América

Al menos 17 asesinados en tres masacres en 24 horas en Colombia

Los crímenes se perpetraron entre la noche del viernes y la mañana del sábado en distintos puntos del país

Una manifestante en Bogotá sostiene una cruz durante una protesta contra el incremento de las masacres en Colombia.
Una manifestante en Bogotá sostiene una cruz durante una protesta contra el incremento de las masacres en Colombia.LUISA GONZALEZ / Reuters

Las masacres rutinarias que se creían parte del pasado no dan tregua en Colombia. Al menos 17 muertos dejaron en distintos puntos del país tres “homicidios colectivos”, como las llama el Gobierno de Iván Duque. Se conocieron entre la noche del viernes y la mañana de este sábado. En el episodio más reciente, hombres armados asesinaron a seis jóvenes en el municipio de Tumaco, del departamento de Nariño, fronterizo con Ecuador, informó el gobernador John Rojas, que recibe este sábado al presidente para celebrar un consejo de seguridad. “Es muy triste lo que está pasado, esperamos que con la visita del presidente se tomen las mejores medidas”, señaló al confirmar los hechos que todavía se investigan.

La víspera, seis personas fueron asesinadas en una lejana zona rural de El Tambo, en el departamento del Cauca, también en el occidente del país, según confirmó el alcalde de ese municipio, Carlos Vela. Todavía se desconoce quiénes son los responsables. Cauca y Nariño, cerca del corredor del Pacífico, son dos de las zonas más golpeadas por los grupos paramilitares, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los disidentes de la extinta guerrilla de las FARC que se disputan las rutas del narcotráfico y el control del territorio.

La Defensoría del Pueblo denunció el mismo viernes que en el otro extremo del país habían matado a cinco personas en una zona rural de Arauca, cerca de la frontera con Venezuela. En este caso, las autoridades han apuntado a disidentes de las FARC –guerrilla hoy desarmada y convertida en partido político con las mismas siglas– que se apartaron del proceso de paz, en una región donde también opera el ELN.

“Nos duelen los muertos que deja la violencia producto del narcotráfico y el terrorismo”, escribió en su cuenta de Twitter el presidente Duque sin hacer referencia a ninguna de estas matanzas en particular. “Entre 2010 y 2018, nuestro país vivió 189 homicidios colectivos, y entre 2019 y 2020, 34 hechos de esa naturaleza. Seguiremos combatiendo a disidencias [de las] FARC, ELN, Clan del Golfo, carteles y otros”, señaló. Las cifras de Duque contrastan con otras fuentes. La ONU ha registrado 69 masacres desde 2019, además de otras siete que no ha podido documentar.

El sábado anterior el país ya se había despertado de luto con el asesinato de ocho jóvenes de entre 17 y 26 años baleados en el municipio de Samaniego, también en Nariño, una matanza ocurrida pocos días después de que cinco adolescentes fueran degollados en la ciudad de Cali y sus cuerpos acabaran arrojados a un campo de cultivo de caña de azúcar. Esa cadena de matanzas ha escandalizado a una sociedad que aspiraba a pasar la página de la violencia después del histórico un histórico acuerdo de paz con las FARC a finales de 2016.

Las masacres han sido una constante durante el dilatado conflicto armado. De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica, hubo 4.210 masacres entre 1958 y el 2018 perpetradas tanto por grupos paramilitares como por las guerrillas, con un saldo de 24.447 muertos. La expectativa era que el pacto con la que fuera la mayor guerrilla de América permitiera al Estado llegar a los territorios más inaccesibles del país, pero en 2019 con 36 matanzas ya se volvió a registrar la cifra más alta desde 2014, de acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Aún en medio de la crisis del coronavirus, los grupos ilegales se mantienen activos en muchas regiones, por completo ajenos a las medidas sanitarias. Autoridades como el procurador general, Fernando Carrillo, han denunciado un marcado aumento del reclutamiento forzado de menores en medio de la pandemia, y los grupos armados incluso han impuesto normas estrictas a la población. El ELN se ha venido fortaleciendo, y junto a las disidencias de las FARC se mantienen como los grupos con mayor actividad, de acuerdo con el análisis de la Fundación Ideas para la Paz sobre las dinámicas de la confrontación armada y su impacto humanitario en los primeros cuatro meses del año. Después viene el Clan del Golfo, surgido tras la desmovilización de los grupos paramilitares en 2016, que reúne a remanentes de esos escuadrones y es considerado el cartel más poderoso.

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