Los repartidores se rebelan en Brasil y van a la huelga en medio de la pandemia

Los trabajadores piden a gigantes tecnológicos como Rappi y iFood mínimas condiciones laborales para un trabajo de riesgo

Los repartidores de aplicaciones protestan en la Avenida Paulista, el 1 de julio.ALEXANDRE SCHNEIDER / GETTY

El miércoles 1 de julio, durante siete horas, los repartidores que trabajan a través de aplicaciones llenaron las principales avenidas de São Paulo. En motos o bicicletas, exigieron mejores condiciones laborales a gigantes tecnológicos como Rappi, Uber o iFood, las tres plataformas de reparto de comida más utilizadas en Brasil. El movimiento, que también se vio en otras ciudades y contó con el apoyo de los sindicatos, pide un aumento del valor mínimo por reparto —que, según las plataformas, está sobre los cinco reales (0,94 dólares)—, cupones de alimentación, un seguro de vida, accidente y robo, y equipos de protección, como mascarillas y gel hidroalcohólico, esenciales durante la pandemia de coronavirus.

“Ha sido el primero de una serie de días históricos. Haremos otros [paros] como este. Hoy hemos visto que todos los repartidores estamos de acuerdo: las aplicaciones tienen que cambiar la forma como nos tratan”, comentó al final del acto Paulo Lima, conocido como Galo, creador del Movimiento de Repartidores Antifascistas. Los repartidores han advertido que, si las plataformas no satisfacen sus demandas, harán otra huelga el 11 de julio.

“El día 11 vamos a volver a parar”, secunda el repartidor Erick Guimarães, de 25 años, padre de una niña de tres. “Estoy aquí por ella. Por ella trabajo y por ella reivindico todo esto”, afirma, y añade que las aplicaciones han reducido el valor de las tarifas de entrega. “No nos están pagando lo que es justo. Como los repartos han aumentado durante la cuarentena, deberíamos cobrar un poco más, pero no, las tarifas son más bajas que antes”, se queja Erick, que hace dos años trabaja como repartidor. Una vez le robaron la moto y no recibió ningún apoyo de las empresas.

Según el Movimiento de los Repartidores Antifascistas, también se realizaron actos en 11 capitales, como Río de Janeiro y Salvador, además de Brasilia. En un comunicado de prensa, iFood afirma que el valor medio que se paga por ruta es de 8,46 reales (1,59 dólares) y que hay un valor mínimo de 5 reales (0,94 dólares) por pedido, “aunque sea de corta distancia”.

Rappi, por otro lado, dice que casi el 75% de los repartidores “cobra más de 18 reales (3,38 dólares) por hora cuando está activo” y que casi la mitad de los “repartidores colaboradores” se pasan menos de una hora al día conectados a la aplicación. Ambas plataformas destacaron que reconocen “el derecho de manifestarse pacíficamente”. “En ninguna circunstancia se desactivan repartidores por participar en movimientos”, añade iFood. “Siempre bloquean a algunos repartidores para dispersar el movimiento, es la estrategia que siempre han utilizado”, comenta Galo, escéptico. Él mismo fue cortado de una aplicación el día que se le pinchó una rueda de la motocicleta y no pudo completar una entrega. Entonces, la aplicación para la que prestaba servicio lo bloqueó. “Fue cuando pensé: ‘Ya basta, voy a denunciarlos’. No te explican por qué te bloquean. Te dicen que te leas el contrato y que no tienen que explicarte nada”, dice.

Fue entonces que empezó a cuestionarlo todo. Lima se ha convertido en una de las voces más representativas de Brasil al crear y liderar en plena pandemia el Movimiento de Repartidores Antifascistas. El grupo reúne a los trabajadores informales de las aplicaciones y tiene representantes en varios Estados.

Precariedad

La Asociación de Repartidores en Moto de Aplicaciones y Autónomos de Brasil estima que hay entre 50.000 y 70.000 repartidores en São Paulo, la ciudad más grande del país. Solo 15.000 están dados de alta en la seguridad social, según SindimotoSP, el sindicato que reúne motoristas, ciclistas y conductores de mototaxi del Estado. “No reconocen nuestro trabajo. En plena pandemia, estamos en la calle las 24 horas, asumimos riesgos y cobramos muy poco. Deberían aumentar el valor de las tarifas y ofrecer un apoyo mínimo de higiene, como mascarillas y alcohol en gel”, se queja el motorista Valdiran Campos, de 30 años, que hace dos años que trabaja de repartidor.

El miércoles, profesionales sanitarios voluntarios salieron a la calle para distribuir alcohol en gel y agua a los participantes del #BrequedosApps (Freno de las App), como se llamó el acto en las redes sociales. “Una parte de la precariedad que sufren estos trabajadores también la sufrimos nosotros. Cada vez se contratan más médicos sin darlos de alta en la seguridad social, especialmente durante la pandemia”, dice Vitor Dourado, presidente del Sindicato de Médicos de São Paulo. “Estamos aquí solidarizándonos con ellos, porque sabemos qué es estar en primera línea durante la pandemia y no tener ningún derecho garantizado: ni el salario, ni la baja, nada”, añade la doctora Daniela Menezes.

IFood afirma que, desde 2019, sus trabajadores están cubiertos por un seguro de accidentes personales, que incluye los gastos médicos y dentales y una garantía financiera para la familia en caso de accidentes. Tanto esta plataforma como Rappi también afirman que han distribuido kits de mascarillas y alcohol a los repartidores y que, debido a la pandemia, han creado fondos —el de iFood es de 25 millones de reales (4,70 millones de dólares) y Rappi no ha querido informar el valor— para apoyar a los “colaboradores” que enferman o pertenecen a grupos de riesgo ante la covid-19.

En las calles, sin embargo, los trabajadores afirman que la realidad es diferente. “Yo, que también tengo un restaurante y utilizo iFood, sé cómo funciona. Cobran comisiones muy altas, casi del 50% del valor del pedido, y pagan muy poco”, dice Ronei Samapio, de 29 años, sobre su bicicleta. Es dueño de un pequeño restaurante desde hace poco más de un año y comenzó a hacer repartos hace siete meses, para complementar sus ingresos. “He hecho una prueba hoy, antes de la huelga, y he aceptado un pedido. He recorrido cuatro kilómetros y solo me han pagado cinco reales (menos de 1 dólar)”, se lamenta. Y añade que, para quienes reparten en bicicleta, la vulnerabilidad es mayor. “El riesgo de tener un accidente es mayor, hay que cambiar las ruedas constantemente, cada vez son 70 reales (13 dólares). Todo sale de nuestro bolsillo”, dice.

El día de la primera huelga importante de este gremio de trabajadores informales también hubo quienes prefirieron seguir su rutina sobre dos ruedas. Fue el caso de Luís Moreira, de 37 años, que comenzó a pedalear a las 8:30 de la mañana y tenía la intención de continuar hasta la noche. “Los autónomos no pueden hacer huelga. Tengo muchas facturas que pagar, así que hoy trabajo”, dijo, durante un descanso para beber agua entre un reparto y otro en el barrio de Pinheiros. “Si no te parece bien, apaga la aplicación”, añadió, antes de interrumpir la breve conversación de cinco minutos porque no paraba de recibir notificaciones en el móvil. Eran las aplicaciones que emitían pitidos con nuevos repartos.

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