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Las dudas de Salvini en la hora clave

El líder de la Liga, en pleno escándalo por una posible financiación rusa a su partido, deberá decidir esta semana si rompe el Gobierno y provoca un adelanto electoral

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Matteo Salvini y Gianluca Savoini, en Moscú en una imagen obtenida de Twitter. EL PAÍS

Matteo Salvini tiene ya todo lo que nunca se atrevió a soñar hace un año: tensión, un 40% de apoyo en las encuestas, una popularidad a prueba de bombas y varias excusas diarias para tumbar el Gobierno. Sin embargo, no se atreve a dar el paso. El ministro italiano del Interior duda de las encuestas y de los cocineros que se las sirven cada mañana y le prometen un Gobierno en solitario. Le aterroriza la idea de que le cuelguen el sambenito de haber dinamitado el Ejecutivo, un estigma que en Italia se paga irremediablemente en las urnas.

Teme, además, que si hay crisis el presidente, Sergio Mattarella, le someta a un viejo truco democristiano y le deje fuera de una posible nueva mayoría formada por el Movimiento 5 Estrellas (su socio actual) y el PD (Partido Democrático). Y sobre todo, le descoloca la incierta investigación abierta por la Fiscalía de Milán por la posible financiación rusa de su partido. Una torpeza cometida por su entorno a 3.000 kilómetros casi 10 meses atrás.

El lujoso hotel Metropol de Moscú acogió el 18 de octubre un encuentro secreto. En la reunión participaron Gianluca Savoini, hombre muy cercano a la Liga, amigo de Salvini, y presidente de la particular asociación Lombardía-Rusia. También había otros dos italianos y una delegación de rusos que, presuntamente, hablaban en nombre del Kremlin. El encuentro se celebró el día después de la participación del ministro del Interior en un foro de empresarios en Moscú y de la enésima proclamación de que deben levantarse las sanciones comerciales a Rusia. Pero el contenido de la reunión, según las grabaciones publicadas por el portal de noticias Buzzfeed, fue en otra dirección.

Los supuestos enviados rusos —la teoría de que se tratase de una trampa cobra cada vez más fuerza— habrían ofrecido a Savoini durante la hora y cuarto de conversación un fantástico trato. El plan consistía en implicar a un gigante de la energía ruso (supuestamente Gazprom) para vender tres millones de toneladas de petróleo a la empresa estatal italiana Eni por valor de 1.500 millones de dólares (unos 1.337 millones de euros). De dicha transacción, según BuzzFeed, la Liga se llevaría unos 65 millones de dólares (58 millones de euros) como comisión, que se pagarían a través de un banco londinense, tal y como ha revelado el semanario L’Espresso, que ha tenido acceso a la documentación. Una suerte de ayuda de Estado a un partido amigo que, por activa y por pasiva, ha jurado amistad a Vladímir Putin.

El ministro del Interior desmintió primero haber recibido un solo rublo y conocer a Savoini. Luego admitió que le trataba desde hacía más de dos décadas, pero fue incapaz de explicar por qué estaba junto a él en varias reuniones ni por qué se encontraba en la misma mesa de la cena ofrecida en el palacio Chigi para el presidente Putin hacía dos semanas en Roma. Se supo también más tarde que había cenado con él la noche precedente al extraño encuentro del Metropol. Nada cuadraba.

De modo que la Fiscalía de Milán decidió investigar el caso la semana pasada, poniendo a Salvini en el peor aprieto desde que está en el Gobierno. Un embrollo enorme que terminó de complicarse cuando rechazó comparecer en el Parlamento para dar explicaciones y, en cambio, sí anunció que lo haría el primer ministro, Giuseppe Conte, el próximo miércoles. Una manera de hurgar en la herida del único hombre capaz hoy de plantar cara Salvini, pero que hizo estallar la última gran crisis de gobierno.

La amenaza de ruptura entre la Liga y el M5S se repite periódicamente desde que se firmó el acuerdo de Gobierno hace un año. La relación está rota y el dominio de Salvini, que acumula apoyos en las encuestas y calcula cuando es el mejor momento para provocar un adelanto electoral, es total. Muchos factores aconsejan ahora al líder de la Liga tomar esa decisión. “Muy poca gente influye en él. Pero desde hace tiempo su entorno le aconseja de forma creciente que rompa definitivamente con sus socios”, explica un histórico dirigente de la Liga del norte de Italia que exige anonimato. Pero no se atreve.

El partido ya acumula en los sondeos alrededor del 39% de apoyos. Un máximo histórico (Salvini cogió a la vieja Liga Norte con el 4%) que muchos en el entorno del líder consideran un techo contra el que no conviene rebotar. A la necesidad de generar una cortina de humo urgente por el tema ruso, se sumaba también una ventana de oportunidad limitada en el tiempo, le insisten a Salvini estos días. Si hay que disolver las Cámaras y convocar elecciones, el plazo razonable termina esta semana. El presidente Mattarella no permitirá un vacío de poder en octubre, cuando debe diseñarse una importantísima ley de presupuestos. Bruselas espera el 15 de octubre una explicación detallada de las operaciones económicas de Italia para 2020, y una demora o sensación de improvisación castigaría enormemente al país.

El consejo de ministros del próximo jueves, donde se debatirán asuntos clave, señalan ahora fuentes de ambos partidos, marcará la decisión definitiva. Salvini sabe que si no rompe ahora, deberá esperar hasta febrero del año que viene. Y la política, especialmente la italiana, es hoy demasiado volátil.

Moscopoli: entre la trampa y la torpeza

Rusia e Italia mantienen una relación especial desde hace años, incluso en el periodo soviético, donde Moscú encontró al otro lado del Telón de acero el partido comunista más importante. Todos los primeros ministros tuvieron un canal privilegiado y siempre evitaron el enfrentamiento con Moscú. En los últimos tiempos, además, Italia ha sido la única potencia económica de la eurozona que se ha opuesto a las sanciones comerciales impuestas por la UE a Rusia tras la anexión de Crimea. No ha sido una cuestión ideológica, sino práctica. Las contrasanciones decretadas por el Kremlin le cuestan unos 7.000 millones de euros al sector agroalimentario italiano.

Igor Pelliciari, profesor de la Universidad de Urbino y de la Academia Diplomática rusa, cree que ambos países encajan perfectamente. “Es una asociación fácil. Por un lado, Italia siempre ha utilizado la energía rusa y, por otro, nunca se ha opuesto como una potencia política, sino comercial y cultural. Y es fácil tener una buena relación con Rusia cuando no eres un competidor político. Todos los Gobiernos anteriores a Salvini la han cultivado. Enrico Letta fue a la inauguración de Sochi en plena crisis ucrania; Romano Prodi era un gran amigo de Rusia y les fue muy cercano en la crisis de Ucrania, y fue señalado por ello. Matteo Renzi se opuso y criticó la renovación de las sanciones en el Consejo Europeo. Gentiloni se adhirió con muy poco entusiasmo a la expulsión de los diplomáticos rusos... Italia tiene un componente filorruso de todos los partidos parlamentarios. Incluido el PD”, opina.

El encuentro del Metropol es para quienes conocen los modos de operar de Rusia algo extraño.  “Rusia ha ayudado siempre a sus aliados. Las ayudas de Estado son parte importante de la política exterior de un país con visión imperial. Muchas veces llegan en energía a precio de coste, o comprando materia prima a precios hinchados… Pero Rusia no actúa como en este caso, no hace negocios en el lobby de un hotel. Rusia da ayudas de Estado, pero no hace encuentros secretos. Ellos son el Gobierno, no lo necesitan. En Italia, en cambio, hay un ejército de personajes que intentan sacar ventaja de esta situación. Parece más bien una trampa en la que ha caído un personaje débil del lado italiano”, insiste Pelliciari.

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