Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Trump y el país como farsa

Un análisis de la actualidad internacional a través de artículos publicados en medios globales seleccionados y comentados por la revista 'CTXT'

El presidente de EE UU, Donald Trump, en la Casa Blanca el 1 de febrero.
El presidente de EE UU, Donald Trump, en la Casa Blanca el 1 de febrero. REUTERS

Muy citado ha sido el comienzo del 18 Brumario de Luis Bonaparte y casi siempre fuera de contexto, convirtiéndolo en poco menos que un cliché para periodistas vagos, una de las especies, junto con la de los plumillas dóciles, más comunes de nuestro desertificado ecosistema mediático. Si la historia se repite, como si dijéramos, dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa, concedámoslo, actualmente nos encontramos más en lo segundo que en lo primero, sin ahorrarnos las consecuencias, que, esas sí, son trágicas. “La historia se ha convertido en una comedia, o al menos en una ironía a medida que se despliega dialécticamente”.

Así lo describe Michael Hudson en Counterpunch. Para este economista, la hibris de la elite estadounidense en las últimas décadas está conduciendo “al fin del indiscutido dominio económico de EE UU”. “¿Quién hubiera pensado que Donald Trump se convertiría en el agente catalizador?”, se pregunta el autor, “no un partido de izquierdas, un socialista, un anarquista o un líder nacionalista extranjero, [sino] un estafador inmobiliario […] es casi una comedia de humor negro”.

Según Hudson, “los neocons que Trump ha nombrado están cumpliendo lo que parecía impensable no hace mucho: el acercamiento de China y Rusia, la gran pesadilla de Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, y también están llevando a Alemania y otros países europeos a la órbita euroasiática, la pesadilla del heartland de Halford Mackinder hace un siglo. La raíz de todo ello es evidente: tras el crescendo de pretensiones y engaños en Irak, Libia y Siria, junto con nuestra absolución del régimen sin ley de Arabia Saudí, los líderes políticos extranjeros están dándose cuenta de lo que las encuestas sobre la opinión pública mundial informaban mucho antes de que los Irak / Iran-Contra Boys centrasen su atención en las mayores reservas mundiales de petróleo en Venezuela: los EE UU son la mayor amenaza a la paz en el planeta".

En su artículo, Michael Hudson desgrana la voluntad de Washington por vaciar de contenido organismos internacionales como la ONU, ignorando olímpicamente sus advertencias, y amenazar a otros como la Corte Penal Internacional (CPI) –por un informe sobre los posibles crímenes de guerra cometidos por soldados estadounidenses en Afganistán–, así como por dominar el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial para controlar los principales flujos económicos en beneficio propio. “El mundo de la diplomacia está siendo puesto cabeza abajo: un mundo donde no hay ya siquiera la pretensión de que quizá nos adheriremos a las normas internacionales, y no hablemos ya de leyes o tratados”, lamenta el economista, que remarca que “por la conjunción de estos movimientos estadounidenses en tantos frentes, contra Venezuela, Irán y Europa (por no mencionar China y las amenazas comerciales y medidas contra Huawei), parece que este será un año de fractura global".

¿Netanyahu negacionista?

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue uno de los primeros políticos en apoyar a Trump como candidato a la presidencia por su sionismo hooligan. Además, con el presidente estadounidense comparte el gusto por los muros y la teatralidad, por la política como espectáculo y más específicamente como farsa. “Netanyahu en otro idioma”, reza un cartel en Tel Aviv que muestra al primer ministro israelí y al presidente estadounidense, y que, como informaba RT el pasado lunes, ha sido motivo de críticas en las redes sociales. En las elecciones al Parlamento israelí del próximo 9 de abril, el Likud de Netanyahu tendrá como principal rival un partido de nueva creación, Hosen L’Ysrael (el Partido de la Resiliencia de Israel), fundado en diciembre del año pasado por el antiguo comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel, Benny Gratz. Hosen L’Ysrael se define como un partido de centro liberal.

Cartel de Benny Gantz en Tel Aviv para el anuncio de su campaña para las elecciones de abril.
Cartel de Benny Gantz en Tel Aviv para el anuncio de su campaña para las elecciones de abril. AP

Siguiendo el ejemplo de Trump, Netanyahu emitirá todos los días a través de Facebook sus declaraciones para sortear a los medios de comunicación, a los que acusa, como Trump, de llevar a cabo una “caza de brujas” contra él. The Times of Israel considera que la iniciativa, que lleva por nombre Likud TV, permite al primer ministro israelí librarse de “la inconveniencia de las preguntas hostiles y los expertos críticos”, aunque podría girarse en su contra si el canal acaban viéndolo solo los convencidos. Netanyahu también ha sido noticia por las críticas a la visita del primer ministro de Lituania, Saulius Skvernelis, a Israel. Como recordaba The Washington Post , Lituania forma parte de las antiguas repúblicas soviéticas que se han embarcado en un “revisionismo que busca minimizar su culpabilidad en el Holocausto mientras convierte en héroes a nacionalistas antisoviéticos que estuvieron implicados en el asesinato masivo de judíos.”

Entre los casos que cita el periódico se encuentra un proyecto de ley para prohibir la venta de libros que “distorsionen la historia de Lituania” explicando la colaboración de la población local con los ocupantes nazis o su negativa a retirar varias placas conmemorativas dedicadas a Jonas Noreika luego que su nieta, Silvia Fota, revelase que este líder nacionalista había estado implicado en el asesinato de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Netanyahu elogió a Skvernelis por “emprender grandes pasos para conmemorar a las víctimas del Holocausto y combatir el antisemitismo moderno.” Tamar Zandberg, del partido Meretz (socialdemócrata), ve las buenas relaciones de Netanyahu con países como Lituania o Ucrania como “una maniobra que legitima el antisemitismo y bordea el negacionismo”. Efraim Zuroff, del Centro Simon Wiesenthal, va más allá: “Es imperdonable. Netanyahu les está dando luz verde. Es como elogiar al Ku Klux Klan por mejorar las relaciones raciales en el Sur".

“El excremento del diablo”

Seguidores de Nicolás Maduro, el 7 de febrero en Caracas.
Seguidores de Nicolás Maduro, el 7 de febrero en Caracas. AFP

Ah, sí, claro. Venezuela. Imposible no hablar de Venezuela estos días. Intentar buscar información imparcial sobre Venezuela en un medio de comunicación occidental es como jugar a la ruleta rusa, pero utilizando cinco balas y dejando un hueco en el cargador, y los efectos para el cerebro del lector no son muy diferentes. TeleSur denunció a comienzos de la semana que Canadá le había denegado el permiso para cubrir la reunión del Grupo de Lima en Ottawa el lunes. Ningún medio occidental de importancia se hizo eco. “Quienes hablan de libertad, demuestran en cada acción, cuánto desconocen su significado: TeleSur English y TeleSur no renunciarán a su misión de informar”, denunció la presidenta del canal, Patricia Villegas, en su cuenta de Twitter. También se le denegó el permiso a la agencia de noticias rusa Sputnik.

Desde las páginas del digital alemán Telepolis, Peter Nowak ha escrito cómo Venezuela ha sido objetivo de una operación de cambio de régimen desde 1999 –con miras a poner en marcha un efecto dominó que derribe a los Gobiernos de Nicaragua, Cuba y Bolivia– y planteaba el siguiente ejercicio mental: “Imagínese que el Gobierno ruso reconociese a Marine Le Pen como nueva presidenta de Francia. Como candidata a la presidencia perdió claramente contra Macron. Pero Putin señala en este escenario imaginado las protestas del movimiento de los chalecos amarillos que se suceden desde hace semanas y los resultados de las encuestas, que demuestran que Macron ha perdido considerablemente la confianza de la población. Además de todo ello, Putin mencionaría la represión policial contra los manifestantes. Explicaría que el uso de armas peligrosas ha provocado heridas graves en manifestantes y que, además, se han limitado los derechos básicos en Francia con leyes de excepción. Que, en consecuencia, el Gobierno francés de hasta la fecha ha perdido toda legitimidad democrática y no será reconocido más por Rusia. Una declaración así del Gobierno ruso provocaría de inmediato una reunión del Consejo de la OTAN. Se llamaría a aplicar la cláusula de defensa. […]. Si Rusia se inmiscuyese en los asuntos internos de Francia, e incluso llamase a derrocar al Gobierno, habría consecuencias políticas mundiales".

Otro artículo de este mismo medio repasaba la historia de la industria petrolera en Venezuela. Al final del mismo, su autor, Bernd Schröder, destaca que desde que el país proclamó su soberanía petrolera han entrado en juego otros actores como China o Rusia “que aceptan el crudo como moneda de cambio de sus inversiones” y a los que EE UU busca desbancar con su apoyo a Juan Guaidó. El apoyo chino “va desde proyectos de irrigación en la agricultura hasta la construcción de viviendas sociales y vías de ferrocarril, desde VTELCA como primera fábrica de teléfonos móviles del país hasta Venesat-1, el primer satélite de Venezuela en órbita geoestacionaria.”

Por su parte, Moscú tiene inversiones en la faja petrolífera del Orinoco y en el yacimiento de gas en la plataforma continental de Mariscal Sucre, donde en los noventa pusieron los ojos ExxonMobil, Shell y Mitsubishi. No por casualidad el exministro de Minas e Hidrocarburos de Venezuela Juan Pablo Pérez Alfonzo advirtió ya en 1976 contra “el excremento del diablo”: uno de los problemas de los recursos naturales es que poseerlos te convierte potencialmente en objetivo de otros Estados que buscan tener acceso al mismo.

Aloha, Tulsi Gabbard

En 2020 los estadounidenses volverán a elegir a su presidente para los próximos cuatro años. Mientras Donald Trump piensa ya en su reelección –y el discurso a la nación, como indica Politico, podría haber sido el primer paso–, en el Partido Demócrata las cosas son menos claras: mientras, según The Atlantic, el ex vicepresidente Joe Biden lo está estudiando, la representante del Estado de Hawái Tulsi Gabbard ha presentado su candidatura. En su primer discurso como candidata, Gabbard prometió desde Honolulu trabajar para “poner fin a la nueva guerra fría” y a “las guerras para provocar cambios de régimen que se han cobrado ya demasiadas vidas, costado billones de dólares y socavado nuestra seguridad reforzando grupos terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico”.

La candidata demócrata Tulsi Gabbard, el 2 de febrero en Hawái.
La candidata demócrata Tulsi Gabbard, el 2 de febrero en Hawái. AP

Gabbard se refería a hechos como el que reveló esta misma semana la CNN, que en una investigación propia mostró cómo muchas de las armas que EE UU vende a Arabia Saudí terminan en manos de Al Qaeda después de que el régimen las envíe a sus aliados en Yemen y se extravíen en el campo de batalla, el mercado negro o en la intrincada maraña de milicias que combaten en el país. La candidata demócrata también se opone al apoyo de Trump a Guaidó alegando que “no hay ninguna justificación para violar la soberanía del pueblo venezolano.”

Huelga decirlo, el programa de la representante por Hawái no ha sentado nada bien entre el establishment demócrata y medios como NBC , que la han acusado de ser un peón del Kremlin, que habría comenzado a favorecerla a través de las redes sociales. Glenn Greenwald desmontó esta historia para The Intercept: los supuestos expertos en tecnologías digitales de New Knowledge consultados por NBC fueron descubiertos semanas atrás in fraganti creando cuentas falsas en Twitter y Facebook para atribuir sus mensajes a los servicios de inteligencia rusos y fabricar así la ilusión de que Moscú estaba interfiriendo en las elecciones de Alabama al Senado apoyando a uno de los candidatos, el republicano Roy Moore. El objetivo, aclara Greenwald, es “calumniar a cualquier contrincante del establishment del Partido Demócrata, ya sea de izquierdas o de derechas, como un pelele o activo del Kremlin.”

Adiós a Jeremy Hardy

El 1 de febrero murió el cómico británico Jeremy Hardy. El diario The Guardian, donde publicó una columna desde 1996 hasta el año 2001, le dedicó esta semana un obituario. Se olvidó mencionar, sin embargo, que la colaboración fue cancelada porque los editores consideraron a su autor demasiado de izquierdas. En la que fue su última columna para el diario, Hardy escribió lo siguiente: “Mi sensación es que el creciente tono humorístico de los medios no es iluminador, penetrante, vigorizador o incluso elevador, sino una levedad caprichosa calculada para reafirmarnos en que nada realmente importa ya. Una risita y todo vuelve a estar bien en nuestra cultura de consenso posmoderna. Es más, buena parte de la sátira e incluso del periodismo de investigación se han convertido en parte de un establishment que se purifica a sí mismo, en un tónico purgante para el vientre de la bestia. Francamente, no veo que mi trabajo consista en mantener a nuestros gobernantes sobre sus pies cuando preferiría verlos colgando de los mismos. Quizá debería haber sonado más irónico, pero entonces habríais pensado que no lo decía en serio, y en realidad lo hacía".

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información