Alberto Fernández cierra la campaña a la espera de un milagro en las urnas el domingo

La oposición pide el voto para quitarle la mayoría al kirchnerismo en el Senado argentino

El presidente Alberto Fernández, en el cierre de campaña este jueves en Merlo, Argentina.
El presidente Alberto Fernández, en el cierre de campaña este jueves en Merlo, Argentina.HANDOUT (AFP)

Alberto Fernández espera un milagro para las elecciones legislativas del próximo domingo. El presidente encabezó este jueves el cierre de una campaña electoral que tenía el arduo objetivo de revertir la catástrofe que sufrió en las urnas en las primarias de septiembre. Lo hizo en un evento junto a todas las figuras clave de la coalición de gobierno, incluida la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Un acto marcado por la desazón que dejan todos los pronósticos: otra nueva derrota está al acecho.

“El domingo les pido que me ayuden a construir el sueño de vivir en la Argentina que queremos”, pidió Fernández ante una plaza copada de banderas del Frente de Todos, su partido, y cientos de militantes de agrupaciones peronistas. La coalición de Gobierno, que enfrenta estas elecciones en medio de una crisis interna desatada después de las primarias, intentó mostrar este jueves una imagen de unidad. No faltaron los abrazos entre los protagonistas. Junto a Fernández estaba la vicepresidenta; Sergio Massa, el líder de la tercera fuerza que compone la alianza; Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires —donde se realizó el acto—; y Victoria Tolosa Paz, la candidata de ese distrito electoral. “Lo principal es estar unidos”, dijo el mandatario.

El país renueva este domingo la mitad de la Cámara de Diputados, compuesta por 257 bancas, y un tercio del Senado, que tiene 72 bancas, ambos con mayoría peronista hasta ahora. Para el Gobierno, la cita tiene importancia porque se juega su posición en el Congreso. De repetirse los resultados de las primarias legislativas de septiembre, perdería el quórum en la Cámara alta, y ya no tendría la capacidad de iniciar un debate sin la oposición. Mientras que en la Cámara baja cedería la primera minoría a la oposición.

Pero el Ejecutivo de Fernández se enfrenta además a un escrutinio sobre su mandato con una imagen muy golpeada por la gestión de la crisis de la covid, que dejó graves consecuencias económicas y sanitarias. “La pandemia no me ha dejado hacer las cosas ni del modo ni a la velocidad que yo quería. No es que somos incapaces, es que el mundo nos ha condicionado”, dijo Fernández en un evento austero en comparación a los tumultuosos mítines que acostumbra a hacer el peronismo. Más que un motivo para celebrar, esta vez tienen uno para preocuparse: los sondeos apuntan que los comicios de este domingo seguirán el paso de las primarias de septiembre.

La imagen de unión que han mostrado este jueves en Merlo, uno de los bastiones del peronismo en la provincia de Buenos Aires, se contrapone a la crisis interna que vivió la coalición en septiembre, apenas unos días después de las primarias. La vicepresidenta pidió en una reunión privada a Fernández que entendiera el mensaje de las urnas como un reclamo de la gente y que respondiera con una renovación del Gabinete. El presidente optó por aferrarse a sus ministros y obtuvo a cambio la dimisión en cascada de cinco ministros cercanos a Fernández de Kirchner. La jugada desató una crisis política que poco tenía para aportar de cara a las urnas del 14 de noviembre.

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La alianza alcanzó su máximo punto de tensión. Parecía imposible entonces pensar en una fotografía como la que han dejado este miércoles con todas las figuras del Gobierno en el mismo escenario. Abrazados y sonrientes. La presencia de Fernández de Kirchner al acto de este jueves estuvo en duda hasta horas antes. Hace apenas una semana se sometió a una cirugía ginecológica, que la obligaba a guardar reposo. Por eso su asistencia al evento se interpreta como una muestra de apoyo a la coalición. La ausencia que sí sorprendió fue la de la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora, muy cercana a la vicepresidenta y presente en casi todos los actos políticos.

Fernández de Kirchner se había puesto al frente de la campaña electoral antes de las primarias de septiembre. Pero tras la aplastante derrota en esos comicios y la posterior crisis desatada al interior del Gobierno, optó por un segundo plano. La reciente intervención quirúrgica la dejó fuera de la recta final, y la coalición peronista tuvo que postergar el cierre de campaña cinco días para poder contar con su presencia. Este jueves fue la única figura en el escenario que no pronunció un discurso. No necesitó hablar para que toda la plaza se rindiera a sus pies.

Un cierre opositor con ataques al Gobierno

La coalición opositora Juntos por el Cambio, mientras tanto, cerró su campaña este jueves en La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, el distrito donde aspira a mantener la diferencia que obtuvo en las primarias sobre el peronismo. El miércoles por la noche, el cierre fue en la capital. La oposición apostó allí por un peso pesado como candidata a la Cámara de Diputados: la gobernadora de la provincia durante la gestión de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal. En la ciudad de Buenos Aires, el macrismo es imbatible. Allí nació Mauricio Macri a la vida política, como alcalde en 2007. Y desde allí saltó a la presidencia en 2015. Dejó en su lugar a Horacio Rodríguez Larreta, quien aún sigue en el cargo. Rodríguez Larreta es el más “presidenciable” de la oposición, y el miércoles acompañó a Vidal sobre un pequeño escenario circular montado especialmente para la televisión en una plaza de Recoleta, un barrio acomodado del norte de la ciudad. Macri fue espectador del cierre de campaña y apenas subió al estrado para saludar.

La candidata María Eugenia Vidal, en el cierre de campaña.
La candidata María Eugenia Vidal, en el cierre de campaña.Juan Ignacio RONCORONI (EFE)

Rodeados de unas 600 personas, los candidatos al Congreso de Juntos por el Cambio en capital atacaron con dureza al peronismo. Criticaron la cuarentena contra la pandemia, la política económica y de vacunación, la gestión en educación y seguridad. El asesinato de un comerciante durante un asalto en el conurbano acaparó buena parte del tramo final de la campaña y la oposición no perdió la oportunidad. La primera oradora del mitin fue Patricia Bullrich, exministra de Seguridad de Macri y líder del Pro, el partido del expresidente. Bullrich planteó el objetivo de máxima de la oposición: sumar cinco senadores para “frenar a Cristina Fernández de Kirchner en el Senado, donde ahora hace lo que quiere”, y alcanzar el número mágico de 120 diputados para alcanzar la primera minoría en Diputados.

El lema de la campaña ya no fue el “sí, se puede” que la oposición lanzó en 2019, cuando intentó sin éxito la reelección de Macri, si no “Basta”, pintado en banderas que el público reunido en Recoleta ondeaba ante cada arenga que les llegaba desde el escenario. El “basta” es al kirchnerismo, el enemigo a vencer el domingo. El discurso de Vidal, la gran candidata, fue sin duda el más emotivo. Al borde de las lágrimas, la exgobernadora fijó su mirada en la cámara y llamó a terminar “con el poder K”. “Ya sabemos lo que hacen cuando tienen todo el poder”, dijo, y pidió para el domingo meter en las urnas un “basta atronador”. “Que las urnas griten que no pudieron con nosotros, que no nos rendimos”, gritó, mientras se escuchaba de fondo un sonoro “volveremos, volveremos”, un canto típicamente peronista.

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