Liz Cheney estudia enfrentarse a Trump por la presidencia tras su dura derrota en las primarias republicanas de Wyoming

La congresista sufre el castigo de los votantes de su partido por su guerra contra el expresidente, que la llama “loca, rencorosa y mojigata”

Liz Cheney, durante el discurso en el que ha admitido su derrota en las primarias de Wyoming. Foto: PATRICK T. FALLON (AFP) | Vídeo: REUTERS

Estaba cantado. Enfrentarse a Donald Trump tenía algo de suicida para Liz Cheney, representante de Wyoming, el Estado más trumpista del país. Los votantes republicanos no se lo han perdonado y la hija del exvicepresidente Dick Cheney ha caído derrotada por un amplio margen frente a Harriet Hageman en las primarias del Estado. Cheney dirá adiós al Congreso. Trump ha consumado su venganza. Sin embargo, desafiante, la republicana ha anunciado que seguirá peleando contra Trump y que estudia presentarse a la presidencia.

Con más del 95% escrutado, la candidata de Trump suma el 66% de los votos y Cheney, solo el 29%. El llamamiento a la desesperada a los demócratas para que le dieran su apoyo no ha servido para dar la vuelta a las encuestas.

Pese a la derrota, Cheney baraja presentarse a las primarias republicanas para las elecciones presidenciales de 2024. Sus posibilidades, hoy por hoy, son escasas, aunque haya un sector del Partido Republicano al que no le gusta Trump. Pero las primarias, en todo caso, le darían un altavoz con el que seguir su batalla contra el expresidente. Este miércoles, en una entrevista televisiva le han preguntado directamente si se presentará: “Es algo en lo que estoy pensando, pero es una decisión que tengo que tomar en los próximos meses”, ha contestado.

El día anterior, Cheney compareció muy pronto para admitir su derrota, cuando solo se había escrutado en torno a un 15% de los votos. “Ningún cargo en esta tierra es más importante que los principios que todos hemos jurado proteger”, dijo, tras recordar que hace dos años ganó esas mismas primarias con un 73% de los votos. “Había un camino claro para repetirlo”, dijo, pero habría implicado mentir, traicionar a sus principios, a la ley y a la democracia apoyando los bulos de Trump: “Ese era un camino que no podía ni quería tomar. [...] Esta elección ha pasado, pero ahora empieza el verdadero trabajo”, añadió.

En su discurso del día martes, Cheney apeló a Abraham Lincoln, padre del Partido Republicano: “Abraham Lincoln fue derrotado en las elecciones para el Senado y la Cámara antes de ganar las elecciones más importantes de todas [las presidenciales]. Lincoln finalmente prevaleció. Salvó la unión y definió nuestra obligación como estadounidenses para toda la historia”, aseguró.

“No podemos abandonar la verdad y ser un país libre”, dijo también la noche del martes tras atacar a Trump en su discurso y decir que ningún negacionista electoral merece ocupar un cargo y que las mentiras y teorías de la conspiración de Trump provocan violencia, que ya lo hicieron el 6 de enero y lo han vuelto a hacer ahora tras el registro de Mar-a-Lago, que ha provocado que se disparen las amenazas. “Ningún patriota estadounidense debería disculpar estas amenazas o dejarse intimidar por ellas. Nuestra gran nación no debe ser gobernada por una turba provocada a través de las redes sociales”, sentenció.

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“Dije tras el 6 de enero que haría lo que haga falta para que Donald Trump no vuelva a acercarse al Despacho Oval”, recordó tras evocar al también expresidente Ulysses Grant y quienes lucharon con él por la libertad en la Guerra Civil estadounidense. Cheney advirtió de los riesgos para la libertad y la democracia si no se aparta a quienes no reconocen los resultados electorales. “Nuestra supervivencia [como democracia] no está garantizada. La libertad no debe, no puede y no va a morir aquí”, añadió.

Un cartel de rechazo a Liz Cheney y apoyo a Harriet Hageman en Casper (Wyoming).
Un cartel de rechazo a Liz Cheney y apoyo a Harriet Hageman en Casper (Wyoming).PATRICK T. FALLON (AFP)

“Esta es una lucha de todos nosotros juntos. Soy una republicana conservadora. Creo en sus principios e ideales con el corazón. Amo su historia. Y amo lo que nuestro partido ha representado. Pero amo más a mi país”, añadió entre aplausos de sus seguidores, que se juntaron al aire libre en Teton County, con un idílico paisaje de montañas detrás.

“Esta noche les pido que se unan a mí y que resolvamos que nos mantendremos unidos. Republicanos, demócratas e independientes contra los que quieren destruir nuestra república. Están enfadados y decididos, pero no han visto nada como el poder de los estadounidenses unidos en defensa de nuestra Constitución y comprometidos con la causa de la libertad. No hay mayor poder en esta tierra. Y con la ayuda de Dios, prevaleceremos”, terminó.

Con la caída de Cheney, solo dos de los 10 miembros republicanos de la Cámara de Representantes que votaron a favor del impeachment de Trump por el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2020 estarán en las papeletas el próximo 8 de noviembre. Pero el caso de Cheney era especial. Entre ellos había un enfrentamiento político, pero también personal.

Trump, por supuesto, ha celebrado el resultado como “maravilloso” y ha calificado las palabras de Cheney de “rencorosas y mojigatas”. Además, ha insistido en el bulo electoral, ha pedido la disolución de la comisión del Congreso que investiga el asalto al Capitolio y ha dicho que “Liz Cheney es una loca que le hizo el juego a quienes quieren destruir nuestro país”.

Cheney y Trump habían tenido ya algunos roces en política exterior y en la gestión de la pandemia. Ella animaba enfáticamente a llevar mascarilla, sensibilizada por ser su padre vulnerable a la enfermedad. Pero la ruptura total llegó cuando Cheney reconoció sin tapujos la victoria de Joe Biden en las presidenciales de 2020, se negó a comulgar con la rueda de molino del bulo del robo electoral y trató de convencer a sus compañeros de partido de que respetasen el resultado.

El 6 de enero, cuando se encontraba en el Capitolio para certificar la victoria de Biden, recibió una llamada de su padre advirtiéndole de que Trump había llamado a deshacerse de “los congresistas débiles”, los “Liz Cheney del mundo”, en la arenga que estaba dando a las masas antes del asalto al Capitolio.

Después, cuando votó a favor del impeachment o censura política de Trump, su partido la despojó del puesto de líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes. Empezó a recibir amenazas y a ser acosada en las redes. Ni siquiera ha podido realizar actos de campaña en Wyoming por razones de seguridad.

Donald Trump, en un acto de campaña con Harriet Hageman en Casper (Wyoming).
Donald Trump, en un acto de campaña con Harriet Hageman en Casper (Wyoming). Lauren Miller (AP)

Asumió el puesto de vicepresidenta de la comisión de la Cámara de Representantes que investiga el asalto al Capitolio y se ha mostrado especialmente combativa. “A mis colegas republicanos que defienden lo indefendible: llegará un día en que Donald Trump no esté, pero vuestra deshonra permanecerá”, espetó a los congresistas de su partido en la primera sesión de la comisión.

Viniendo del Estado más trumpista del país, donde el expresidente logró casi el 70% de los votos en las elecciones de 2020, Cheney sabía que se estaba inmolando. Trump apoyó a otra candidata, Harriet Hageman, que ha ganado con facilidad las primarias. En un Estado tan republicano, además, ganar las primarias es casi tanto como salir elegida representante, pues no hay duda de que ganará el próximo 8 de noviembre a su rival demócrata.

Un largo escrutinio en Alaska

Sarah Palin, que saltó a la fama como candidata a la vicepresidencia con Jon McCain en las elecciones de 2008, participaba este martes en dos votaciones. Una, para cubrir por cuatro meses el puesto del representante de Alaska en el Congreso fallecido en marzo. Otra, en las primarias para cubrir ese puesto por dos años en las elecciones legislativas de mitad de mandato del próximo 8 de noviembre.

En las primarias se clasifican los cuatro primeros candidatos y Palin ya lo ha logrado. En la elección especial para cubrir el puesto vacante, sin embargo, el escrutinio será muy largo y complejo, dado el sistema de voto preferencial que ha adoptado Alaska. Con ese sistema, los votantes ordenan los candidatos. Si ninguno logra más del 50% de los primeros votos, se toma en cuenta la segunda opción, pero para eso hay que terminar antes el escrutinio completo de la primera vuelta. Por ello, no se espera conocer al elegido antes del 31 de agosto, previsiblemente.

De momento, con el 69% escrutado, se sitúa en cabeza la demócrata Mary Peltola, con un 38%. Sarah Palin tiene el 32% de los votos y el otro demócrata, Nick Begich, el 29%. De mantenerse así el primer escrutinio, la ganadora dependerá de la segunda opción de quienes han votado a Begich.

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Sobre la firma

Miguel Jiménez

Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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