Trump prepara la batalla para las elecciones legislativas de 2022: “Están destruyendo EE UU”

El expresidente republicano vuelve a escena tras meses sin actos públicos para lanzar un duro discurso contra Biden, al que acusa de haber abierto la frontera a la inmigración ilegal, y agita de nuevo el bulo del fraude

Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, durante su discurso este sábado en Carolina del Norte.
Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, durante su discurso este sábado en Carolina del Norte.Chris Seward (AP)

Donald Trump regresó al escenario este sábado por la noche, tras meses recluido en su mansión de Florida sin actos públicos, y lanzó un discurso lleno de dinamita contra la Administración de Joe Biden que sentó las bases de la campaña que prepara de cara a las elecciones legislativas de 2022, cuando los republicanos tratarán de recuperar el control de la Cámara de Representantes y del Senado con el fin de maniatar al presidente demócrata. “Están destruyendo nuestro país ante nuestros ojos”, dijo nada más comenzar su intervención en la convención republicana de Carolina del Norte.

En el acto, y durante más de una hora, Trump acusó a Biden de haber “abierto la frontera completamente” a los inmigrantes sin papeles, clamó contra el Gobierno “de izquierda más radical de la historia” de Estados Unidos y azuzó el fantasma del fraude electoral en 2020, asegurando que votaron “miles de inmigrantes ilegales” y de personas supuestamente muertas. Fue, dijo, “el crimen del siglo”.

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El expresidente republicano, que sigue sin reconocerse perdedor de las elecciones presidenciales, amagó de nuevo con la idea de presentarse de nuevo en 2024, pero sobre todo, demostró que ya tiene la mirada -y la maquinaria- puesta en la próxima cita con las urnas: “La supervivencia de Estados Unidos depende de nuestra capacidad de elegir a republicanos a todos los niveles, empezando por las elecciones de medio término el año que viene”, dijo en el centro de convenciones de Greenville (Carolina del Norte). Su último discurso público tuvo lugar el 28 de febrero, en la clausura de la Conferencia de Acción Política Conservadora.

La noche tuvo mucho de déjà vu. Sonaba la lista de canciones habitual previa a sus mítines, con My heart will go on, de Titanic, y él apareció en el escenario con una hora de retraso, con su inconfundible corbata roja, mientras sonaba el habitual tema country de cada inicio de discurso, God bless the USA, (Dios bendiga a Estados Unidos) de Lee Greenwood. Recalcó que había dejado en herencia a Biden una economía en estado de gracia -hasta que la pandemia paralizó la actividad- y criticó los recientes ciberataques que han sufrido importantes empresas, como el gran oleoducto de la costa Este, como un signo de debilidad.

Desde que le expulsaron de las redes sociales y dejó la Casa Blanca, Trump ha desaparecido del foco mediático. No ha intervenido actos públicos, las menciones sobre él se han desplomado hasta un 95% en las principales plataformas, según un cálculo que hizo The Washington Post, y el blog que abrió hace un mes para congregar a sus fieles y recuperar el tirón del ciberespacio ha cerrado con magros resultados. Facebook anunció el viernes que mantendrá suspendida su cuenta durante dos años más -responsabilizado de alentar la violencia el día del asalto al Capitolio del 6 de enero- con la idea de revisar la decisión en 2023.

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En paralelo, sin embargo, su poder sobre el Partido Republicano se ha consolidado. La defenestración de Liz Cheney del liderazgo de la formación en la Cámara de Representantes consumó este dominio. Cheney, congresista por Wyoming e hija del exvicepresidente Dick Cheney (en la Administración de George W. Bush), batallaba abiertamente contra el bulo de fraude electoral que Trump y sus acólitos siguen agitando nueve meses después de los comicios presidenciales. Si se estaba librando una batalla por el alma del Grand Old Party (Viejo Gran Partido) de Abraham Lincoln, lo ganó Trump.

Él sigue jugando con las expectativas de cara a 2024, deslizando por aquí y por allí la idea de que podría volver a presentarse a las elecciones presidenciales, algo que apenas tiene precedentes en la historia de mandatarios que pierden en las urnas. “La próxima que esté en la Casa Blanca, no habrá más cenas con Mark Zuckerberg [presidente de Facebook], a petición suya, y su esposa. ¡Solo será trabajo!”, afirmó en un comunicado de tres líneas el viernes, tras anunciarse la decisión de esta red social.

Todas las encuestas que se han hecho hasta la fecha lo sitúan ganador de unas eventuales primarias republicanas celebradas ahora, frente a aspirantes como su vicepresidente, Mike Pence, o la exembajadora ante Naciones Unidas Nikkey Haley. Desde su retiro en la mansión de Mar-a-Lago, en Florida, sigue recibiendo a miembros del partido, otorga y niega respaldos a candidatos en carreras estatales a través de comunicados y organiza veladas de recaudación de fondos para su Comité de Acción Política, llamado Salven a América, con el fin de sufragar su actividad política pospresidencial.

Esta noche repitió varias veces el lema con el que se lanzó a la carrera por la Casa Blanca en 2016: “América, primero”. Y acusó a Biden de lastrar su legado. “Estados Unidos es despreciado y humillado en el mundo”, dijo. Al terminar, sonó YMCA, de los Village People, y al son de “Young man, there’s no need to feel down, I said young man, pick yourself off the ground... (”Joven, no hay necesidad de sentirse triste; joven, levanta del suelo…)” se despidió, probablemente, por poco tiempo.

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Sobre la firma

Amanda Mars

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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