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Italia reabre la polémica de la tragedia de Ustica, el mayor misterio de la aviación del país

Unas declaraciones del ex primer ministro Giuliano Amato en las que sugiere que un misil francés derribó el avión italiano han generado controversia

Giuliano Amato
Giuliano Amato, ex primer ministro de Italia, en la sede del Gobierno, el palacio Chigi de Roma, en marzo de 2019.

Italia no tiene una explicación oficial para la tragedia de Ustica, el mayor misterio de la aviación del país. Después de varias investigaciones del Gobierno y de la justicia, los interrogantes siguen abundando y las certezas se cuentan con los dedos de una mano en el caso del vuelo comercial que se precipitó en el mar Tirreno en 1980 con 81 personas a bordo. Unas declaraciones del ex primer ministro Giuliano Amato en las que desliza que un misil francés pudo derribar el avión han vuelto a abrir las puertas a la controversia y las especulaciones tras cuatro décadas de incertidumbre, en un momento delicado en las relaciones entre Francia e Italia.

En una entrevista de esta semana con el diario La Repubblica, Amato, primer ministro de Italia entre 1992 y 1993 y entre 2000 y 2001, sostiene que “la versión más creíble es la de la responsabilidad de las Fuerzas Aéreas francesas”, y explica que la aeronave de pasajeros italiana probablemente fue derribada por error por un caza francés que quería alcanzar un avión militar en el que se creía que viajaba el dictador libio Muamar el Gadafi. “El plan consistía en simular maniobras de la OTAN, con muchos aviones en acción, en el curso de las cuales se iba a disparar un misil contra el dirigente libio: las maniobras eran un montaje que permitiría hacer pasar el ataque por un incidente involuntario”, sugiere Amato.

El desastre aéreo se remonta al 27 de junio de 1980. A las 20.59 horas de aquel día un avión de pasajeros de la compañía Itavia que volaba de Bolonia a Palermo con 81 personas a bordo se estrelló en el mar cerca de la isla de Ustica, al norte de Sicilia. El caso se convirtió en un rompecabezas. Durante un tiempo se habló incluso de una bomba dentro del avión y de un fallo estructural de la aeronave, a pesar de que el estudio de los restos descartaba ambas hipótesis.

Después de investigaciones y juicios eternos que se desarrollaron entre opacidades, reticencias y desencuentros, la tesis de que el avión fue derribado por error durante un combate aéreo entre Libia y la OTAN se convirtió en la más extendida. Otra de las hipótesis más defendidas por los expertos es la de que el avión de pasajeros fue dañado por las turbulencias provocadas por las maniobras de los cazas. Aunque nadie ha conseguido despejar las numerosas dudas sobre los responsables y sobre la dinámica de los acontecimientos. La entrevista de Amato, que en 1986 se encargó de investigar el accidente, contiene detalles que no habían salido antes a la luz y que podrían dar lugar a nuevos avances.

Entre otras cosas, el ex primer ministro también ha tratado de despejar otra incógnita aparentemente relacionada con la catástrofe: el descubrimiento del cadáver de un aviador libio y de los restos de su aeroplano en las montañas calabresas unas semanas después de la tragedia de Ustica. “Habiendo intuido el peligro de todo aquel movimiento en el cielo, el piloto libio se escondió cerca del avión de pasajeros italiano para evitar ser alcanzado. Pero todas las maniobras aéreas imprevistas hicieron que se quedara sin combustible, por lo que acabó estrellándose en las montañas”, apunta Amato.

La fiscalía de Roma está valorando ahora si escuchar a Amato en sede judicial. Los fiscales se inclinaban por cerrar definitivamente las investigaciones, pero con las nuevas revelaciones se lo están replanteando. Reabrieron el caso en 2008 precisamente después de unas declaraciones de Francesco Cossiga, que era primer ministro en el momento del incidente, en las que afirmaba que los servicios secretos le informaron en aquella época de que había sido un misil disparado desde el portaaviones francés Clemenceau, frente a la costa sur de Córcega el que había derribado el avión italiano.

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Francesco Cossiga era el primer ministro de Italia en el momento del suceso.
Francesco Cossiga era el primer ministro de Italia en el momento del suceso.EPA

Ahora Amato, que también ha dirigido diferentes ministerios a lo largo de su carrera política y que ha sido presidente del Tribunal Constitucional, reclama al Gobierno francés y al presidente Emmanuel Macron que esclarezcan las posibles responsabilidades de Francia, que pidan disculpas a las familias de las víctimas, o bien que demuestren que el país galo fue ajeno a lo ocurrido.

En cuanto se publicó la entrevista, la primera ministra, Giorgia Meloni pidió a Giuliano Amato que “ponga a disposición del Ejecutivo” los elementos de los que disponga, “para que el Gobierno pueda tomar todas las medidas posibles y consecuentes”. La líder ultraderechista señaló que las declaraciones del ex primer ministro sobre Ustica son “palabras importantes que merecen atención”, aunque precisó que “son el resultado de deducciones personales”. El vicepresidente Matteo Salvini indicó que las palabras de Amato “son de una gravedad sin precedentes”, pidió saber “si existen elementos concretos que respalden sus palabras” y añadió: “Dado el peso de las declaraciones y su papel relevante en el momento de los hechos, esperamos los comentarios de las autoridades francesas”.

El ministerio de Asuntos Exteriores francés ha señalado, a través de un comunicado, que Francia “ha proporcionado todos los elementos de que dispone siempre que se le ha pedido”, especialmente durante las investigaciones judiciales, pero que estaba disponible para “colaborar con Italia si lo solicita”. El caso ha vuelto a sonar en un momento delicado para las relaciones entre Francia e Italia, que desde que Meloni llegó al poder el pasado octubre han pasado por varios episodios de tensión a cuenta de la inmigración.

Después del revuelo inicial que despertó su entrevista, Amato ha aclarado que no tiene elementos ciertos ni pruebas nuevas para apoyar su teoría. “Sólo puse sobre la mesa una hipótesis en la que ya se creía firmemente, no porque yo tuviera elementos fuertes, sino para instar a quienes los tienen a que hablen, a que digan la verdad. Nada más”, ha dicho. En Italia, los familiares de las víctimas y numerosos investigadores independientes comparten la teoría de la responsabilidad de la aviación francesa en lo sucedido. Aunque nadie ha conseguido esclarecer el enigma.

Los defensores de esta tesis consideran que el avión estrellado en las montañas de Calabria prueba la teoría de que en el verano de 1980 se produjeron uno o varios combates aéreos en los cielos del Mediterráneo central. Uno de los jueces del caso resaltó en uno de los autos que en aquel momento sólo había dos potencias presentes en el Mediterráneo con misiles y portaaviones: Estados Unidos y Francia. En esos años se registraron varios incidentes armados entre Libia y Estados Unidos, que mantenían una relación particularmente tensa. Francia tenía intereses militares y económicos en África que competían con la política expansionista de Gadafi, sobre todo en la región subsahariana.

La historiadora italiana Cora Ranci, que ha publicado una reconstrucción histórica de la tragedia sostiene que “hay buenas razones para sospechar”. Y se basa en que los radares localizaron las huellas de una aeronave que desde Córcega avanzó en dirección a la zona del accidente. Las autoridades francesas aportaron en su día documentos que demostraban que el día de la catástrofe el portaaviones Clemenceau se encontraba en el puerto de Tolón, muy lejos del mar Tirreno.

Sin embargo, algunas investigaciones periodísticas italianas ponen en duda la versión francesa y apuntan que la cooperación judicial entre Francia e Italia nunca llegó a ser productiva. “Las respuestas francesas a los fiscales de Roma han sido a menudo evasivas sobre las numerosas aclaraciones solicitadas”, ha señalado La Repubblica. El ex ministro de Defensa del gobierno Amato, Salvo Andò, ha denunciado recientemente que los franceses “siempre han opuesto una resistencia pasiva para averiguar la verdad”. Y ha apuntado que a los estadounidenses y a los franceses “les molestaba” la “relación amistosa” de Italia con el régimen libio.

En los archivos militares franceses podría haber elementos que permitan reconstruir lo sucedido y aclarar la verdadera implicación francesa. Pero Francia es uno de los países en los que el secreto oficial dura más tiempo y, por lo tanto, salvo que Macron intervenga directamente, esos documentos no se desclasificarán antes de 2040.

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