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Trump ultima la mayor andanada de su guerra comercial con el mundo en vilo

La ronda de aranceles que el presidente de Estados Unidos planea anunciar o imponer el 2 de abril golpeará la economía global

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Trump: "Seremos generosos con Asia”
Donald Trump rodeado de periodistas en el Air Force One, este domingo.Foto: Donald Trump rodeado de periodistas en el Air Force One, este domingo. | Vídeo: EPV
Miguel Jiménez

“The Big One” es la fórmula que se usa para denominar a un terremoto catastrófico que podría ocurrir en California. “The Big One” es también como ha llamado Donald Trump a la ronda de aranceles que planea anunciar o imponer este 2 de abril. La mayor andanada de la guerra comercial declarada por el presidente de Estados Unidos contra el mundo supondrá un terremoto para la economía mundial de magnitud desconocida y consecuencias imprevisibles. Todo el mundo espera en vilo el nuevo movimiento, empezando por los principales socios comerciales de Estados Unidos, entre ellos la Unión Europea, México, Canadá, China, Japón, India y Corea del Sur.

La guerra comercial de Trump amenaza con poner patas arriba el orden económico nacido de los acuerdos de Bretton Woods hacia el final de la II Guerra Mundial. Al hacer saltar por los aires las reglas que han regido durante décadas el comercio internacional, Trump desencadena la escalada proteccionista más acusada desde la que contribuyó a agravar la Gran Depresión en la década de 1930. El nuevo escenario, con las más que probables represalias de los países afectados, lastrará el crecimiento económico y avivará la inflación, pero también amenaza con elevar las tensiones geopolíticas.

Trump ha denominado al 2 de abril el “Día de la Liberación”. En su falsa narrativa, todos los países han estado aprovechándose de Estados Unidos y llega el momento de la venganza. “Durante DÉCADAS, todas las naciones del mundo, tanto amigas como enemigas, nos han estafado y maltratado. Ahora, por fin, es hora de que los buenos y viejos Estados Unidos RECUPEREN parte de ese DINERO y RESPETO”, escribió sobre sus planes en Truth, su red social.

El presidente se refiere como con nostalgia a la época del siglo XIX en que Estados Unidos tenía aranceles altos y la presenta como la más próspera para el país. Quiere dejar huella con su proteccionismo (”arancel es la palabra más bonita del diccionario”, dijo en campaña) y algunos de sus aliados hasta se han planteado convertir para el futuro el 2 de abril en un día festivo en conmemoración del brusco giro a la política económica y comercial que quiere dar ese día.

Donald Trump baja las escaleras del Air Force One a su llegada a la Base Aérea de Andrews, este domingo.

“Aranceles recíprocos”

El plato principal del menú del miércoles es lo que Trump llama aranceles “recíprocos”, que no lo son en absoluto. La semana pasada, acaso asustado por el efecto que están teniendo sobre los mercados y la economía incluso antes de su aprobación, trató de restarles importancia. “Vamos a ser muy indulgentes”, dijo el miércoles en el Despacho Oval. “Creo que la gente se va a sorprender mucho. En muchos casos, será inferior al arancel que nos han estado cobrando durante décadas. Otros países no nos han tratado bien, pero nosotros vamos a ser amables. Así que creo que la gente se llevará una grata sorpresa”, añadió.

Este domingo insistió en ese mensaje: “Los aranceles serán mucho más generosos de lo que esos países fueron con nosotros, lo que significa que serán más amables de lo que esos países fueron con los Estados Unidos de América durante décadas. Nos estafaron como nunca se ha estafado a ningún país en la historia y vamos a ser mucho más amables de lo que ellos fueron con nosotros. Pero, a pesar de todo, es un dinero importante para el país”, dijo este domingo a bordo del Air Force One, el avión presidencial, en el que señaló que se anunciarán aranceles para prácticamente todos los países.

No está claro si habrá una aplicación inmediata. “Lo que va a pasar el 2 de abril es que cada país recibirá un número que creemos que representa sus aranceles. Así que, para algunos países, podría ser bastante bajo. Para otros, podría ser bastante alto”, dijo este mes el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en la cadena Fox. Bessent añadió que algunos aranceles “pueden no tener que aplicarse porque haya un acuerdo prenegociado”. En otros casos, cabe la posibilidad de que una vez que un país sepa los aranceles a recibir, “quiera negociar una reducción”.

Para los principales socios comerciales, con los que Estados Unidos tiene un mayor déficit y que Washington considera que juegan sucio con sus prácticas comerciales, cabe la posibilidad de una entrada en vigor rápida. “Hay lo que llamaríamos los 15 sucios, y tienen aranceles sustanciales”, dijo Bessent. “Es el 15% de los países, pero es una gran parte de nuestro volumen de intercambios”, explicó. “Y tienen aranceles sustanciales, y tan importantes como el arancel, algunas barreras no arancelarias”, argumentó.

China, la Unión Europea, México, Vietnam, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Canadá, India, Tailandia, Suiza y Malasia son los países o bloques con los que Estados Unidos tiene un mayor déficit comercial. Aparecen como los más amenazados, al margen del nivel de sus aranceles a los productos estadounidenses. Cada uno prepara sus represalias o su estrategia de negociación.

Por momentos, Trump ha parecido ir de farol. Ha usado las amenazas arancelarias como herramienta de chantaje o presión, pero en gran medida su discurso apunta a una querencia por muros permanentes. Stephen Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, fue estratega de la firma Hudson Bay Capital y como tal escribió una Guía del usuario para la reestructuración del sistema de comercio mundial que se ha convertido en lectura obligada. “Podemos estar en la antesala de un cambio generacional en los sistemas financieros y de comercio internacional”, decía. Entre sus tesis está que la fortaleza del dólar ha exacerbado el déficit comercial de Estados Unidos y degradado su base industrial y que los aranceles unilaterales y la guerra comercial pueden ser una forma de recomponer el sistema, incluso obligando a decenas de países a aumentar el valor de sus monedas.

Coches de importación en Industry (California).

Trump plantea objetivos para sus aranceles que no son del todo compatibles entre sí. Por un lado, espera recaudar cifras astronómicas con ellos (su ensoñación es que sustituyan a los impuestos sobre la renta, lo que parece inviable, pese a que su asesor Peter Navarro haya dicho este fin de semana que generarán 600.000 millones de dólares anuales); por otro, quiere que impulsen la producción nacional. Al tiempo, minimiza las subidas de precios. Pero para que los aranceles incentiven la sustitución de importaciones, los precios tienen que subir. Y si la producción nacional se dispara y decaen las importaciones, entonces no habrá grandes cantidades a recaudar. Además, deben ser percibidos como permanentes.

“Dados los costes de trasladar la producción a Estados Unidos (principalmente, construcción y mano de obra), es posible que muchos fabricantes decidan que es más barato mantener las instalaciones de producción donde están y solo absorber el arancel dentro de los costes operativos”, opina James Knightley, economista jefe internacional de ING en Nueva York. “Además, algunos fabricantes pueden considerar que, con el tiempo, existe la posibilidad de que se alcancen acuerdos entre Estados Unidos y los socios comerciales, con la posibilidad de que se reduzcan los aranceles. Otros pueden ser más atrevidos y creer que, cuando el mandato de Trump termine en poco menos de cuatro años, un nuevo presidente puede adoptar una visión diferente sobre la eficacia de los aranceles comerciales y que estos se eliminen”, añade. Concluye que las relocalizaciones se centrarán en sectores de alto valor añadido, que representan entre el 10% y el 15% de las importaciones de Estados Unidos.

Esta semana también es clave para otros gravámenes. En teoría, está previsto que el 2 de abril también deben empezar a aplicarse aranceles del 25% a las importaciones procedentes de México y Canadá (el 10% para el caso de los productos energéticos canadienses). Desde el 2 de abril, asimismo, el secretario de Estado, Marco Rubio, tiene el poder para imponer a su discreción aranceles del 25% a los países que compren petróleo a Venezuela, entre ellos España. El 3 de abril, mientras, entran en vigor los aranceles del 25% a los vehículos de pasajeros ligeros (coches, monovolúmenes, crossovers, minivans, furgonetas de carga) y sus componentes (motores, transmisiones, piezas, componentes eléctricos...) importados de todo el mundo que Trump anunció la semana pasada. Aun así, con Trump siempre hay margen para la sorpresa y los giros de guion.

Trump ya ha decretado aranceles del 20% a los productos chinos (aunque tuvo que rectificar y dejar exentos la mayor parte de los envíos por la incapacidad para procesarlos). También ha impuesto aranceles del 25% a una parte de las importaciones de México y Canadá (las que no se ajusten a la normativa del actual tratado de libre comercio entre los tres países) y está aplicando aranceles del 25% al aluminio y al acero procedente de todo el mundo. En cartera tiene también aranceles a los productos farmacéuticos, los microprocesadores, la madera y el cobre, entre otros. No está claro en qué medida unos se superponen a otros.

Impacto económico

La Reserva Federal ha subrayado el aumento de la incertidumbre acerca de la economía estadounidense. Sus miembros han rebajado las previsiones de crecimiento y aumentado las de inflación, en parte como consecuencia de los aranceles. Los erráticos anuncios de Trump ya han hecho perder fuelle a la economía estadounidense. El Banco de la Reserva Federal de Atlanta apuntó la semana pasada en sus proyecciones a una posible contracción severa de la economía en el primer trimestre del año.

La mayoría de los analistas no espera una contracción de la economía en el primer trimestre, pero sí han revisado drásticamente a la baja sus previsiones de crecimiento. La última encuesta de economistas de Bloomberg, publicada también este viernes, rebaja un punto la proyección de crecimiento del primer trimestre, desde el 2,2% hasta solo el 1,2%. Para el conjunto de 2025, la previsión media baja del 2,3% al 2%.

“El principal canal de transmisión de la incertidumbre de la política comercial al PIB es la inversión empresarial. Cuando aumenta la incertidumbre de la política comercial, las futuras fuentes de ingresos de una inversión se vuelven más inciertas, lo que aumenta la opción de retrasar las decisiones de inversión hasta que la situación esté más clara”, según Michael Pearce, economista jefe adjunto de Estados Unidos en Oxford Economics.

El último dato conocido el viernes fue el índice de sentimiento del consumidor de la Universidad de Míchigan, que se ha desplomado hasta su mínimo desde noviembre de 2022. Hace un año se situaba en los 79,4 puntos; hace un mes en los 64,7 y en marzo bajó hasta los 57 puntos. Por su parte, el índice de expectativas se desplomó un 18%, con lo que ya ha perdido más del 30% desde noviembre de 2024. Las medidas de Trump están contribuyendo a ese pesimismo, aunque su verdadero efecto sobre la economía está aún por llegar.

“Los aranceles comenzarán a cobrar un peaje mayor en los próximos meses, pero el lote actual de datos de las encuestas está exagerando el daño, en nuestra opinión. Nuestro escenario base ya incluye la suposición de que el tipo arancelario medio efectivo está subiendo por encima del 10%, el más alto desde la II Guerra Mundial. Los nuevos aranceles sobre los automóviles lo elevarían por encima del 12%, pero reevaluaremos nuestras suposiciones tras los anuncios” de esta semana, explica Pearce.

Cómo se fijan en teoría los "aranceles recíprocos"

Nadie cree que los aranceles que anunciará Estados Unidos este miércoles para cada país o bloque comercial correspondan a las barreras que aplican esos países a los productos estadounidenses. Aun así, en la orden presidencial con que se puso en marcha el proceso, se fijaban cinco criterios de cálculo. El problema es que son tan genéricos e indefinidos que permiten a Washington asignar cualquier arancel a su capricho. Trump ya ha dicho, sin fundamento, que considera que los impuestos al valor añadido equivalen a un arancel, de modo que nadie puede esperar aranceles de verdad "recíprocos".

Según la norma, se tomarán en cuenta de forma integral cinco elementos para calcular los aranceles que se imponen a cada país. Primero, los que ese país aplique a los productos de Estados Unidos. Segundo, cualquier “impuesto injusto, discriminatorio o extraterritorial aplicado por los socios comerciales a las empresas, trabajadores y consumidores de Estados Unidos, incluyendo el impuesto sobre el valor añadido”. Tercero, “barreras o medidas no arancelarias y actos, políticas o prácticas injustas o perjudiciales, incluidos los subsidios y los onerosos requisitos reglamentarios para las empresas estadounidenses que operan en otros países”. Cuarto, políticas de tipos de cambio que perjudiquen a los estadounidenses, los bajos costes salariales y otras medidas que resten competitividad a Estados Unidos. Y quinto, cualquier otra práctica que se considere injusta o desleal. Con todo eso, cualquier arancel es posible.


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Sobre la firma

Miguel Jiménez
Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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