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La Haya absuelve a un expresidente de Costa de Marfil por falta de pruebas de crímenes contra la humanidad

El tribunal concluye que la Fiscalía no ha demostrado que Laurent Gbagbo planeara la violencia desatada tras su derrota en las elecciones de 2010

El expresidente de Costa de Marfil Laurent Gbagbo entra este martes en la sala de la Corte Penal Internacional (CPI), en la Haya.
El expresidente de Costa de Marfil Laurent Gbagbo entra este martes en la sala de la Corte Penal Internacional (CPI), en la Haya. EFE

La Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, ordenó este martes la liberación de Laurent Gbagbo, de 73 años, expresidente de Costa de Marfil y el primer exjefe de Estado juzgado por la institución. Estaba acusado de crímenes contra la humanidad supuestamente perpetrados en 2010, tras su derrota en las elecciones legislativas, pero los cargos no han podido ser demostrados, por lo que ha sido absuelto.

Gbagbo llevaba siete años en prisión, entre el periodo de espera para ser juzgado y el proceso mismo, y había pedido salir en libertad condicional o su absolución. Aunque permanecerá recluido hasta que la Fiscalía decida mañana si apela, el fallo supone un nuevo revés para Fatou Bensouda, responsable de la CPI, criticada en África por su presunta inclinación a perseguir solo a dirigentes del continente africano.

La lectura del fallo fue recibida con gritos y aplausos en la sala de vistas, y también fuera del edificio de la Corte. La liberación incluye a Charles Blé Goudé, de 47 años, antiguo ministro de la Juventud en el Gobierno de Gbagbo. Casi al mismo tiempo, la Federación Internacional para los Derechos Humanos emitió un comunicado donde calificaba la decisión de “ruta hacia la impunidad total por lo ocurrido en Costa de Marfil entre 2010 y 2011”.

Al expresidente marfileño, los fiscales le atribuían un plan para mantenerse en el poder, a pesar de que el vencedor de los comicios fue su rival (y actual presidente) Alassane Ouattara. La fiscalía también investiga los desmanes de sus seguidores contra la población. “El plan derivó en una campaña sistemática contra los civiles, y también persecuciones por motivos religiosos, étnicos y xenófobos”, decía el pliego acusatorio. Murieron unas 3.000 personas y otras 500.000 tuvieron que huir de sus hogares. Después de 230 días de vistas, las declaraciones de 82 testigos, y la presentación de miles de informes, los jueces concluyeron que “no se ha demostrado que existiera dicho plan”. “La violencia [asesinatos, violación, persecución y otros actos inhumanos] existió y está documentada, pero no hay pruebas de que Laurent Gbagbo ordenara, incitara, o bien condonara a sabiendas los crímenes”, dijo Cuno Tarfusser, presidente de la sala.

Para la CPI, perder el juicio contra Gbagbo supone, de nuevo, un duro golpe. Bensouda rechaza siempre en sus comparecencias cualquier atisbo de parcialidad y asegura que perseguirá los peores delitos allí donde se cometan. De todos modos, en los últimos años no ha tenido mucha suerte persiguiendo a mandatarios políticos. En 2018 fue revocada la sentencia contra Jean Pierre Bemba, exvicepresidente de la República Democrática de Congo. En 2016, la Corte renunció a juzgar al presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, por crímenes contra la humanidad. Según la Fiscalía, fue el responsable indirecto de la muerte de 1.300 civiles tras las elecciones de 2007, pero no pudo reunir pruebas para demostrarlo.

La noticia de la absolución fue recibida con júbilo en Abiyán. “¡Dios ha mirado a Costa de Marfil!”, gritaban unas mujeres señalando al cielo ante la residencia de la ex primera dama. Dentro, Simone Gbagbo no paraba de recibir abrazos en medio de una algarabía de gritos, rezos y bailes de una fiesta que capitaneaba, sonriente, la poderosa esposa del expresidente. “Estoy muy feliz, así que lo celebro con otros compatriotas”, dijo Simone Gbagbo a EL PAIS, entre gente que vitoreaba su nombre. “Estoy segura, como hemos dicho desde el principio, de que él es un actor clave para la reconciliación y que cuando regrese, lo va a demostrar”, añadía.

Simone Gbagbo, una de las figuras más influyentes durante la crisis poselectoral, fue detenida junto a su esposo en el búnker de la residencia presidencial el 11 abril de 2011. También fue acusada de crímenes de guerra y contra la humanidad, pero el Gobierno marfileño decidió no transferirla a la CPI como a su marido, y juzgarla en Costa de Marfil. El año pasado fue absuelta de todos los cargos y salió de la cárcel, gracias a una amnistía general concedida por Ouattara.

Mientras los afines a Gbagbo invocan la reconciliación, desde el Colectivo de Víctimas de Costa de Marfil se recibió la noticia con mucha tristeza. “Es un golpe, es como si acabáramos de matar por segunda vez a las víctimas”, declaraba Issiaka Diaby, su presidente. “Las heridas que empezaban a cicatrizar gracias a la justicia internacional, hoy se han reabierto. Y la cuestión es que, una vez más, los crímenes cometidos quedan impunes”, añadió.

Con las presidenciales en el horizonte, en 2020, Costa de Marfil ve que el tablero se recompone como una repetición de 2010. Con el retorno de Gbagbo, los actores volverán a ser los mismos.

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