Bolivia enfrenta un duro rebrote de la covid-19 sin recurrir a una nueva cuarentena

Las autoridades recogen cadáveres sospechosos de haber contraído el virus en calles y viviendas. El Gobierno quiere evitar las restricciones adoptadas en la primera ola

El trabajador de una funeraria empuja una carreta con el ataúd de un fallecido por coronavirus, el pasado mes de julio en Cochabamba.DIEGO CARTAGENA (AFP)

El periodo de alivio y de recuperación de la normalidad ha terminado en Bolivia. La covid-19 vuelve a golpear al país andino. En los últimos días se ha registrado un rápido aumento de casos: de decenas por día a más de un millar el 23 de diciembre. Los epidemiólogos afirman que la tendencia seguirá en aumento. Las autoridades gubernamentales hablan de “rebrote” y calculan que el aceleramiento de la enfermedad llegará a un nuevo “pico” en febrero. Sin embargo, se niegan a decretar una cuarentena que sería rechazada por varios sectores.

Una de las imágenes más horribles de la pandemia ha retornado al país: la Policía ha estado recogiendo de viviendas, incluso de las calles, cadáveres de personas sospechosas de haber contraído el virus. Por lo pronto, son de gente que por alguna razón no quiso o pudo ir a los hospitales, pues todavía tienen disponibilidad de camas. Sin embargo, las unidades de terapia intensiva están de nuevo cerca de su máximo nivel de ocupación, así que pronto habrá pacientes graves que no puedan ser atendidos. En los últimos 14 días se han presentado más de 5.000 nuevos casos, de los cuales unos 750 se complicarán, según las previsiones.

El presidente Luis Arce, elegido el pasado octubre, se ha reunido con los gobernadores de los nueve departamentos o regiones del país para coordinar un plan de acción, en un momento en que la delicada situación de la economía hace muy difícil la adopción de nuevas restricciones a la movilidad de las personas. Arce quiere aumentar la cantidad de pruebas para detectar la presencia del virus, que es considerada insuficiente en todos los estudios sobre la reacción de Bolivia a la pandemia. También ha prometido la importación de seis millones de vacunas con vistas al primer cuatrimestre de 2021. El Gobierno destinará más de 80 millones de dólares a adquirir estas vacunas, que espera comprar de los diferentes laboratorios que las han desarrollado. El Mecanismo de Acceso Mundial a la Vacuna (COVAX) solo permitirá que Bolivia obtenga, gratuitamente, las dosis necesarias para cubrir al 20% de su población, que en su conjunto es de 11 millones.

La oposición ha respaldado los anuncios del Gobierno, aunque se prevé una tormenta política si se tiene que esperar las vacunas más tiempo del prometido. Arce, que está al frente del Gobierno desde el 8 de noviembre, culpa a su antecesora, Jeanine Áñez, de no haber llegado a acuerdos anticipados con los conglomerados productores de los medicamentos. La expresidenta ha replicado que la única solución realista para proveerse de estos es la plataforma COVAX.

El Gobierno está empeñado en enfrentar el rebrote de la covid sin tener que retornar a las medidas excepcionales, que se decretaron en marzo pasado, y que causaron la peor recesión que el país haya sufrido en tiempo de paz. Bolivia terminará el año 2020 con un decrecimiento del 10% del Producto Interno Bruto. En julio, cuando el estado de excepción estaba en pleno vigor, la tasa de desempleo estaba en 11%, el doble que la de 2019. En los últimos meses este indicador ha ido disminuyendo en el mismo ritmo en el que el confinamiento se suavizaba. Se esperaba que en los próximos meses se produjese una recuperación pronunciada de la actividad económica, pero esta puede quedar cortada por la segunda ola.

Una nueva cuarentena sería, además, rechazada por los sectores productivos, en particular de los emprendedores, que son la mayor parte de la fuerza de trabajo. Las personas entrevistadas por los medios, a falta de una encuesta reciente, declaran mayoritariamente que se tiene que seguir trabajando y que el cuidado debe ser personal. Las medidas de distanciamiento se han relajado mucho en todas partes, en particular en el área rural, donde nunca fueron significativas. En Santa Cruz de la Sierra y El Alto, las ciudades más populosas del país y las más golpeadas por el virus, mucha gente ha dejado de usar mascarillas, que faltan incluso en las reuniones de proclamación de candidatos para las elecciones municipales y departamentales (regionales) que se realizarán en marzo, si los contagios no siguen descontrolados. Los políticos han dejado de atacarse mutuamente por esta razón, porque el mal comportamiento es general y no hay distinción entre ideologías.

Una mujer dijo a una televisora local que los bolivianos le perdieron “el miedo a la enfermedad”, que ya saben cómo “atenderse a sí mismos” con medicamentos como la ivermectina y el dióxido de cloro, que no están probados científicamente pero se encuentran reconocidos como beneficiosos para recuperarse de la covid. Acudir a estas y otras soluciones caseras y apoyarse de forma comunitaria con transfusiones de plasma hiperinmune ha sido la respuesta ciudadana ante las enormes carencias de los servicios de salud pública. Al menos 140 médicos y enfermeros que atendían pacientes con covid han muerto.

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