CRISIS EN TURQUÍA

El ministro de Finanzas y yerno de Erdogan dimite por Instagram en medio de la progresiva devaluación de la divisa turca

Tras 24 horas de silencio, el presidente acepta la dimisión, que los analistas atribuyen a una lucha por el poder en el seno del Ejecutivo

El ministro de Finanzas turco, Berat Albayrak, presenta su programa económico de medio plazo el pasado septiembre en Estambul.
El ministro de Finanzas turco, Berat Albayrak, presenta su programa económico de medio plazo el pasado septiembre en Estambul.MEHMET ACAR/TURKISH FINANCE MINI / Reuters

Pese a las diatribas contra las redes sociales del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y a sus constantes intentos por censurarlas, la política y la economía de Turquía están profundamente ligadas a ellas: la crisis monetaria turca de 2018 se inició por unos tuits de Donald Trump y, el pasado abril, la dimisión del poderoso ministro de Interior se gestionó también en Twitter. En un paso más, el ministro de Finanzas y yerno del presidente, Berat Albayrak, anunció la tarde del domingo a través de Instagram que dejaba el cargo. Tras meses de devaluación de la divisa turca, los mercados han acogido la noticia con optimismo. Después de más de un día de silencio, el presidente Erdogan ha aceptado la dimisión mediante un escueto comunicado de su director de comunicación.

Pese al raro sistema para presentar su dimisión, fuentes del Ministerio la confirmaron en declaraciones a la BBC y Bloomberg. En su mensaje en Instagram, Albayrak cita “problemas de salud” y la voluntad de pasar más tiempo con sus hijos, esposa y progenitores como razón para apartarse de sus funciones. Sin embargo, la mayoría de analistas creen que se debe a su oposición al nuevo gobernador del Banco Central, el exministro de Finanzas Naci Agbal. El sábado, de forma inesperada, un decreto presidencial anunciaba el despido del hasta ahora gobernador, Murat Uysal, nombrado para el cargo en julio de 2019, cuando Erdogan despidió a su antecesor por no plegarse a sus órdenes. Uysal ha cumplido con su labor —que teóricamente debería ser independiente del Gobierno— siguiendo todas las directrices del presidente, es decir, reduciendo los intereses pese a que los expertos recomendaban un aumento de las tasas para reforzar el valor de una lira en caída libre. Sin la herramienta de los intereses a mano, el Banco Central turco ha tenido que recurrir a la venta de divisas, dejando sus reservas en el nivel más bajo de las últimas dos décadas. Esto hasta que, a principios de otoño, esta política se hizo insostenible y el ministro Albayrak anunció que se abandonaba este método y se dejaba la lira a merced de su libre cotización. Así, el valor de la moneda turca ha seguido cayendo a niveles récord hasta acumular pérdidas de más de un tercio de su valor frente a euro y dólar.

Por si fuera poco, la elección de Joe Biden como presidente de EE UU hace prever que puedan aprobarse las sanciones derivadas de la compra y activación del sistema de misiles defensivos ruso S-400 y del caso Halkbank, un banco turco utilizado para burlar el embargo a Irán. Hasta ahora Trump se había negado a activar las sanciones pese a la presión de los congresistas y líderes del Pentágono que piden mano dura frente a Erdogan. De ahí que el nombramiento de Agbal —una persona que cuenta con la confianza de los mercados y en su primera intervención este lunes ha prometido “transparencia” y una política monetaria “predecible”— deba ser interpretado como un mensaje de que el Banco Central de Turquía está en buenas manos para navegar los posibles efectos negativos que las eventuales sanciones de EE UU o de la UE —que también las baraja— puedan tener en una economía turca ya de por sí en una situación delicada.

Albayrak, que mantenía muy buenas relaciones con Jared Kushner, yerno de Trump y enviado especial para Oriente Próximo, “no soporta” a Agbal y siente que el poder para manejar la cartera de Finanzas se le escapa de las manos, escribe el periodista turco Murat Yetkin en su web Yetkinreport. La intención de Albayrak, prosigue el analista, podría ser tratar de repetir la jugada de su rival y ministro de Interior, Süleyman Soylu, que dimitió el pasado abril por su caótica gestión del primer confinamiento domiciliario de la pandemia, pero lo hizo de tal forma (cientos de personas salieron a la calle para pedirle que continuase) que Erdogan se vio forzado a desestimar su dimisión y confirmarle en el cargo, por lo que su figura política salió reforzada. Albayrak, que lidera un grupo de poder dentro del Gobierno bautizado como “Los Pelícanos”, y Soylu, que cuenta con el apoyo de la ultraderecha nacionalista, son los principales candidatos a suceder a Erdogan, pero el segundo cuenta con más apoyo popular mientras al primero se le culpa de la mala gestión económica de los últimos años, pese a haberse limitado a hacer lo que le dictaba su suegro y presidente.

La falta de respuesta de Erdogan a la dimisión de Albayrak durante más de 24 horas hace pensar que no estaba informado de la decisión que había tomado su yerno, como tampoco fue consultado el yerno del cambio al frente del Banco Central. “Los problemas de familia se convierten así en problemas de Estado”, se quejaba la mañana del lunes Sorel Dagistanli, presentador de un matinal en la emisora Best FM, que pese a ser una radio musical ha tratado el tema mientras la mayoría de cadenas del país se han mantenido silentes. Finalmente, Erdogan aceptó la dimisión del ministro de Finanzas, según informó la Dirección de Comunicación de Presidencia en un comunicado.

La lira ha recibido estos cambios de los titulares del Banco Central y de Finanzas con evidente optimismo: la cotización de la moneda turca ha experimentado una revalorización superior al 6 % frente al dólar y el euro en los mercados de cambio.

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