. Era, como ha escrito Alexander Stille, esperpéntico y previsible: el mundo de la telebasura y la conspiranoia de Internet interfiriendo en el traspaso pacífico del poder. La liturgia de la democracia estadounidense es la liturgia de la democracia liberal. Esa insurrección violenta, relativamente organizada y a la vez carente de propósito, era también una profanación.
“Os queremos, sois muy especiales”, dijo a sus seguidores Trump, que llevaba semanas difundiendo mentiras sobre un fraude electoral y que después ha dado un discurso donde parece retroceder, quizá por temor a las consecuencias legales. Los líderes populistas, escribía Yuval Levin, caen a menudo en la tentación de elevar y defender agravios imaginarios e ignorar asuntos que reflejan dificultades reales de la sociedad. Se les da mejor obtener el poder que usarlo: gobernar consiste en tratar con la realidad. “Muchos de los fracasos de la Administración Trump pueden verse como formas de elegir la fantasía sobre la realidad: no utilizar el poder a su disposición de manera constructiva, sino emplearlo de una forma destructiva o corrosiva”, escribía. Su disonancia pueril la compartían numerosos republicanos y sus seguidores: iban a hacer la revolución o un selfi. El asalto fue un asombroso fracaso de orden público y una fuente de descrédito, pero las instituciones han resistido. Podemos repasar algunas lecciones: el peligro de las palabras y dirigentes irresponsables, las graves consecuencias de la frivolidad política, la importancia de que las fuerzas moderadas aguanten y el riesgo de cooptación o superación por parte de los extremistas.
Aunque todos hemos puesto el espejo y solo vemos al adversario, sirve de advertencia: Abascal ha hablado de Gobierno ilegítimo; Vox admira el discurso racista y paranoico de la ultraderecha estadounidense; Iglesias, Errejón y Garzón apoyaron un intento de rodear el Parlamento contra un Gobierno designado como ilegítimo, líderes independentistas violaron la Constitución y azuzaron disturbios. Los acontecimientos del Capitolio nos recuerdan que la ley común es la línea básica de defensa ciudadana, y que la retórica que llama a recuperar una grandeza perdida y se presenta como voz unánime del pueblo acaba en el ridículo y la sangre. @gascondaniel


























































