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Bruselas advierte de que la UE debe “tener miedo” de empresas chinas “como Huawei”

A la Comisión le preocupa que Pekín pueda acceder a la información de los ciudadanos europeos a través de los dispositivos que venden en el continente

La tremenda expansión de las tecnológicas chinas en Europa inquieta a Bruselas, que teme que el Gobierno de Pekín pueda obtener información confidencial y de los ciudadanos a través de sus dispositivos. El vicepresidente de la Comisión Europea Andrus Ansip fue rotundo y aseguró que la UE debe “estar preocupada” y “tener miedo” de esas compañías, incluida Huawei, cuya vicepresidenta, Meng Wanzhou, fue detenida el pasado día 1 en Canadá, aunque el arresto no se conoció hasta este miércoles. Bruselas va a tratar de blindar la propiedad de empresas estratégicas europeas.

Huawei
El vicepresidente de la Comisión Europea Andrus Ansip. EFE

La Unión Europea es el primer destino de las empresas chinas, que solo en 2017 invirtieron más de 35.000 millones de euros en el continente, según la consultora Rhodium Group. Casi el 60% de ese capital fue a infraestructuras y telecomunicaciones. Y, en pleno desarrollo de las redes móviles 5G, el apetito inversor no hace sino incrementarse.

Esa voracidad, sin embargo, ha puesto en guardia a la Comisión y a varios países, que ven con especial preocupación la entrada de capital público en empresas estratégicas (que teóricamente no es el caso de Huawei). Alemania y Francia temen que esas adquisiciones supongan una transferencia tecnológica de sus países hacia Pekín y, además, pongan en riesgo la seguridad y la soberanía europeas. El vicepresidente de la Comisión encargado de la cartera del Mercado Único Digital expresó este viernes esa última inquietud: la posibilidad de que los proveedores o fabricantes de tecnología chinos colaboren con los servicios de inteligencia de Pekín.

“¿Tenemos que estar preocupados por Huawei o otras compañías chinas? Sí, creo que tenemos que estarlo”, dijo con rotundiad. Ansip denunció que China está exigiendo puertas traseras (backdoors en la jerga) obligatorios. Estos consisten en una secuencia que permite evitar los sistemas de seguridad de un dispositivo. Uno de sus fines puede ser el espionaje —industrial o estatal— o controlar el dispositivo de un ciudadano sin su consentimiento. “Pueden poner algún chip para tener acceso a nuestros secretos”, advirtió Andrus Ansip.

A pesar de que afirmó desconocer “exactamente” las razones del arresto de Meng, Ansip alertó de que “como ciudadanos normales y corrientes” hay motivos para “estar preocupados”. En concreto, juzgó que “no es un buen uso de la ciencia” obligar a las compañías a abrir sus sus sistemas a los servicios secretos de un país, en este caso China.

Las declaraciones Ansip provocaron malestar en la compañía, que en un comunicado afirmó estar “sorprendida” y “decepcionada”. La empresa negó “categóricamente” que suponga una amenaza para la seguridad y que ningún Gobierno le haya pedido crear sistemas para acceder de forma ilícita en los móviles de los usuarios.

El desarrollo de la red móvil de 5G, una infraestructura clave que Europa espera desplegar en 2019, ha supuesto que varios países hayan mirado con lupa los movimientos de Huawei. Algunos incluso han llegado a vetar el uso de equipos fabricados por la compañía china, que lidera el desarrollo tecnológico mundial en este ámbito. Es el caso de Australia y Nueva Zelanda.

Las reticencias a entregar proyectos a compañías chinas por miedo al espionaje también han llegado a Europa. En Reino Unido, British Telecom anunció el miércoles que ha empezado a eliminar los equipos de Huawei de sus redes de 3G y 4G y que la compañía no tendrá acceso al 5G.

Riesgos de seguridad

Sobre la empresa de Shenzhen pesan las conclusiones de un informe del Gobierno británico que señalaba que los equipos fabricados por la empresa habían expuesto a las redes de telecomunicaciones del país a riesgos de seguridad. Huawei se comprometió el viernes a abordar esos problemas con una inversión de 2.000 millones de dólares (1.753 mllones de euros), informó Reuters.

Pero los recelos de la Comisión Europea no se limitan solo a la presencia que pueda tener China como proveedor tecnológico en la UE. Bruselas tiene ya encarrilada una regulación para controlar las inversiones procedentes de terceros países que puedan comprometer la “seguridad” o el “orden público”. Esta podría ser ratificada por el Parlamento a comienzos de 2019.

La nueva regulación europea para escrutar las inversiones de terceros países fue aplaudida por Francia, Alemania y el anterior Gobierno italiano. El Gobierno de Angela Merkel ya frenó en 2016 una operación de 670 millones de euros sobre la tecnológica Aixtron por parte de un fondo vinculado con el Gobierno chino.

Sin embargo algunos países son reticentes a la norma, como Grecia, Portugal y ahora el nuevo Ejecutivo italiano, encabezado por Giuseppe Conte, según fuentes comunitarias. Esos países ven en el capital chino una oportunidad para relanzar sus economías. Empresas públicas chinas se han hecho con infraestructuras como el puerto del Pireo y la terminal de contenedores de Valencia o han lanzado una oferta por la principal eléctrica de Portugal. La UE quiere al menos poder emitir un dictamen sobre este tipo de operaciones.

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