Qatar media en la formación de un Gobierno talibán que tenga legitimidad

El enviado de Doha juega la baza del reconocimiento internacional frente al aislacionismo de los sectores islamistas más radicales

Dos afganas pasan junto un puesto de venta de banderas y carteles con la imagen de líderes talibanes el jueves en Kabul.
Dos afganas pasan junto un puesto de venta de banderas y carteles con la imagen de líderes talibanes el jueves en Kabul.AP

Qatar está mediando para la formación de un nuevo Gobierno en Afganistán, tras la toma del poder por los talibanes. El enviado especial catarí Motlaq Bin Majid al Qahtani se ha reunido en Kabul con representantes de esos fundamentalistas y con dirigentes políticos ajenos a ellos, como el expresidente Hamid Karzai, para impulsar un sistema político que permita su reconocimiento internacional. Queda por ver si logra ganar la partida a Pakistán, que apoya al sector más radical del grupo, mucho menos proclive a hacer concesiones.

Tanto Karzai como Abdullah Abdullah, el jefe del Consejo para la Reconciliación Nacional, han difundido fotos de su reunión con Al Qahtani a través de las redes sociales. El objetivo, según Karzai, es lograr “un sistema con legitimidad nacional e internacional que refleje el deseo de los afganos”. Abdullah, por su parte, da las gracias a Qatar por sus “continuos esfuerzos por la paz”.

No hay imágenes de la cita de Al Qahtani con los talibanes, pero el viceprimer ministro y ministro de Exteriores catarí, el jeque Mohamed Bin Abdulrahman al Thani, ha dicho esta semana que su país había “respondido a una petición para mediar”, sin especificar por parte de quién. “Hay muchos esfuerzos entre bambalinas”, confía un diplomático catarí.

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Para Ali Bakir, profesor del Centro Ibn Khaldon de la Universidad de Qatar, se trata de una extensión del “papel crucial que tuvo en el acuerdo entre EE UU y los talibanes” el año pasado. “Qatar considera que debe haber una transición pacífica de poder junto a un acuerdo político que tenga en consideración a todas las partes afganas. Eso exige que las partes dialoguen y en eso es en lo que Doha está ayudando”, explica en un intercambio de mensajes.

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Qatar acogió hace ocho años una oficina política de los talibanes, lo que permitió al rico Estado del Golfo establecer buenas relaciones con sus dirigentes políticos. De ahí su implicación tanto en el acuerdo en el que Washington se comprometió con la milicia a retirar sus tropas de Afganistán, como en las negociaciones intraafganas que siguieron. Estas no lograron evitar, sin embargo, el avance talibán sobre el terreno y la desintegración del Gobierno de Ashraf Ghani.

Faiz Mohammad Zaland, un analista afgano próximo a los talibanes a quien cita Shamshad News, asegura que “se está debatiendo celebrar en Qatar una conferencia al estilo de Bonn, en la que todos los políticos se unan a los talibanes y anuncien la formación de un nuevo Gobierno”. En diciembre de 2001, después de que la intervención de EE UU derribara al primer régimen talibán, Bonn acogió la conferencia de líderes afganos auspiciada por la ONU en la que se designó a Karzai al frente del Gobierno provisional.

De momento, las autoridades cataríes mantienen la discreción sobre el contenido de los contactos. “Creemos firmemente que una solución política integral que brinde estabilidad y seguridad al Afganistán solo es posible mediante la diplomacia y el diálogo”, ha declarado el jeque Thamer al Thani, vicedirector de la Oficina de Comunicación del Gobierno. Para este portavoz, también “es importante que se alcance lo antes posible, salvaguardando los avances del pasado y sin comprometer la seguridad de los afganos”. Según informaba este viernes Al Jazeera de fuentes talibanas, los milicianos han pedido ayuda a Doha para mantener operativo el aeropuerto de Kabul.

Los talibanes, que desde su entrada en Kabul intentan presentar una imagen moderada, han dicho que quieren formar un Gobierno incluyente y hecho gestos hacia las minorías. Sin embargo, las denuncias de abusos de sus milicianos recuerdan el brutal régimen que impusieron entre 1996 y 2001, cuando la intervención estadounidense les echó del poder. En el mejor de los casos, existe una importante brecha entre los planes de los dirigentes políticos y las expectativas de sus combatientes y seguidores.

Según Bakir, “Qatar considera que los talibanes tienen que cumplir ciertos requisitos para garantizar un Afganistán seguro y estable, por un lado, y granjearse el reconocimiento internacional del próximo Gobierno, por otro”. La preocupación de los países occidentales va desde que el país no se convierta de nuevo en una refugio de terroristas, como hace temer el atentado del jueves, hasta que las nuevas autoridades respeten los derechos humanos, en particular de las mujeres.

Fuentes diplomáticas europeas se muestran escépticas sobre las posibilidades de Doha. “El papel clave lo tiene ahora Pakistán. Qatar ha llevado a cabo una mediación infructuosa durante meses”, afirma un interlocutor.

Pesa para ello el papel crucial de los militares paquistaníes desde los orígenes del movimiento talibán en los años noventa del siglo pasado hasta su entrada en Kabul el pasado día 15. Sus servicios secretos han facilitado a los milicianos afganos el entrenamiento, la logística y las bases de retirada durante todo este tiempo, creando fuertes lazos con los jefes guerrilleros. La arriesgada apuesta de Islamabad tiene mucho que ver con su rivalidad con India y el deseo de negar a esta una presencia en su frontera occidental.

Bakir admite que “Doha no tiene los instrumentos para presionar a los talibanes”. Aun así, en la medida en que el grupo busca el reconocimiento internacional y asistencia económica, Qatar supone una alternativa más atractiva que Pakistán. Pero hay que contar también con otros factores. Irán, Rusia y China, que han celebrado la salida de EE UU, tienen sus propios intereses. Pekín prefiere sin duda a Pakistán, donde cuenta con importantes inversiones.

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Sobre la firma

Ángeles Espinosa

Corresponsal para los países ribereños del golfo Pérsico, ahora desde Dubái y antes desde Teherán. Especializada en el mundo árabe e islámico. Ha escrito El tiempo de las mujeres, El Reino del Desierto y Días de Guerra. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense (Madrid) y Máster en Relaciones Internacionales por SAIS (Washington DC).

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