Los Verdes de Alemania eligen a Annalena Baerbock para disputar la cancillería al partido de Angela Merkel

Los ecologistas se acercan en las encuestas a la CDU ante las elecciones de septiembre

Angela Merkel habla con Annalena Baerbock, la nueva candidata de los Verdes, durante una sesión del Parlamento alemán en enero de 2020.
Angela Merkel habla con Annalena Baerbock, la nueva candidata de los Verdes, durante una sesión del Parlamento alemán en enero de 2020.FILIP SINGER (EFE)

Los Verdes quieren gobernar Alemania, y nunca hasta ahora lo habían tenido tan cerca. En esa idea insistió Annalena Baerbock, copresidenta del partido y, desde este lunes, su candidata a las elecciones generales que se celebran el próximo 26 de septiembre, las primeras en 16 años sin Angela Merkel y con la formación conservadora, que ha liderado la política nacional en las últimas décadas, en sus horas más bajas. “Lo tenemos en la mano”, dijo Baerbock en un breve discurso tras anunciarse que será ella y no el otro líder del partido, Robert Habeck, quien capitanee a la formación ecologista hacia la Cancillería.

Los Verdes son actualmente la segunda formación en intención de voto tras el bloque conservador que forman la CDU y su partido hermano bávaro, la CSU, lo que hace de Baerbock una seria aspirante a convertirse en la primera canciller verde de Alemania. A diferencia de los conservadores, que mantienen desde hace más de una semana una feroz lucha interna entre las dos formaciones para designar a un candidato, los Verdes han tomado la decisión de forma amistosa y fuera de los focos. Los dos copresidentes, Baerbock y Habeck, querían ser candidatos. Los sondeos daban mayor aprobación a Habeck, de 51 años, pero finalmente el partido se ha decidido por Baerbock, de 40 años, sin experiencia de gestión pero considerada una estrella emergente de la política alemana.

Habeck fue el encargado de anunciar la nominación de Baerbock, que tendrá que ser confirmada en junio en el congreso del partido, aunque se da por seguro que así ocurrirá. Ambos líderes pertenecen a la corriente pragmática de los Verdes, que desde hace unos años ha arrinconado en el liderazgo del partido al ala más fundamentalista. “Nuestra oferta consiste en trabajar juntos por un país más justo y más ecológico”, dijo Baerbock en el acto de presentación de la candidatura. Baerbock insistió en la idea de la cooperación y el trabajo en equipo de una nueva forma de hacer política: “No vamos a ponernos la zancadilla unos a otros”, dijo, en referencia a la grave crisis que ha provocado en los conservadores la pelea por la candidatura entre Armin Laschet, el líder de la CDU, y el presidente de Baviera, Markus Söder.

Baerbock, nacida cerca de Hannover, en el noroeste del país, era prácticamente una desconocida cuando fue elegida copresidenta de los Verdes en 2018. Exatleta, estudió Ciencias Políticas y Derecho en Hamburgo, hizo un posgrado en Derecho Público Internacional en la London School of Economics y trabajó tres años como asesora en el Parlamento Europeo de la eurodiputada verde Elisabeth Schroedter. Es diputada del Parlamento alemán desde 2013, donde llevó cuestiones relacionadas con energía y economía. Casada y con dos hijos, vive en Potsdam, cerca de Berlín. Aunque Habeck es más carismático, Baerbock se ha ganado el respeto de su partido por su preparación y por cómo expone sus ideas, con claridad y convicción.

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Todos los sondeos apuntan a que los Verdes serán la segunda fuerza política en los comicios de septiembre, por detrás de la CDU de Merkel, pero por delante de los socialdemócratas del SPD. Las encuestas le dan entre un 20 y un 23% de intención de voto —era un 11% en 2018, cuando Baerbok y Habeck fueron elegidos copresidentes—, pocos puntos porcentuales por detrás de los conservadores, que se mueven entre el 27 y el 28% y llevan una tendencia a la baja después de los escándalos de corrupción en sus filas, los malos resultados en dos elecciones regionales en marzo y la titubeante gestión de la crisis del coronavirus desde que empezó la segunda ola. El SPD está entre el 14 y el 17%.

Los Verdes serán un partido decisivo en el panorama político alemán, y europeo, a partir de septiembre. Si mantienen los números que apuntan las encuestas, podrían conseguir algo que hasta hace unos meses era impensable: desalojar a la CDU de Merkel del Gobierno y liderar una mayoría en el Bundestag. En su programa electoral, cuyo borrador dieron a conocer hace dos semanas, no se aprecia ninguna preferencia de coalición. En el pasado sí se mostraron a favor de pactar con los socialdemócratas.

Hay muchas opciones posibles: desde una alianza con los conservadores, inédita a nivel federal, hasta un acuerdo con el SPD y los liberales del FDP o con Die Linke (La Izquierda). Los Verdes quieren acelerar el fin del carbón y aumentar los impuestos a las empresas contaminantes. En cuanto a la reducción de las emisiones de CO2, creen que los planes de Merkel se quedan cortos. Hasta ahora Alemania se había propuesto emitir un 55% menos de CO2 (con respecto a los niveles de 1990) para 2030 y los Verdes quieren subir ese porcentaje al 70%. Proponen también incrementar el gasto en infraestructuras y que la recuperación económica se base en la sostenibilidad y la protección del medio ambiente.

Hasta ahora, la única responsabilidad de Gobierno a nivel federal que han tenido los Verdes fue la coalición con los socialdemócratas del SPD entre 1998 y 2005. El canciller Gerhard Schröder pactó dos legislaturas con el ecologista Joschka Fischer, que fue vicecanciller y ministro de Exteriores. Los Verdes tienen la presidencia de uno de los 16 Estados federados alemanes, Baden-Württemberg. El mes pasado su carismático líder, Winfried Kretschmann, ganó por tercera vez las elecciones regionales.

El candidato a canciller del SPD, Olaf Scholz, felicitó a Baerbock en Twitter: “Espero una competición emocionante y justa por la mejor noción para el futuro de nuestro país”. La canciller, Angela Merkel, mandó su felicitación a través de su portavoz en la rueda de prensa de su Gobierno.

Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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