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La izquierda europea pierde un referente tras la dimisión de António Costa

El primer ministro portugués mantenía intacta su reputación internacional a pesar de los escándalos que salpicaron a su Gobierno en los últimos años

Antonio Costa Portugal
El primer ministro portugués, António Costa, conversa con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante una cumbre comunitaria en Praga.FILIP SINGER (EFE)

Hace pocos meses, el primer ministro portugués, António Costa, cenaba en Lisboa flanqueado por el canciller alemán, Olaf Scholz, y el expresidente del Gobierno español Felipe González. Celebraban el medio siglo del Partido Socialista, fundado en el exilio por Mário Soares y un centenar de disidentes de la dictadura. Costa era entonces un referente para la izquierda internacional, comparado en un mitin en Oporto por Stefan Löfven, presidente del Partido Socialista Europeo, con “un faro de esperanza” y definido por Pedro Sánchez, presidente de la Internacional Socialista, como “un bastión” en medio “de una década neoliberal en Europa”. Con su renuncia como primer ministro, la izquierda ha perdido uno de sus valores más seguros. Era el único socialista que gobernaba con mayoría absoluta en Europa, además del laborista Robert Abela en Malta.

Dimite António CostaVídeo: EPV

Los portugueses todavía están anonadados por la dimisión de Costa y el abrupto final de una etapa política construida con sonrisa y mano de hierro durante ocho años. La única salida del líder socialista que se barajaba en Portugal se relacionaba con el desempeño de algún cargo comunitario. En Bruselas —donde fue recibido con recelo al llegar al poder en 2015 de la mano de dos partidos más izquierdistas que el suyo (el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués)—, se había construido una imagen respetada tanto por su capacidad dialogante en política internacional como por su empeño en disminuir la deuda y el déficit públicos a nivel interno. Su nombre estaba en las quinielas para presidir el Consejo Europeo. La única salida que se preveía para el primer ministro era por la puerta grande.

Antonio Costa, ayer tras anunciar su dimisión como primer ministro.
Antonio Costa, ayer tras anunciar su dimisión como primer ministro. PATRICIA DE MELO MOREIRA (AFP)

Nadie en su sano juicio en Portugal habría podido anticipar el martes al despertarse para ir al trabajo que después de comer se encontraría pensando en quién sucederá a Costa en el Gobierno del país. Pero el anuncio de que el Tribunal Supremo iba a investigarlo por su papel en la aprobación de proyectos energéticos relacionados con el hidrógeno verde y la explotación de litio provocó su salida. “Quiero decir, mirando a los ojos de los portugueses, que no pesa sobre mi conciencia la práctica de ningún acto ilícito, ni siquiera de ningún acto censurable”, declaró al anunciar su marcha.

Medina, el delfín apreciado por Costa

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La potestad constitucional deja en manos del presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, la decisión de anticipar elecciones o proseguir con la legislatura, permitiendo el nombramiento de un sustituto socialista. Entre los actuales miembros del Gobierno es Fernando Medina, ministro de Finanzas y uno de los delfines más apreciados por Costa, el mejor situado. Medina tiene el aval de su gestión al frente de las cuentas públicas, que se cerrarán este año con superávit.

Fernando Medina, ministro de Finanzas portugués, durante la presentación de los presupuestos el pasado 10 de octubre en Lisboa.
Fernando Medina, ministro de Finanzas portugués, durante la presentación de los presupuestos el pasado 10 de octubre en Lisboa.JOSE SENA GOULAO (EFE)

La inesperada crisis política, además, ha coincidido con la tramitación del proyecto de los Presupuestos Generales del Estado, que contemplan para 2024 un hecho histórico: la deuda pública estará por vez primera por debajo del 100% (se prevé un 98,9%), alejando a Portugal del club de los más endeudados de Europa. Medina ha sido un buen ejecutor de la política de contas certas (las cuentas correctas) que Costa ha convertido en la espina dorsal de sus mandatos. Si algo ha permanecido inalterable en sus ocho años de gestión (y solo dos con mayoría absoluta) ha sido su obsesión con mantener controlado el gasto y evitar que el país pudiese sufrir de nuevo un traumático rescate como el de 2011.

La contención del gasto ha impedido grandes expansiones reformistas o inversoras hasta que llegó el maná de los fondos europeos Next Generation. Buena parte de este dinero estaba vinculado a proyectos energéticos dirigidos a descarbonizar las economías europeas. Costa abrazó la causa, hasta el extremo de que su principal legado político será la revolución verde. Portugal se ha colocado como el cuarto país de Europa con mayor producción energética renovable, solo por detrás de Austria, Suecia y Dinamarca, según los datos de Eurostat.

En esta carrera hacia la neutralidad de emisiones, prevista en el país para 2045, se simplificaron los requisitos ambientales para que las empresas puedan desarrollar con más rapidez sus proyectos. Y se concedieron licencias a propuestas muy controvertidas, como la mina de litio en Covas do Barroso, a pesar de tratarse de un paraje de excepcionales valores ambientales, agrarios y comunitarios, reconocido por la FAO como Patrimonio Agrario Mundial. Este es uno de los proyectos sospechosos para la Fiscalía, junto a la explotación de litio en Montalegre y un proyecto de hidrógeno verde en Sines.

Por esta operación, que arrancó en 2019, han sido detenidas dos personas del círculo más cercano del líder socialista, su jefe de gabinete, Vítor Escária, y su amigo y empresario Diogo Lacerda Machado, y otras tres personas. Además, se ha declarado arguido (sospechoso oficial) al ministro de Infraestructuras, João Galamba, el más polémico y que más quebraderos ha causado al gabinete de Costa. Precisamente los escándalos que rodearon su gestión este año causaron la ruptura en la relación cordial que habían mantenido siempre Rebelo de Sousa y Costa. Contra el criterio del presidente de la República, el primer ministro se empeñó en mantener a Galamba a pesar de los acontecimientos delirantes vividos en su ministerio, que incluyeron intimidaciones, forcejeos, el robo de un portátil y la intervención de los servicios secretos.

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Sobre la firma

Tereixa Constenla
Corresponsal de EL PAÍS en Lisboa desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera en Andalucía. Es autora del libro 'Cuaderno de urgencias'.
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