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Marruecos apuntala con Israel el reconocimiento diplomático al Sáhara Occidental

Un total de 28 países han abierto consulados en la antigua colonia española y una docena de Estados europeos han girado en favor de la propuesta marroquí de autonomía

Sáhara Occidental Marruecos
Faro de Dajla, la antigua Villa Cisneros, en el Sáhara Occidental, en una imagen de 2022.M. Silvestre

El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental por parte de Israel ha dado un nuevo espaldarazo diplomático a Rabat para apuntalar su control administrativo sobre la antigua colonia española, considerada como “territorio no autónomo” por Naciones Unidas. La normalización de relaciones entre ambos países se fraguó hace dos años y medio, auspiciada por Estados Unidos mediante el catalizador de una declaración formal de la autoridad de Marruecos sobre el Sáhara. Desde entonces, en los últimos días de la presidencia del republicano Donald Trump, 28 países africanos, árabes y latinoamericanos han abierto consulados en El Aaiún o Dajla, y más de una docena de Estados europeos, entre ellos España, Alemania o Países Bajos, han girado en favor de la propuesta de Marruecos de autonomía para el territorio saharaui (que controla en un 80%), frente a las tesis de independencia defendidas por el Frente Polisario (20% restante, según Naciones Unidas).

Tras celebrar como un nuevo éxito diplomático el viraje “irrevocable” sobre el Sáhara anunciado el lunes por Israel, la prensa marroquí se ha apresurado a señalar con el dedo a Francia, antigua potencia colonial y primer país en respaldar la propuesta de autonomía en 2007, por no secundar a estadounidenses e israelíes en el reconocimiento de la soberanía marroquí. El portal digital Hespress ha anticipado este martes un previsible aumento de la presión sobre París para que se pronuncie de una vez sobre “un conflicto inventado por el régimen militar argelino”. Argelia apoya militarmente al Frente Polisario y acoge en la región de Tinduf, fronteriza con el Sáhara Occidental, campamentos donde viven decenas de miles de refugiados saharauis. El representante ante Naciones Unidas del Frente Polisario, Sidi Mohamed Omar, ha declarado, sin embargo, que “Francia, miembro permanente del Consejo de Seguridad, da apoyo incondicional a la otra parte (por Marruecos)”.

Un comunicado difundido el lunes por el Gabinete del Palacio Real en Rabat anunció el reconocimiento de Israel de la soberanía marroquí sobre la antigua provincia española, que la ONU cataloga dentro de los territorios aún pendientes de descolonización. El rey Mohamed VI recibió una carta del primer ministro Benjamín Netanyahu en la que el Gobierno israelí se ha comprometido a “reflejar en todos sus actos y documentos” la autoridad marroquí sobre el territorio saharaui.

Netanyahu anticipó además al soberano de la dinastía alauí que, en el marco de la decisión sobre la soberanía del Sáhara, se plantea “la apertura de un consulado en la ciudad de Dajla”, la antigua Villa Cisneros bajo administración española, situada a 530 kilómetros al sur de El Aaiún. Washington también se comprometió en diciembre de 2020 a establecer una representación consular en el Sáhara. La Administración del presidente demócrata Joe Biden no ha reculado sobre la decisión de Trump, pero tampoco ha dado el paso de abrir un consulado en Dajla o El Aaiún. Fuentes diplomáticas estadounidenses en Rabat han señalado que se trata de una medida que no se encuentra sobre la mesa.

El impulso sostenido a sus intereses en el Sáhara Occidental concentra el grueso de la acción exterior de Rabat, que intenta además jugar sus bazas en el conflicto entre israelíes y palestinos. “Existe una dinámica en las relaciones entre Israel y algunos países árabes [tras la firma de los llamados Acuerdos de Abraham], entre ellos Marruecos, que puede contribuir a dar un nuevo impulso al proceso de paz”, asegura desde El Cairo el analista palestino Nadir Mjalli, citado por la agencia marroquí MAP.

El ministro israelí de Exteriores, Eli Cohen, también ha asegurado que la decisión ahora adoptada “fortalecerá la continuación de la cooperación para profundizar en la paz y la estabilidad regionales”. En los últimos meses, el Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí ha condenado las sucesivas operaciones militares de Israel en el área de Yenín (norte de Cisjordania), en las que decenas de militantes palestinos armados y varios civiles han sido abatidos por las armas.

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El presidente del Centro Marroquí de Estudios Estratégicos, Mohamed Benhamu, confía en que el giro dado por Israel tenga efecto en países de Europa y América que se encuentran en “una zona gris” sobre el Sáhara y que, como sostiene, deben adoptar posiciones “más realistas y pragmáticas”, según declaraciones recogidas por la agencia estatal MAP. El eje de esta política exterior de logros encadenados, que suscita la unanimidad de una causa nacional en la clase política y la ciudadanía marroquí, se condensa en el discurso pronunciado por Mohamed VI en agosto del año pasado, en el que sentó una tajante doctrina diplomática: “La cuestión del Sáhara es el prisma a través del cual Marruecos observa su entorno internacional, y la medida de la sinceridad de la amistad y la eficacia de las asociaciones que establece el reino”.

Flujo de población y de inversiones

Marruecos está en el Sáhara Occidental para quedarse. Controla el territorio tras la salida de España hace casi 43 años, en los estertores de la dictadura del general Franco, cuyo régimen se vio amenazado por las consecuencias de la llamada Marcha Verde, una movilización de cientos de miles de marroquíes en la frontera desértica impulsada por el rey Hasán II a finales de 1975.

El Instituto Nacional de Estadística español había registrado en un censo elaborado en el Sáhara en 1974 a cerca de 75.000 saharauis junto a 30.000 españoles. Fuentes españolas conocedoras de la excolonia señalan que la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso) llegó a contabilizar unos 130.000 potenciales votantes entre 1991 y 2007, cuando se interrumpió, a causa de las disputas entre Marruecos y el Polisario, la confección del censo para una consulta prevista [para decidir sobre la anexión, la autonomía o la independencia] tras el cese de hostilidades de 1991. El alto el fuego se rompió en diciembre de 2020, dando paso a un conflicto semioculto de baja intensidad. En la actualidad se estima que cerca de un millón de personas viven en el Sáhara Occidental, casi la mitad en el área de El Aaiún.

Desde la toma de control efectiva de la antigua colonia española, Marruecos ha invertido ingentes sumas en el territorio. A partir de 2015, y sobre todo tras la declaración de soberanía de Trump, ha puesto en marcha un programa de desarrollo económico e infraestructuras por un monto de 77.000 millones de dirhams (más de 7.000 millones de euros). Entre estas destacan la autovía costera de 550 kilómetros hasta Dajla, donde se construye el megapuerto Dajla Atlántico, presupuestado en 1.140 millones de euros, y un proyecto de nuevo aeropuerto internacional.

En El Aaiún se encuentra también en marcha la construcción de un complejo hospitalario universitario, así como la ampliación de un gran centro de formación profesional, al que ya acuden alumnos, becados por Rabat, de países africanos que han abierto consulados en la antigua colonia española. Rabat ejecuta inversiones en infraestructuras en el territorio saharaui mientras refuerza la proyección internacional del control que ejerce sobre el territorio. Ahora aspira a establecer en Dajla una sede del Mundial de Fútbol de 2030, con un estadio de nueva planta con estándares de competición internacional, si triunfa su candidatura conjunta con España y Portugal.

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Sobre la firma

Juan Carlos Sanz
Es el corresponsal para el Magreb. Antes lo fue en Jerusalén durante siete años y, previamente, ejerció como jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Autónoma de Madrid.

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