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Francisco se asegura la mayoría en el próximo cónclave

Los cardenales que nombrará este sábado el Papa con derecho a elegir al siguiente pontífice ya son mayoría y entre ellos aumentan los españoles

El papa Francisco junto al cardenal brasileño Claudio Hummes, este viernes en los jardines del Vaticano.
El papa Francisco junto al cardenal brasileño Claudio Hummes, este viernes en los jardines del Vaticano. AP

La reforma que pretende llevar a cabo Francisco en la Iglesia se expresa por dos vías: los hechos y la herencia. La primera admite cierto debate sobre su profundidad e irreversibilidad. Especialmente en un contexto de encarnizado enfrentamiento con el sector ultraconservador de la Iglesia. La segunda, en cambio, es ya inapelable. Este sábado el Papa celebra su sexto consistorio (uno al año desde que fue elegido pontífice) y nombrará a 13 nuevos cardenales: diez de ellos electores en un futuro cónclave. Un movimiento que le otorga ya la mayoría en el colegio cardenalicio y que confirma otra tendencia. Entre los elegidos hay otros dos españoles: el salesiano Cristóbal López, arzobispo de Rabat; y Miguel Ángel Ayuso, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. España es la única nacionalidad que se ha repetido cada año. A estas alturas no parece ya casualidad.

El futuro Papa, recuerdan en el Vaticano, será cosa de la Divina Providencia. Pero nunca está de más rodearla de consejeros fiables. De este modo y, a partir de este sábado, serán ya 128 cardenales con capacidad de elección (la teoría dice que la cifra máxima debería ser de 120), de los cuales 67 han sido creados por el Papa argentino, 42 por Benedicto XVI y ya solo 19 menores de 80 años creados por Juan Pablo II. ¿Significa eso que el próximo Papa será bergogliano? La historia no permite confirmarlo. Joseph Ratzinger fue elegido en 2005 pese a ser uno de los dos únicos cardenales que no había sido nombrado por su predecesor, Juan Pablo II (los otros 113 sí lo eran; él era una criatura de Pablo VI). La herencia política del papado, sin embargo, la irreversibilidad de las reformas, tendrá más posibilidades de imponerse.

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El perfil de todos los nuevos purpurados desde que Francisco comenzó a nombrarles hace seis años (Benedicto XVI, en ocho años, solo celebró cinco consistorios) se repite también entre los que recibirán el anillo y el capelo. La insistencia en reconocer a la Iglesia periférica –social y geográfica– y en buscar a figuras que tengan “olor a oveja”, como suele decir Francisco para referirse a aquellos obispos que no han perdido su vocación de párrocos y han sabido mezclarse entre la gente, persiste. Especialmente en zonas más desfavorecidas, como Ignatius Suharyo Hardjoatmodjo, arzobispo de Yakarta; Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana; Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo de Kinshasa (República Democrática del Congo); Álvaro L. Ramazzini Imeri, obispo de Huehuetenango, en Guatemala.

La vicepresidenta del Gobierno español, Carmen Calvo, en el centro de varias polémicas con el Vaticano a propósito de la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, acudirá a la ceremonia. El conflicto ha quedado superado. Pero no es para menos. España aumenta de nuevo su presencia hasta ocho electores en un futurible cónclave, una cifra que se sitúa en su máximo histórico y que confirma también el perfil de cardenal que busca este Papa. Cristóbal López, arzobispo de Rabat; y Miguel Ángel Ayuso, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y responsable del histórico encuentro en Abu Dabi, son dos hombres de compromiso social y periférico. Ambos han vivido en África y conciben este nuevo encargo, según explicaban el jueves, como una misión alejada del “oropel”.

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A López, salesiano formado en Cataluña que ejerció de cura durante 11 años en el barrio de la Verneda de Barcelona, le pilló la noticia en plena misa, recordaba el jueves al mediodía. “Fue una sorpresa absoluta. No hubo preaviso. Estaba diciendo la misa en la catedral de Rabat y noté que el teléfono vibraba mucho, pero no hice caso. Al terminar la misa fui a mi despacho y sonó de nuevo el teléfono. Un amigo desde Francia me lo anunció, pero no me lo creí. Me agarró un temblor de rodillas, no podía sostenerme… hasta los jóvenes me dijeron si estaba bien”.

La alegría va por barrios e Italia pierde progresivamente peso en un colegio cardenalicio en el que siempre fue decisiva (aunque sigue siendo la que más tiene, con 23 electores). Entre los diez nuevos electores solo hay un italiano (el arzobispo de Bolonia, Matteo Zuppi, exponente de la comunidad de San Egidio). Europa también reduce su influencia y confirma que ya no es el continente con más de la mitad de miembros en este órgano elector, aunque conserve la mayoría (108: 56 electores y 52 no electores). Suben Asia, con 26 cardenales (de los cuales 16 son electores), África, gracias al capelo asignado a Fridolin Ambongo Besungu (27 cardenales, 17 con voto) y Centroamérica (de 7 a 9). Permanecen sin variación Norteamérica, con 23 purpurados, Sudamérica con 26 y Oceanía con 6. Una configuración que, opinan todos los expertos, alterará la lógica tradicional del poder vaticano y complicará mucho las dinámicas lobbistas que puedan ejercerse en la próxima vez que los cardenales se reúnan en la Capilla Sixtina.

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