Ofensiva de Rusia en Ucrania
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Las otras fronteras de Rusia: entre el miedo (al imperio) y los intereses nacionales

Kazajistán afirma su propia política exterior ante Moscú

Kasim-Yomart Tokáyev y Vladímir Putin, el 17 de junio en San Petersburgo.
Kasim-Yomart Tokáyev y Vladímir Putin, el 17 de junio en San Petersburgo.STR (AFP)

La guerra de Rusia contra Ucrania y la futura incorporación de Finlandia y Suecia a la OTAN han centrado la atención internacional en las fronteras occidentales del Estado ruso. Pero tal vez sea útil desviar ahora la mirada hacia otros confines, a las fronteras meridionales asiáticas, que (además de China y Mongolia) separan a Rusia de Kazajistán. Ese país centroasiático —rico en minerales e hidrocarburos y con salida al mar Caspio— tiene una superficie equivalente a más de cinco veces España y menos de 19 millones de habitantes.

Kazajistán es aliado de Rusia en la Unión Económica Euroasiática y en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva. Con sus más de 7.500 kilómetros de longitud, la frontera kazajo-rusa es una de las más largas del mundo. Esta realidad combinada con las tradicionales relaciones comerciales y económicas bilaterales y el miedo a un nuevo arrebato neoimperialista de Moscú (esta vez hacia las regiones del norte de Kazajistán con gran densidad de rusoparlantes) son factores entre los que debe navegar el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev. Con variaciones locales, esquemas parecidos pueden aplicarse a los otros cuatro Estados postsoviéticos de Asia central (Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán). Cada uno de ellos deberá decidir si ayuda (y en caso positivo cómo) a Moscú a tratar de esquivar las sanciones que Occidente le ha impuesto como consecuencia de la invasión de Ucrania.

Todo es relativo, tanto el aislamiento que Rusia quiere evitar mediante las “importaciones paralelas” como la importancia y capacidad de estos países para ayudarla, si es que así lo deciden o permiten. La posición de cada Estado dependerá de su potencia, de la visión de sí mismos en el mundo y de sus aspiraciones a colaborar con Occidente y de acceder a sus tecnologías. En este juego, China es una pieza fundamental, por el gran peso económico de Pekín en una zona del mundo donde la influencia de la antigua potencia colonial ha sido en gran medida eclipsada por el gigante emergente.

Parte de los países de Asia central, que se preparan para las “nuevas realidades”, acogen hoy a emigrantes rusos, les dan una oportunidad de fundar empresas y también les facilitan la expedición de tarjetas de crédito para sortear las sanciones. Todos estos países se han beneficiado de la cooperación con Rusia en algún ámbito, desde el militar al educativo, pasando por las remesas de los emigrantes. Y todos estos países tienen miedo. Por eso, las declaraciones de Tokáyev, a mediados de junio en San Petersburgo, parecen simbolizar una política internacional independiente de Moscú. En el foro económico de San Petersburgo, el presidente kazajo afirmó ante Putin lo que otros de sus colegas aliados callan. A saber, que no reconocería a las denominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, ni a Taiwán, Osetia del Sur, Abjasia o Kosovo, porque, de hacerlo, el número de Estados miembros de la ONU iba a pasar de 193 a más de 500 o 600, lo que sería un “caos”.

El dirigente kazajo además rechazó una importante condecoración estatal rusa, alegando que esa era su política en general, pero expresó el deseo de una mayor colaboración con Rusia en el marco de la Unión Económica Euroasiática. Sin embargo, donde Putin se jactaba de poder sustituir las importaciones de Occidente por producción propia o de otros, Tokáyev abogó por la apertura al mundo y colaboración con todos los actores. Tampoco compartió los comentarios apocalípticos de Putin sobre Occidente. Así pues, en condiciones muy delicadas, Tokayév reafirmó la política “pluridimensional” de su antecesor, Nursultán Nazarbáyev. “Las sanciones existen y nosotros las tenemos en cuenta, sin duda, en nuestra estrategia económico-comercial”, pero “al mismo tiempo Kazajistán tiene obligaciones relacionadas con nuestros anteriores acuerdos con la Federación Rusa”, afirmó. Y el presidente kazajo salió también al paso de los nacionalistas rusos (políticos, comentaristas y periodistas) que se comportan de forma agresiva y grosera en relación a Kazajistán y amenazan a aquel país con el fantasma de la invasión de Ucrania.

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A diferencia de Ucrania, Kazajistán ha mantenido un equilibrado y cuidadoso rumbo político para no indisponer a los rusos, pero el país avanza de forma cauta y firme hacia la sustitución del alfabeto cirílico por el alfabeto latino, prevista para 2025. Actualmente, el kazajo es el idioma estatal y el ruso es idioma oficial. Las señales que indican la política exterior independiente del líder kazajo no se corresponden con una democratización o liberalización política en el interior de Kazajistán, donde sigue practicando una política represiva y autoritaria y policial, según afirman medios kazajos escépticos sobre la capacidad y voluntad de Tokáyev en este ámbito.

Recientemente, Kazajistán ha anunciado que enviará tropas pacificadoras en el marco de la ONU a la República Centroafricana, Congo, Malí y Líbano. En total, 430 militares de distintos cuerpos y rangos. Esta decisión incrementa el número de misiones de paz de Kazajistán en Naciones Unidas y curiosamente las extiende a entornos donde han estado o están los combatientes a sueldo de la compañía rusa Wagner.

Un ejemplo de las situaciones en las que puede verse Kazajistán en el futuro es la da el caso del buque kazajo Zhibek Zholi, que zarpó del puerto ucranio de Berdiansk (ocupado por Rusia) en dirección a Turquía. Kiev ha pedido a Ankara que arreste el buque alegando que este transporta trigo ucranio robado (7.000 toneladas, según unas cifras; 4.500, según otras). El carguero fue arrendado por su propietario (una naviera de Kazajistán) a una compañía rusa, que a su vez firmó un contrato de transporte con una empresa ubicada en Estonia.

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Pilar Bonet

Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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