60 años de embargo estadounidense a Cuba y sin cambios a la vista

Seis décadas después de la orden firmada por John F. Kennedy, el Archivo de Seguridad Nacional de EE UU publica una docena de documentos desclasificados que describen las medidas destinadas a “provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno” de Fidel Castro

El presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, habla durante un discurso televisado a la nación sobre el bloqueo estratégico a Cuba en 1962.
El presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, habla durante un discurso televisado a la nación sobre el bloqueo estratégico a Cuba en 1962.Getty Images

En medio de una de las peores crisis económicas de la historia de Cuba, con el país bajo una inflación desatada y la convulsión de las protestas del 11 de julio que todavía colea —con su secuela de juicios contra al menos 790 manifestantes, parte de ellos encausados por el delito de sedición—, este 3 de febrero se cumplieron 60 años del día en que el entonces presidente norteamericano John F. Kennedy firmó la orden número 3447, que proclamó el “embargo a todo el comercio con Cuba” un año después de que ambos países rompieran relaciones diplomáticas.

Con motivo del aniversario, el Archivo Nacional de Seguridad de EE UU (NSA, por sus siglas en inglés) acaba de publicar una docena de documentos desclasificados que arrojan luz —y no pocas sombras— sobre la que seguramente es la medida punitiva contra un país más larga de la historia moderna. Los papeles oficiales dados a conocer por el NSA —institución académica adscrita a la Universidad George Washington— registran los orígenes, justificación y evolución de las sanciones económicas adoptadas por el Gobierno norteamericano desde que Fidel Castro llegó al poder, comenzando por el famoso memorándum del 6 de abril de 1960 del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Lester Mallory, dirigido al entonces presidente Dwight Eisenhower y titulado “El declive y la caída de Castro”, en el que argumenta sin tapujos la necesidad de aplicar medidas coercitivas contra la naciente revolución para derrocarla.

La revolución de Fidel Castro, argumenta Mallory en el escrito, es “bastante popular”, y dado que no hay una “oposición efectiva” contra él, la única forma de socavar el apoyo es “a través del desencanto y la desafección basada en la insatisfacción económica y las dificultades”. Mallory, señala el NSA, aboga en ese momento por un conjunto de sanciones económicas diseñadas para negar “dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios monetarios y reales, para provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Este temprano memorándum, básico para entender la justificación política del embargo norteamericano que sigue vigente hoy, es complementado por el NSA con otros documentos, mensajes y deliberaciones secretas de diversas administraciones norteamericanas, incluidas las consideraciones del exsecretario de Estado Henry Kissinger en 1975 de usar el embargo como moneda de cambio para normalizar las relaciones con Cuba.

Un original revelador es el informe secreto de la CIA titulado “Sanciones de Estados Unidos y la OEA contra Cuba (1962-presente)”, elaborado en 1982. Este concluye que “desde el principio las sanciones comerciales fueron significativamente perjudiciales para el crecimiento y el desarrollo general de Cuba”, si bien admite que el embargo no “había cumplido” con sus objetivos y que “los costos políticos superaban sus beneficios”. El documento dado a conocer por la NSA considera que “si bien Estados Unidos promueve públicamente el objetivo de una Cuba verdaderamente libre e independiente, el objetivo final siempre ha sido sacar a Castro del poder y hacer que el apoyo a Cuba sea lo más costoso posible para los soviéticos”.

Otro memorándum de Harry Shlaudeman, subsecretario adjunto para América Latina durante la Administración Gerald Ford (que sustituyó a Nixon tras su dimisión), recomienda a Kissinger “moverse rápidamente para negociar con Cuba, utilizando el levantamiento del embargo, en etapas, como moneda de cambio”. El documento, de 1975, propone restablecer relaciones diplomáticas y consulares como parte de un acuerdo inicial que incluiría un levantamiento parcial del embargo y compromisos mutuos sobre la no intervención y negociaciones para resolver las reclamaciones de EE UU.

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“Nuestro interés es dejar atrás el tema de Cuba, no prolongarlo indefinidamente”, indica Shlaudeman, estableciendo una serie de pasos para normalizar relaciones y finalmente sacar el “tema intrínsecamente trivial” de Cuba “de las agendas internas e interamericanas”.

Otro dossier de la etapa de la Administración Carter (1977-1981) describe el debate secreto sobre si excluir o no los alimentos y medicinas del embargo. En ese momento la flexibilización de las sanciones era defendida por varios congresistas y senadores estadounidenses, y el entonces secretario de Estado, Cyrus Vance, aconsejó al presidente “retrasar” la exención de alimentos y medicinas “hasta que los cubanos tomen medidas para contribuir al proceso de mejora de las relaciones”. El argumento era que Cuba necesitaba “demostrar la seriedad de su propio interés en mejorar las relaciones”.

Según el centro académico, el asesor de Seguridad Nacional de ese momento, Zbigniew Brzezinski, pidió a Carter permanecer “neutral” en el proyecto de ley del Senado para eximir a esas categorías del embargo, recomendando que su postura no fuese “la de la neutralidad benevolente, sino más bien la de la neutralidad escéptica”, por temer que la suavización del embargo dejara a Vance con “poca o ninguna influencia para lograr concesiones necesarias para hacer que la normalización sea políticamente aceptable para Estados Unidos”.

De acuerdo con Peter Kornbluh, director del Proyecto de Documentación de Cuba del NSA y responsable de la investigación, “el embargo interminable se ha convertido en un símbolo perdurable de hostilidad perpetua en la postura de Estados Unidos hacia Cuba”.

Junto a los documentos publicados, el NSA adjunta una cronología de la historia de las sanciones norteamericanas contra Cuba realizada por el académico William Leogrande (coautor junto a Kornbluh de Back channel to Cuba, libro que recopila las múltiples negociaciones secretas realizadas entre Washington y La Habana en el último medio siglo). Leogrande repasa los hitos de la política de embargo desde Eishenhower hasta Biden, que después de abogar por un cambio en las relaciones con Cuba en la línea normalizadora de Obama sigue instalado en la política de presión de su antecesor, Donald Trump.

“Durante la campaña de 2020, Joe Biden prometió revertir las sanciones de Trump que perjudican a las familias cubanas, especialmente las restricciones a las remesas y los viajes familiares. Una vez en el cargo, a pesar de sus repetidas promesas de restaurar los servicios de remesas, no hizo nada, dejando todas las sanciones de Trump en su lugar”, señala Leogrande.

La proclama presidencial 3447 de John F. Kennedy entró en vigor el 7 de febrero de 1962. Seis décadas después, el embargo se mantiene y La Habana y Washington siguen entrampados: el Gobierno cubano achaca al “bloqueo genocida” casi todos sus males, y EE UU dice que es una excusa y que no habrá cambios si Cuba no cambia primero. Febrero de 2022, y en esas estamos.

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