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El triunfo de los extremos aleja un posible consenso sobre el Brexit

El Partido de Farage y los liberales demócratas fueron los grandes triunfadores

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, a las puertas de su domicilio en Londres este lunes Ampliar foto
El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, a las puertas de su domicilio en Londres este lunes REUTERS

La conclusión de conservadores y laboristas, los dos grandes perdedores de las elecciones europeas celebradas en el Reino Unido, ha sido retirarse más hacia los extremos, y descartar un posible consenso sobre el Brexit. “Si no salimos de una vez de la UE volverán a darnos una patada en las próximas elecciones”, ha dicho este lunes Dominic Raab, uno de los favoritos para suceder a May. “Debemos exigir con claridad un nuevo referéndum y defender la permanencia”, ha afirmado Emilie Thornberry, una de las voces más críticas contra Corbyn en el laborismo.

El Brexit produce hastío o cólera, pero ocupa todo el espacio del debate político en el Reino Unido, y así seguirá hasta que no sea resuelto en uno u otro sentido. Los votantes británicos castigaron por partida doble el gallinero en que se ha convertido el Partido Conservador y la tibieza y ambigüedad mostrada por la dirección laborista. Y premiaron a las formaciones que se presentaron con un mensaje claro y rotundo. El Partido del Brexit, del ultranacionalista Nigel Farage, que reclama la salida sin contemplaciones de la Unión Europea el próximo 31 de octubre, obtuvo el respaldo de un tercio del electorado. Y se siente con fuerza para tener voz y voto en las negociaciones de los próximos meses. “Tenemos un mandato claro. Exigimos formar parte del equipo negociador para preparar al país para abandonar la UE, sean cuales sean las circunstancias”, imponía un Farage eufórico despúes de confirmar su éxito. Se enfrenta, sin embargo, a un problema doble. Por mucho carisma e ímpetu que despliegue, cuando se despeje el polvo levantado por las elecciones europeas, seguirá siendo un político sin voz ni voto en Westminster, de donde necesariamente debe emanar cualquier solución al enredo. Y carece de interlocutor. Los conservadores se hallan inmersos en su propia guerra interna, y pasarán semanas antes de que se conozca quién va a suceder a May. Admiten la señal de alarma que implica la irrupción de Farage, pero ignoran al personaje.

 Y la segunda formación más premia en los comicios han sido los liberales demócratas de Vince Cable, que deben compartir su triunfo con el Partido Verde. Entre ambos (20% + 12%) suman un 32%, apenas tres puntos por detrás del resultado obtenido por el Partido del Brexit y el ahora marginal UKIP, el Partido por la Independencia del Reino Unido (32% + 3%). El mensaje compartido, casi exclusivo, de liberales y verdes ha sido el de exigir una nueva consulta para revertir el referéndum de 2016. “Los resultados suponen una clara lección sobre todo para los laboristas”, ha dicho Cable. “Deben abandonar su actual posición de espectadores desde la barrera. Al intentar contentar a todo el mundo, no han logrado contenta a nadie”.

Porque el Partido Laborista de Jeremy Corbyn, que se ha dejado en las elecciones 11 puntos respecto a las del 2014 y ha quedado relegado a una humillante tercera posición con un respaldo del 14%, está obligado a llevar a cabo su propio examen de conciencia. Corbyn, quien ha jugado a la ambigüedad con su promesa de reclamar un nuevo referéndum —un día confirmaba el compromiso, al siguiente prefería obviarlo— admitió este lunes, todavía tibio, todavía a regañadientes, que esa es la única senda posible para el principal partido de la oposición. “Estoy escuchando con mucha atención todas las posiciones de este debate”, ha afirmado, “y aunque la preferencia del laborismo sigue siendo que haya unas elecciones generales adelantadas, está claro que cualquier acuerdo del Brexit deberá ser sometido a una consulta popular”. El líder de la oposición ha recibido ya presiones en ese sentido hasta de su hombre fuerte, el ministro de Economía en la sombra, John McDonnell, que se ha aproximado a otras voces críticas en la formación como Keir Starmer o Emiliy Thornberry.

Los candidatos que, poco a poco, se van postulando para suceder a May, oscilan entre la defensa a ultranza de un Brexit salvaje el próximo 31 de octubre, o el voluntarismo —con la boca pequeña—de seguir deseando algún tipo de acuerdo con la UE, acompañado de inmediato por la promesa de que, llegado el caso, no dudarán en salir por las bravas de las instituciones comunitarias. El ministro del Interior, Sajid Javid, ha sido este lunes el último en sumarse a la competición. “Los resultados de las europeas han dejado claro que debemos dar a los ciudadanos el Brexit que votaron. Es el único modo de asegurar que se renueve la confianza en nuestra democracia”, ha expresado en un mensaje de vídeo con el que anunció su candidatura. También él decidió ignorar la voluntad en contra de un Brexit salvaje expresada mayoritariamente por el Parlamento.

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