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Advertencia: este tuit puede herir su sensibilidad, pinche si quiere

Twitter anuncia que mostrará una advertencia cuando un tuit incumple sus normas pero no lo borra porque considera que tiene relevancia pública

Un pantallazo de Twitter en móvil.
Un pantallazo de Twitter en móvil. EFE

Twitter tomó la decisión editorial este jueves de advertir a sus lectores cuando algún tuit sea ofensivo. Se refiere a esos mensajes que si escribiera cualquiera le valdrían un veto en la red social, pero que si los escribe, supongamos, el presidente de Estados Unidos, tienen una relevancia pública. Hace tiempo que Twitter dejó claro que las normas sobre insultos no eran iguales para todos. En un comunicado que refleja debates que sedan a diario en cualquier medio, Twitter anunció que seguirá publicando contenido ofensivo cuando considere que el “interés público” lo vale.

“Definir qué es interés público en Twitter”, comienza la entrada en el blog corporativo en la que la plataforma ha hecho su anuncio. “En el pasado, hemos permitido que ciertos tuits que violaban nuestras normas permanecieran en Twitter porque tenían interés público, pero no estaba claro cuándo y cómo tomábamos esa decisión. Para arreglarlo, hemos incluido un nuevo aviso que aporta más claridad en estas situaciones”.

Twitter dice que para “servir a la conversación pública” todo el mundo tiene que poder decir lo que quiera. “Esto es especialmente importante en las interacciones con cargos gubernamentales y figuras políticas”. “Por la naturaleza de su posición estos líderes tienen una influencia desproporcionada y a veces dicen cosas que se pueden considerar polémicas o que invitan al debate”. Así que cuando esos políticos se pasan y dicen cosas que son ofensivas, hay un valor en poder responderles, opina Twitter. “Una función clave de nuestro servicio es ofrecer un lugar done la gente puede responder abierta y públicamente a sus líderes y pedirles responsabilidades”.

Twitter empezó siendo una barra libre para compartir mensajes cortos. Después hubo unas normas que limitaban el contenido ofensivo. En 2015, un famoso maleducado que tuiteaba compulsivamente y al que nadie hacía demasiado caso se presentó a presidente de Estados Unidos sin cambiar en absoluto la forma de comportarse en las redes sociales. El ascenso de Donald Trump ya la catarata de insultos y ofensas que dejó mientras ascendía hasta la Casa Blanca dejó claro que las normas no eran iguales para todos.

El debate está sobre la mesa desde entonces. ¿Por qué Donald Trump puede llamar “cara de caballo” a una mujer que le acusa de callarla con dinero sobre un escándalo sexual y no le pasa nada? Lo que Twitter anunció este jueves es la versión para redes sociales de “estas imágenes pueden herir su sensibilidad”, pero las vamos a emitir igualmente. “Hay ciertos casos en los que es de interés público tener acceso a ciertos tuits, incluso si suponen una violación de nuestras normas”.

En términos prácticos, cuando suceda esto Twitter pondrá una advertencia sobre el tuit en cuestión. Es decir, no se verá a simple vista en el chorro de mensajes, sino que habrá que pinchar sobre él. Además, el algoritmo no favorecerá ese tuit para aparecer entre los primeros al abrir la página. Solo se aplicará a cuentas de políticos que tengan más de 10.000 seguidores y cuya cuenta esté verificada.

El debate sobre el papel de las redes sociales en la calidad de la discusión pública, y hasta qué punto pueden ejercer de censores, está sobre la mesa especialmente desde la campaña electoral de Estados Unidos de 2016 y la campaña que del Brexit. Plataformas como Facebook, Twitter o YouTube anuncian cada poco tiempo la eliminación de cuentas que promueven desinformación u odio. Esto ha provocado la expulsión de las redes sociales de prominentes personajes de ultraderecha. Esto provoca el aplauso de los ofendidos, pero también la preocupación sobre quién tiene derecho a pone los límites a la libertad de expresión en la sociedad. El debate está constantemente abierto. Facebook se negó el mes pasado a retirar un vídeo burdamente manipulado en el que parecía que Nancy Pelosi, la líder de los demócratas en Washington, estaba borracha.

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