Arabia Saudí y Emiratos Árabes confían en que Biden se distancie de Obama en Oriente Próximo

La alianza frente a Irán surgida tras el acuerdo nuclear espera que la nueva Administración estadounidense le consulte si reanuda las negociaciones

Biden durante su primera conferencia de prensa como presidente de EE UU, el pasado viernes en Washington.
Biden durante su primera conferencia de prensa como presidente de EE UU, el pasado viernes en Washington.Al Drago / Pool via CNP / Splash / GTRES

La elección de Joe Biden como presidente de Estados Unidos el pasado noviembre suscitó inquietud en Oriente Próximo, en especial en la alianza antiraní forjada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) con Israel bajo la égida de Donald Trump. No obstante, los dirigentes árabes han dado muestras de pragmatismo y dirigido sus esfuerzos a mantener canales de influencia. Con Biden ya instalado en la Casa Blanca, su esperanza (y su obsesión) es que la nueva Administración no sea una versión de la de Barack Obama, de cuyas filas proceden bastantes de sus cargos.

“Los próximos cuatro años del presidente Biden no debieran ser un mero regreso al mandato de Barack Obama”, sugería el editorial de The Gulf News, el diario de mayor circulación en EAU, el pasado miércoles, día de la inauguración presidencial. La misma reflexión han repetido otras publicaciones y comentaristas de la región, donde el control estatal de los medios los convierte en altavoz de las posiciones oficiales.

Obama no dejó buen recuerdo en Oriente Próximo. Arabia Saudí y Emiratos Árabes sintieron que el acuerdo nuclear de 2015 con Irán se hizo a sus espaldas y apoyaron con Israel la decisión de Trump de abandonarlo, en 2018. Pero el acercamiento del demócrata a su archienemigo no fue el único motivo de desencuentro. Los autócratas de la región tampoco le perdonaron que dejara caer a Hosni Mubarak en 2011 ante la presión de las revueltas populares egipcias. Al mismo tiempo, su falta de apoyo a estas también defraudó a quienes se ilusionaron dos años antes con su discurso Un nuevo comienzo pronunciado en El Cairo.

“En nuestra encuesta sobre las prioridades del mundo árabe para la próxima Administración Biden, el 53% de los consultados dijeron que Obama dejó la región en peor estado y el 58% que Biden debiera distanciarse de algunas de las políticas de la era Obama”, recordaba esta semana Faisal J. Abbas, el director del diario saudí Arab News, en un artículo de portada titulado El equipo Biden empieza con buen pie.

Al menos eso es lo que les interesa destacar a los analistas árabes que se han apresurado a encontrar señales de esperanza en los primeros pasos de la nueva Administración. Celebran el regreso de EE UU a la Organización Mundial de la Salud y el Acuerdo del Clima de París. Pero, sobre todo, aplauden cualquier gesto que matice la declarada voluntad de Biden de reactivar el acuerdo nuclear.

“El nominado para secretario de Estado, Antony Blinken, ha dicho que consultará con los Estados del Golfo e Israel antes de volver a negociar con Irán”, destaca Abbas. Las palabras de Blinken en la audiencia de confirmación ante el Senado el pasado martes sonaron como música celestial en Riad y Abu Dhabi, para quienes una eventual negociación debe incluir el apoyo de Teherán a las milicias chiíes de Oriente Próximo y su programa de misiles. El candidato aseguró que frenar a la República Islámica va a ser uno de los ejes de la agenda de Biden en Oriente Próximo y que aún hay un “largo camino” para que EE UU se reincorpore al pacto nuclear firmado en 2015.

En esa misma línea, el ministro de Exteriores saudí, el príncipe Faisal Bin Farhan, se ha mostrado convencido de que las relaciones con la nueva Casa Blanca serán “excelentes”. Los nombramientos de Biden, ha dicho a la cadena Al Arabiya, muestran “entendimiento de su Administración hacia los problemas comunes”.

Pese a ser central, Irán no es la única preocupación saudí. Sus portavoces también han mostrado inquietud por las indicaciones de que el flamante presidente planea revertir la designación como grupo terrorista de los rebeldes Huthi de Yemen, adoptada en el último día de Trump en la Casa Blanca, y cesar su apoyo a la guerra que el Reino del Desierto libra en ese país.

Otra área de potencial conflicto son los derechos humanos. Biden dijo que no iba a pasar por alto el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, como hizo su predecesor. Ahora su nominada para dirigir la Agencia Nacional de Inteligencia, Avril Haines, ha declarado ante el Senado que, si es confirmada, hará público el informe secreto sobre el caso que elaboró la CIA y que, según filtraciones a medios estadounidenses, responsabiliza al heredero saudí, el príncipe Mohamed Bin Salmán.

“No es posible saber con certeza cuáles serán los próximos pasos. Pero el temor puede ser exagerado, igual que considerar que las políticas de Biden serán una extensión de las de Obama”, escribe por su parte Abdulrahman al Rashid, exdirector del periódico panárabe Al Sharq Al Awsat, a la vista del regreso de muchas caras conocidas. Al Rashid considera “casi imposible regresar al estado de cosas que dejó Obama” porque desde el fin del último mandato del demócrata se han producido importantes cambios en la región, entre los que destaca la entrada de Rusia en el conflicto de Siria, los ataques iraníes a intereses estadounidenses en Irak, la amenaza iraní al transporte marítimo del petróleo y la alianza del Golfo con Israel frente a Teherán.

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