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Italia y Francia formalizan su reconciliación tras un año de tensiones por Salvini

El presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, sellan la paz con una reunión en Nápoles

Emmanuel Macron y Giuseppe Conte caminan este jueves por Napolés.
Emmanuel Macron y Giuseppe Conte caminan este jueves por Napolés. AFP

La brecha diplomática que se abrió entre Francia e Italia con el anterior Ejecutivo es cosa del pasado. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, recibió ayer en Nápoles al presidente francés, Emmanuel Macron, para celebrar una cumbre bilateral, la primera en dos años. “Hemos conseguido encontrar un camino común”, aplaudió Macron. El encuentro escenifica el carpetazo definitivo a unas tensiones que se prolongaron desde mediados de 2018 hasta septiembre pasado por la falta de sintonía con el líder de La Liga, Matteo Salvini.

La salida del Gobierno italiano del líder ultra allanó el camino para retomar la cooperación entre ambos países. En septiembre de 2019, con una visita de Macron a Conte, líder de un nuevo Gobierno en alianza con el centroizquierda y con una clara voluntad de ruptura del legado de la anterior coalición con la ultraderechista Liga, comenzó a fraguarse una vuelta a la normalidad que ahora culmina con la firma de varios acuerdos bilaterales interministeriales. En los pactos, de diversa temática, se abordan cuestiones como la inmigración, la cultura o la economía.

La sintonía entre los dos dirigentes, que antes de la reunión pasearon juntos por la ciudad de Nápoles e intercambiaron regalos, fue total también en algunos temas hasta ahora controvertidos entre París y Roma. Ambos dirigentes mostraron su compromiso para implantar en Europa un mecanismo permanente y no eventual, como sucede ahora, para gestionar los flujos migratorios, “desde el desembarco, hasta la distribución de los migrantes pasando por la gestión de las repatriaciones e incluyendo una colaboración con los países de origen y tránsito”, apuntó Conte.

Las tensiones con Macron marcaron el periodo de Salvini como ministro del Interior y hombre fuerte de la coalición gubernamental italiana entre su partido, La Liga, y el Movimiento 5 Estrellas. Desde el primer momento, tanto Macron como Salvini —autoerigidos en líderes respectivos de la Europa liberal y europeísta, y la nacionalista y euroescéptica— buscaron la polarización. El principal motivo de desacuerdo fue la política migratoria en la Unión Europea.

Otro de los temas clave sobre la mesa de los dos países es la crisis de Libia, un país en guerra, en el que tanto Roma como París tienen grandes intereses políticos, económicos y estratégicos y no siempre compartidos. “Es fundamental que promovamos procesos de pacificación juntos y que trabajemos por que se consiga un alto el fuego y se respete el embargo de armas”, apuntó el primer ministro italiano. Y subrayó la necesitad de llevar a la práctica el compromiso de la conferencia de Berlín del pasado enero, en la que los líderes de Rusia, Turquía, Alemania, Italia y Francia entre otros países acordaron frenar la injerencia militar y política de potencias extranjeras en el polvorín del país. “La cooperación entre Italia y Francia será fundamental para que se respete el embargo de armas”, señaló Macron.

Ambos representantes coincidieron en calificar el reinicio de las relaciones bilaterales como “un elemento de equilibrio para la Unión Europea”. “Italia y Francia quieren trabajar juntas para hacer a la UE más solidaria, más segura, más social, más respetuosa con el medioambiente y también más fuerte en el mundo”, afirmó Conte.

“Con Francia”, añadió el primer ministro italiano, “compartimos el objetivo de llegar a una unión bancaria europea y trabajamos juntos para reducir las distancias entre los diferentes países europeos en esta cuestión”. Aunque el presidente francés siempre mantuvo un canal abierto con su homólogo italiano, Sergio Mattarella, uno de los artífices de la reconciliación, hubo un tiempo que entre Francia e Italia todo eran ficciones. El control de fronteras, el apoyo del anterior Gobierno de Roma a los chalecos amarillos o los insultos continuos de Matteo Salvini al presidente francés estuvieron a la orden del día.

 

Acusaciones e injerencias mutuas

Que el trasfondo del desacuerdo entre Francia e Italia era ideológico quedó claro en las múltiples acusaciones e injerencias entre los dos países. Macron calificó de “lepra nacionalista” al campo de Salvini y este, aliado con la líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, declaró sus simpatías con el movimiento de los chalecos amarillos, uno de cuyos objetivos era la caída de Macron. El momento más crítico sucedió en febrero de 2019, tras la visita de Luigi Di Maio, vice primer ministro italiano, a representantes del movimiento. El incidente llevó a París a llamar a consultas a su embajador en Roma, la primera vez que ocurría desde 1940. Aunque Italia vuelve a aparecer ahora como un aliado de Francia, la fragilidad de su Gobierno y la incertidumbre sobre su duración dificultan los proyectos a largo plazo.

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