Johnson anuncia el mayor gasto en defensa del Reino Unido desde el fin de la Guerra Fría

El primer ministro británico promete destinar 18.000 millones de euros en los próximos cuatro años para renovar la capacidad militar. “Volveremos a ser la primera potencia naval de Europa”, asegura

Boris Johnson visita unas instalaciones militares en Salisbury (Inglaterra) el pasado 19 de septiembre.
Boris Johnson visita unas instalaciones militares en Salisbury (Inglaterra) el pasado 19 de septiembre.BEN STANSALL / AFP

Boris Johnson está dispuesto a hacer el amor y la guerra para rescatar al Reino Unido de la crisis económica provocada por el coronavirus. Veinticuatro horas después de anunciar su “revolución verde” —la promesa de una inversión masiva en fuentes de energía sostenible—, el primer ministro británico ha presentado este jueves en la Cámara de los Comunes sus planes para volver a ser “la primera potencia naval de Europa” con una revisión de los gastos en defensa que promete incrementarlos durante los próximos cuatro años en casi 16.500 millones de libras (18.000 millones de euros) más de los ya previstos. La inversión anunciada es la mayor desde el fin de la Guerra Fría y contiene un doble mensaje, interno y externo. El primero, con la promesa de más empleo, va dirigido a la ciudadanía. El segundo, por el enorme simbolismo del compromiso, apunta expresamente al futuro ocupante de la Casa Blanca, Joe Biden. El Reino Unido podrá abandonar el club de la Unión Europea, sí, pero mantendrá firme su compromiso con la OTAN y su aliado transatlántico.

“Revitalizar nuestras Fuerzas Armadas es uno de los pilares de la ambición de este Gobierno por proteger los intereses y valores del Reino Unido, por fortalecer nuestra influencia global y por reforzar nuestra capacidad de permanecer junto a Estados Unidos y otros aliados para defender las sociedades libres y abiertas”, ha asegurado Johnson, en una intervención carente de la épica prevista, al verse obligado a hacer el anuncio por videoconferencia. El político permanece aislado en Downing Street después de haberse reunido, la semana pasada, con un diputado conservador que acabó dando positivo por coronavirus.

Los planes de gasto buscan incrementar la capacidad del Reino Unido para hacer frente a las amenazas del siglo XXI, con un nuevo Comando Espacial de la RAF (Real Fuerza Aérea) con el que se pretende aumentar el número de satélites británicos en el espacio, y hasta el lanzamiento de su primera misión espacial desde su base en Escocia en 2022. Johnson ha anunciado también la creación del Cuerpo Cibernético Nacional, un centro dedicado al desarrollo de inteligencia artificial. Pero la joya de la corona será el propósito proclamado por el primer ministro de “resituar al Reino Unido como la potencia naval líder de Europa”, aunque algunos de los grandes anuncios eran en realidad proyectos ya existentes. Ocho nuevas fragatas Tipo 26, cinco más Tipo 31, un número indeterminado de buques de guerra con defensas antisubmarinas, y hasta una remesa de nuevas naves auxiliares —para el suministro de provisiones y munición a los buques principales— para la Royal Fleet Auxiliary, un proyecto que el Ministerio de Defensa había abandonado previamente por su enorme gasto y reducida utilidad.

“Y todos estos planes serán el estímulo para el renacimiento de la industria naviera británica a lo largo de todo el Reino Unido”, ha prometido Johnson. El sueño de poner en pie los astilleros con los que acabó precisamente un Gobierno conservador, el de Margaret Thatcher, a finales de los años setenta y principios de los ochenta. Y el propósito de reconquistar el respaldo de territorios autónomos como Escocia, Gales o Irlanda del Norte con la promesa de hasta 40.000 nuevos puestos de trabajo. “Proyectos para Glasgow, Rosyth, Belfast, Appledore y Birkenhead, para garantizar empleos e iluminar los beneficios de la unidad del Reino Unido con la luz blanca del soplete de los soldadores de arco”, proclamaba el primer ministro con su irrefrenable tendencia a introducir grandiosidad lírica a cualquier nueva promesa, desde la lucha por la vacuna del coronavirus a la reapertura de los pubs y restaurantes.

“Queda el asunto del dinero. ¿Cómo piensa el Gobierno pagar todas estas inversiones? Porque la gestión de la pandemia ha provocado que el Reino Unido tenga el mayor descenso en su economía de todas las naciones del G7″, ha preguntado a Johnson el líder de la oposición laborista, Keir Starmer. “Este compromiso del aumento del gasto carece de la necesaria estrategia. El Gobierno ha vuelto a echar atrás partidas vitales y no existe ninguna claridad sobre sus prioridades estratégicas”. Starmer, sin embargo, no ha tenido más remedio que expresar su respaldo a unos planes que han sido recibidos con alborozo por el estamento militar británico. “El compromiso anunciado asegura la defensa de nuestro país, da sentido a la visión de una Global Britain [Gran Bretaña Global, el eslogan adoptado por Johnson para expresar su visión de un Reino Unido post-Brexit], y envía un poderoso mensaje a nuestros aliados y a nuestros enemigos”, ha dicho el jefe del Estado Mayor, el general Nick Carter.

El ministro de Economía, Rishi Sunak, tiene que presentar la semana que viene una revisión del gasto público, en la que se verá obligado a admitir que el Reino Unido afronta el mayor hundimiento de las cifras económicas del país desde la Segunda Guerra Mundial. Y aunque el consenso entre las principales instituciones económicas aplaude que la recuperación se logre a través de un espíritu keynesiano de inversiones masivas, también tiene claro que, a medio plazo, será necesaria una subida de impuestos que espanta a la mayoría de diputados del Partido Conservador.

Pero Johnson necesita desplegar cuanto antes una visión de futuro que oculte la errática gestión de la pandemia, deje atrás las guerras internas en Downing Street, ayude a rebajar la amenaza de fragmentación territorial del Reino Unido y, sobre todo, proyecte una imagen de fortaleza en la soledad internacional del país que supondrá el Brexit. El compromiso de elevar el gasto en defensa hasta el 2,2% del PIB y de aumentar la contribución a la OTAN, confía Downing Street, será bien recibido por la nueva Administración de Joe Biden, que hereda y comparte el deseo de anteriores Gobiernos estadounidenses de que Europa se comprometa más en la defensa del orden internacional.

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