Bolivia

Bolivia comienza la campaña municipal y regional con tensiones en el partido de Evo Morales y en la oposición

La expresidenta interina Jeanine Áñez y el ultraconservador Luis Fernando Camacho aspiran a la gobernación de dos departamentos

El expresidente de Bolivia, Evo Morales, en un evento en noviembre pasado.
El expresidente de Bolivia, Evo Morales, en un evento en noviembre pasado.UESLEI MARCELINO / Reuters

Otra campaña electoral comienza en Bolivia. El país andino, que acaba de elegir a su nuevo presidente, Luis Arce, representante del partido de Evo Morales, reemplazará ahora a sus alcaldes, concejales, gobernadores y miembros en las Asambleas departamentales, que han tenido un año de prórroga de mandato por la pandemia. Unos 20.000 postulantes de todo tipo se han inscrito para llenar los 5.000 cargos vacantes. Las elecciones serán el 7 de marzo de 2021, si el rebrote de la covid-19 que Bolivia ha comenzado a sufrir lo permite. La precampaña ha estado marcada por tensiones en el seno del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido del expresidente y entre las candidaturas de la oposición.

La figura más llamativa de las listas de oposición es la expresidenta interina Jeanine Áñez, que aspira a ser la gobernadora de su región natal, Beni, en el noroeste. Áñez está en la mira Movimiento al Socialismo (MAS), que quiere enjuiciarla por supuestos crímenes contra los derechos humanos durante su gestión. “Yo estaba en la disyuntiva de quedarme en mi casa y asumir mi rol de expresidenta o aceptar la candidatura a la Gobernación; opté por lo segundo”, dijo en su discurso de lanzamiento. Para poder inscribirse tuvo que renunciar a su partido, con el que estaba en malas relaciones desde hace tiempo, y postular por otra organización de centroderecha. Prometió diferenciarse de los “politiqueros del pasado” y dar una ayuda en efectivo a los benianos, que como todos los bolivianos se encuentran agobiados por la crisis económica y de salud.

Otro importante candidato opositor es Luis Fernando Camacho, el líder ultraconservador de las protestas que antecedieron al derrocamiento del presidente Evo Morales el 10 de noviembre de 2019. Camacho también ha sido denunciado judicialmente por el MAS, que lo acusa de haber montado un golpe de Estado contra Morales. Ahora será “el candidato de unidad” contra el partido del expresidente a la gobernación de Santa Cruz, la más rica del país. Camacho obtuvo la mayoría de los votos en esta importante plaza en las elecciones presidenciales del 18 de octubre.

Si la oposición se halla relativamente unida en Santa Cruz, no lo está en cambio en el resto del país, donde múltiples candidaturas antioficialistas compiten entre sí. En La Paz, por ejemplo, 17 frentes compiten para convertirse en la mejor opción “contra el MAS”. Pero la unidad no solo ha sido difícil de lograr para los opositores. El Movimiento al Socialismo también ha vivido un proceso muy intenso y conflictivo de selección de candidatos, en el que a menudo dos o más bandos internos se han enfrentado fuertemente. Evo Morales admitió que estaba teniendo más dificultades que nunca para confeccionar la lista de candidatos, una tarea que siempre ha sido difícil en el partido que dirige. “Donde hay convicción no hay peleas, donde hay ambición hay mucha pelea. ¿Por qué ambición? Porque falta todavía formación ideología, es la debilidad que tenemos”, explicó a la prensa. En una de las reuniones de dirigentes, uno de los asistentes arrojó una silla de plástico al escenario, que cayó sobre el expresidente. Este hecho fue interpretado por sus rivales como una prueba del decaimiento de su influencia política.

El desorden en esta y otras reuniones había sido causado por lo que las bases del MAS llaman el “dedazo”, es decir, la designación por la dirección del partido de los candidatos, sin tomar en cuenta las preferencias de los militantes de ciudades y pueblos. Morales asegura que no ha manipulado a nadie ni definido las candidaturas, algo que para algunos observadores tiene bastante asidero, ya que, con las bases del MAS en un estado de gran agitación, el expresidente ha tenido que hacer muchas concesiones y de ello han surgido candidaturas con apoyo democrático que no son las mejores desde el punto de vista del marketing político. En opinión del analista Pablo Stefanoni, una de las características del MAS que más aprecian sus militantes -que provienen de los sectores bajos de la población, en su mayoría indígenas- es su condición de instrumento eficaz para su acceso al Estado.

Quizá Morales ya no pueda definir todos los nombres, pero en cambio todavía tiene un fuerte poder de veto. Su oposición a la candidatura de Eva Copa a la alcaldía de El Alto, la única ciudad del país en la que el MAS arrasó en las últimas elecciones, causó que esta exsenadora, que cuenta con un gran apoyo de las organizaciones vecinales, postule con otra organización política, lo que le costará la expulsión de su partido. Copa fue la presidenta de la Asamblea Legislativa durante el gobierno interino de Áñez. Durante este periodo tuvo mucho poder y una conducta relativamente autónoma respecto de Morales, lo que terminó distanciándola de él. El desgaje del MAS es un hecho poco frecuente, ya que una de las claves de la fortaleza de este partido ha sido hasta ahora su capacidad de tener múltiples facciones sin romper con ninguna. Algunos analistas piensan que puede dar inicio a la formación de una opción de izquierda al MAS, alternativa que hasta ahora no ha existido.

La lucha interna en el oficialismo ha aumentado porque en las recientes elecciones presidenciales el MAS ganó 300 de los 342 municipios y obtuvo la mayoría en seis de las nueve regiones que tiene el país. Por tanto, defender la bandera de este partido en estos nuevos comicios es una carta segura de triunfo en todas partes excepto en las grandes ciudades capitales. Justamente por eso, la oposición está particularmente fragmentada en estas urbes. Otra causa de las luchas internas del MAS es la crisis económica que vive el país, que este año decrecerá en más del 9% de su Producto Interno Bruto. La crisis ha tornado la política en la única vía de movilidad social e incluso de supervivencia económica para muchos.

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