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Más rica, más fuerte, aún autoritaria: China cumple 40 años de su reforma y apertura económica

Una gran exposición en Pekín exalta al presidente Xi Jinping y arrincona a Deng Xiaoping, el arquitecto del proceso

Visitantes de la exposición del 40º aniversario de la reforma y apertura chinas, el pasado noviembre en el Museo Nacional de Historia en Pekín. En vídeo, China celebra los 40 años de la apertura y reforma del país.

Xi Jinping, el presidente chino, en uniforme militar y dialogando con las tropas. Xi Jinping en la cabina de un caza de la fuerza aérea escuchando al piloto con atención. Xi recibiendo a mandatarios extranjeros. Xi pronunciando un discurso en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Xi supervisando la construcción de unas obras públicas con sonrisa benevolente.

China cumple este martes 40 años del comienzo del Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, el proceso de reformas que emprendió el país bajo el mando de Deng Xiaoping a partir de 1978 para repudiar el maoísmo y empezar a abrirse al mundo. Aquellos cambios, que se anticiparon a la glasnost y perestroika de Mijail Gorbachov en la URSS, sentaron las bases para el espectacular vuelco de la nación, que pasó de una economía depauperada a convertirse en un tiempo récord en la segunda potencia. Si tras la muerte de Mao el PIB de China representaba el 1,75% de la economía mundial, en 2018 se ha multiplicado por 82 y supone el 15% de la riqueza global, o 12,24 billones de dólares. La esperanza de vida ha pasado de 65,8 a 76,4 años. Más de 800 millones de personas han abandonado la pobreza.

Pero en la monumental exposición oficial Grandiosa Reforma en el Museo Nacional de Historia —uno de los principales eventos con los que China ha querido tirar la casa por la ventana para marcar el aniversario— Deng, el padre de esas reformas, ocupa solo un papel secundario. Como en el resto de los faustos, los grandes protagonistas de las conmemoraciones son Xi Jinping, el líder cada vez más autocrático de China desde hace seis años, y de su “nueva era”.

Una nueva era en la que, según denuncian sus críticos, Xi ha desmantelado sistemáticamente la mayor parte del legado de Deng. Se han eliminado los límites temporales que impuso el Pequeño Timonel al mandato presidencial, pensados para evitar que un líder se perpetuara en el mando; el segundo plano en política exterior que recomendaba el veterano dirigente ya es cosa del pasado; en la economía, el sector público vuelve a ganar terreno sobre un sector privado que fue el motor del crecimiento en las últimas décadas, mientras que las reformas anunciadas hace seis años no han llegado a ponerse en marcha.

“Unidos tras el líder Xi Jinping, núcleo del Partido Comunista”, recibe una enorme pancarta al público que abarrotaba esta semana la exposición: grupos escolares, turistas de otras provincias, militantes del partido en visitas organizadas. En el interior, sala tras sala dedicadas a los logros de la China ultramoderna (y el Partido Comunista): la China que ha llegado a la Luna, la que ha tendido la mayor red de ferrocarril de alta velocidad, la que innova en robótica e inteligencia artificial.

E imágenes y más imágenes del presidente chino. Todas ellas siempre unos centímetros más grandes o más elevadas que el resto de los elementos de la exposición. Deng aparece apenas como un líder más de los que precedieron a Xi: su retrato es del mismo tamaño que otros dirigentes, Hu Jintao o Jiang Zemin. En la sala dedicada a la historia, el espacio que ocupan todos ellos es la mitad que el actual jefe del Estado.

Deng Xiaoping debe estar revolviéndose en la tumba”, opina el profesor Willy Lam, de la Universidad China de Hong Kong. “Se han abandonado casi todas sus reformas: el liderazgo colectivo y la prohibición del culto a la personalidad; separación del Partido y del Estado; en la economía, énfasis en el mercado y buen trato a los empresarios privados y los capitalistas extranjeros…”.

Aunque dentro de China la situación es menos monolítica de lo que la exposición —y el Gobierno chino— quieren presentar. El aniversario, que debía ser una apoteosis de los logros del sistema, llega en medio de más dudas de las anticipadas. La economía china ya no crece como en años pasados. La guerra comercial con Estados Unidos, que China pensaba inicialmente que podría resolver incrementando sus importaciones, se ha transformado en algo más profundo y extendido a otras áreas de la relación bilateral, hasta el punto de que en Pekín ya se considera el comienzo de una guerra fría. Europa comparte muchas de las críticas que Washington formula sobre las prácticas chinas. Y en los últimos días, la detención en Canadá de Meng Wanzhou, la directora financiera del gigante de las telecomunicaciones Huawei, ha sentado como una bofetada en Pekín.

Nadie, ni dentro ni fuera de China, duda de que Xi mantenga un completo control del poder. Pero en los últimos meses se han podido escuchar voces que disienten y piden más reformas económicas para recuperar el camino de reformas a favor del mercado que marcó Deng.

En octubre era el hijo del Pequeño Timonel, Deng Pufang —un hombre con una enorme ascendencia moral dentro del sistema chino—, quien planteaba reproches. Los cambios que impuso su padre “en la estructura social, división de intereses y modo de pensar son fundamentales, históricos e irreversibles”. “Debemos continuar por ese camino, sin regresiones, y sin vacilar durante cien años”, insistía, en un discurso que los medios oficiales nunca llegaron a divulgar. Otros representantes del clan reformista —los hijos del que fuera secretario general del Partido Hu Yaobang; el general Liu Yuan, hijo del que fuera presidente Liu Shaoqi— también han hecho comentarios críticos.

Y quizá como fruto de las presiones externas y las voces disonantes internas parece que puedan avecinarse algunos cambios. “Desde cierto punto de vista, se puede decir que Trump está obligando a Xi a volver a las enseñanzas de Deng”, especialmente en el énfasis en el mercado, el trato no discriminatorio a las empresas extranjeras o un tono menor en la política exterior, apunta Lam.

El jefe del Estado chino pronunciará el martes un discurso sobre el aniversario, donde podría anunciar algunas medidas de profundización en el Gaige Kaifang; o de conciliación en la guerra comercial, como se interpretan en algunos sectores.

“Hay algunas señales tentativas de que se planea un nuevo impulso a las reformas”, indica la consultora Capital Economics. China, según ha adelantado el The Wall Street Journal, podría modificar su plan Hecho en China 2025, por el que quiere convertirse en un líder tecnológico para entonces, y permitir más participación extranjera.

Pero también, agrega la consultora, las nuevas medidas que se anuncien pueden suponer poco más que un lavado de cara para evitar más aranceles y ganar tiempo. “Aunque algunos funcionarios en Pekín ven las reformas basadas en el mercado como una solución a las tensiones comerciales y los problemas estructurales más amplios que afectan al crecimiento económico, otros ven las presiones de EE UU como una reivindicación de las posiciones actuales”, recuerda.

Y tras el caso Huawei en Canadá, China ha respondido deteniendo a dos ciudadanos canadienses por supuestas "actividades que dañan la seguridad nacional". Un paso que en general ha generado tanto apoyo entre la población china como preocupación en el exterior.

En la exposición en el Museo Nacional de Historia, el público, mientras tanto, continúa haciéndose fotos junto a una maqueta inteligente de la presa de las Tres Gargantas, una máquina de tren de alta velocidad o un robot policía. “¿Cómo me siento viendo esto? Me siento rico”, se ríe un joven.

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