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Francia hace balance de daños tras los disturbios: más impacto en su imagen que en la economía

“La calma ha vuelto”, declara Olivia Grégoire, ministra de Comercio y Turismo, a EL PAÍS. ¿Los Juegos Olímpico de París en 2024? “Ninguna inquietud”

Vehículos quemados en el aparcamiento de un supermercado de Schiltigheim, en el este de Francia, el 29 de junio, durante los disturbios.Foto: PATRICK HERTZOG (AFP) | Vídeo: EPV
Marc Bassets

Cuando hace una semana el responsable de la tienda Fnac del centro comercial Créteil-Soleil, en las afueras de París, vio que llegaban los saqueadores, hizo bajar las persianas y evacuó a los clientes por la puerta trasera. Por la noche la tienda de libros y productos electrónicos sufrió un nuevo asalto. “Robaron teléfonos y ordenadores”, recuerda Joseph. ¿Y libros? El encargado se ríe: “No, desgraciadamente, no”.

Era el viernes 30 de junio y tres días antes un policía había matado a un adolescente de 17 años en Nanterre, al otro extremo de la capital. La muerte del joven desencadenó una ola de violencia y saqueos en ciudades y extrarradios de todo el país. Una semana después, la paz ha vuelto. Con la intervención durante varias noches de un despliegue de 45.000 policías y gendarmes y la movilización de los ciudadanos de las barriadas, primeros perjudicados por los destrozos (y también, según algunas fuentes, con la contribución de los traficantes de droga de los barrios que dijeron “basta”, ya que los disturbios dañaban el negocio).

Ahora, pasada la tormenta, es hora de evaluar los daños. En la economía francesa, mínimamente afectada, si se miran solo las cifras. Pero sobre todo en la imagen del país, a un año de los Juegos Olímpicos de París y en un mundo en el que regímenes como el de Vladímir Putin en Rusia se frotan las manos al ver democracias en llamas.

“La calma ha vuelto”, declara Olivia Grégoire (París, 44 años), ministra francesa de Comercio y Turismo, en su coche oficial, mientras se dirige este viernes desde París hacia Créteil para visitar el centro comercial, escuchar a trabajadores como Joseph, de la Fnac, y también a dirigentes de algunas firmas que tiene franquicias o sedes en este centro, y explicarles las opciones para compensar las pérdidas (podrán abrir un domingo más, por ejemplo, y las rebajas se prolongarán). “No niego que un cierto número de comerciantes todavía está conmocionado por lo ocurrido. Ha sido una erupción, como una fiebre muy violenta, bastante inédita en su sociología: una mayoría de gente de entre 16 y 17 años, y una inmensa mayoría que nunca había tenido nada que ver con la policía”.

Sobre los Juegos Olímpicos y la posibilidad de que la “erupción” se repita en un año, la ministra recuerda que también hubo disturbios en Londres en 2011, a un año del mismo acontecimiento deportivo en esa ciudad. “No tengo ninguna inquietud”, asegura, “será un gran momento para Francia y para quienes vengan”.

Hay preocupación en el Elíseo y el Gobierno. Y un mensaje: ni Francia se acerca a un precipicio, ni esto sucede solo aquí, pues, según la ministra, este país “no tiene el monopolio de los disturbios”. Lo repiten desde los consejeros del presidente, Emmanuel Macron, a los ministros, después de una semana en la que los franceses han asistido estupefactos y con espanto a escenas de automóviles y coches ardiendo, de asaltos a ayuntamientos, comisarías y hasta una prisión, y de centros comerciales, como este que se dispone a visitar ahora la ministra. La misión hoy: tranquilizar. A los comerciantes en particular; al mundo en general.

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En la entrevista con EL PAÍS, Grégoire, macronista de la primera hora y exportavoz del Gobierno, dice: “Cuidado con las caricaturas y las generalizaciones. No porque un joven que vive en las barriadas haya hecho una tontería, o haya robado, todos los jóvenes de las barriadas son así. Y no porque un policía haya cometido una falta grave, todos los policías cometen faltas y son, entre comillas, racistas”.

La lista de daños a bienes privados es larga: 436 puntos de venta de tabaco afectados, 30 comercios alimentarios incendiados y hasta 200 atacados, decenas de tiendas de ropa saqueadas, decenas de restaurantes de comida rápida destrozados, y 370 agencias bancarias. Y unos 6.000 vehículos en llamas. Grégoire evalúa en unos 300 millones de euros los daños en el sector privado, muy por debajo de los 1.000 millones que ha mencionado el Medef, la principal patronal. Explica que el efecto en el turismo “es casi nulo”. La ministra afirma que, por la brevedad de los disturbios, cuatro o cinco días, “no debería haber ningún impacto” en el PIB.

Es la paradoja francesa: cinco años en los que la imagen de país en crisis ―por la revuelta de los chalecos amarillos en 2018, las protestas contra la reforma de las pensiones este invierno y ahora los disturbios― no ha disuadido a los turistas ni han lastrado de manera significativa la economía.

Otra cosa es el impacto concreto para los comerciantes. Grégoire lo comprueba a primera hora de la mañana, cuando visita comercios dañados en el distrito 15 de París, su feudo electoral. Ahí está la pareja que lleva el bar-tabaco de la esquina y a la que le rompieron los cristales el fin de semana: el local todavía está cerrado y ellos no se han recuperado anímicamente de la sacudida. Y el café donde destrozaron la terraza y el gerente cuenta que no tenía seguro contra el vandalismo. Los daños, dice, se elevan a unos 6.000 o 7.000 euros. O el supermercado donde entraron para llevarse alcohol, productos de limpieza... y chucherías.

Más allá de todo esto, otro problema: la fractura en la sociedad francesa que se ha evidenciado en la erupción de las banlieues, los extrarradios empobrecidos y multiculturales. Este problema es mucho más difícil de resolver. A largo plazo es lo que de verdad perjudica la imagen de Francia. Y no hay soluciones a la vista.

“La crisis que hemos vivido hay que analizarla, hay que entenderla”, afirma la ministra Grégoire. “Es demasiado fácil, como hacen las oposiciones de extrema izquierda y extrema derecha, aplicar a esta situación el análisis que les conviene. Para la extrema izquierda es culpa de la policía; para la extrema derecha, es culpa de las barriadas. Nosotros decimos que hay que mirar bien qué ha ocurrido para entenderlo y para tratarlo”.

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Sobre la firma

Marc Bassets
Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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