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El Foro China-UE aboga por hacer frente común al nuevo proteccionismo

La próxima visita, el día 28, del presidente chino, Xi Jinping, marca la agenda de un encuentro bilateral entre la Unión Europea y el gigante asiático

Momento de la intervención de Javier Solana. Ampliar foto
Momento de la intervención de Javier Solana.

Xi Jinping, el presidente chino, visitará por primera vez España en seis días, pero a decir de los discursos escuchados en el Foro China-Europa sobre Reforma y Globalización que se ha celebrado este jueves en Madrid, el mandatario ya está presente en la ciudad. Lugares habituales de su pensamiento (“China nunca va a amenazar a ningún país”, entre ellas) se han repetido como mantras en boca de miembros destacados de los medios de comunicación, la universidad y la política de China que han participado en el encuentro.

El foro, organizado por el diario China Daily con la colaboración de EL PAÍS, ha contado con la presencia del expresidente de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero; el presidente de PRISA (empresa editora de EL PAÍS), Manuel Polanco; el expresidente de la OTAN, Javier Solana; la embajadora de China en España, Lyv Fan; y el director de China Daily, Zhou Shuchun.

Junto a las palabras han abundado las cifras, que también se abanderan: entre ellas, la cuota que ocupa el gigante en el mercado internacional, un rotundo 30%, o la salida de 130 millones de turistas chinos al año, 700.000 de los cuales con destino a España, un número que crece año a año. Por encima de palabras y números, sobre el encuentro ha pendido la preocupación por que el mundo globalizado se fragmente. Del lado europeo, con la herida del Brexit; del chino, por la guerra comercial con EE UU. A pesar de las enormes diferencias en cultura y tamaño, parece que en ese aspecto España y China están de acuerdo.

España puede encontrar oportunidades de negocio en China en la financiación de pequeña y mediana empresa, la biotecnología, la educación, los cuidados a personas de la tercera edad, el ocio y el deporte

El neoproteccionismo es, en efecto, una de las grandes amenazas sobre la globalización, y en eso coinciden todos. Porque, a pesar del tono diplomático de los discursos y las palabras de buena voluntad, se destila una idea concreta: para los chinos y para los europeos, la globalización no es solo fuente de crecimiento económico, sino también de estabilidad política mundial.

El argumentario de Pekín incluye referencias discretas al peligro que representa para China las medidas de Donald Trump. Recoge el guante, pues ahí hay también hay coincidencia con Europa, Javier Solana: “Queríamos un mundo global y multipolar, y los tenemos, pero también queríamos un mundo multilateral y eso no ha ocurrido”. Sin mencionar casos concretos, Solana denunció cómo hay países interesados en frenar el multilateralismo. “Nos dirigimos a un mundo que es la suma de relaciones bilaterales”, ha criticado. La economía, pero también las relaciones políticas, quedan así comprometidas. “La UE no puede estar de acuerdo con eso, porque la Unión es un ejemplo de multilateralismo”, ha explicado Solana.

José Luis Rodríguez Zapatero y Javier Solana. ampliar foto
José Luis Rodríguez Zapatero y Javier Solana.

El expresidente Rodríguez Zapatero también ha hablado de la necesidad de frenar esa descomposición de la estructura institucional del mundo. "Cuantos más presidentes Trump haya en Estados Unidos y más nacionalismos haya en Europa, antes llegará China al liderazgo mundial", ha sentenciado tajante. El refuerzo de Naciones Unidas y la institucionalización del G20 se hacen necesarias, ha insistido el exmandatario, para vencer la nueva política proteccionista. "China y UE tiene que coaligarse para lograr eso. Siempre he defendido la política de 'una sola China' al igual que he defendido una UE unida".

Cambios en el patrón de crecimiento de China

No ocultan los intervinientes chinos el freno al crecimiento del país, pero responden que las tasas son aún muy altas y que seguirán siendo "suficientes" para sostener el progreso del país. Se insiste, además en que esta nueva etapa ("de madurez", dicen, y ahí va otro mantra) deriva de una apuesta del país por contener la burbuja del sector inmobiliario, mejorar la calidad de sus productos, procurar que la producción de bienes respete el medioambiente y la protección de la propiedad intelectual. Son conscientes de que los sambenitos de que en el pasado China ha crecido exacerbadamente compitiendo en bienes de peor calidad, sin los grilletes medioambientales de occidente o imitando productos extranjeros.

Puestos a romper imágenes estereotipadas, los chinos se presentan ahora no solo como un gigante exportador, el primero del mundo, por un valor de 2,27 billones de dólares en 2016) sino también como un colosal importador de bienes y servicios extranjeros (el segundo mundial, por un importe de 1,23 billones de dólares). El país ha marcado ese deseo con la primera Exposición Internacional de Importación celebrada hace unos días en Shanghái.

Javier Solana: “Queríamos un mundo global y multipolar, y los tenemos, pero también queríamos un mundo multilateral y eso no ha ocurrido”

Ese afán por impulsar las importaciones responde, apunta Ye Xiaowen, del Comité de Aprendizaje y Datos Culturales e Históricos del Partido Comunista Chino, que habla con humor de que los chinos de hoy "quieren vivir bien, y además somos coquetos", de ahí que estén abiertos a los productos, con fama de sofisticados, que produce occidente. Ahí, según apuntan varios ponentes, hay una oportunidad para España, que además de exportar bienes, puede aportar, y se entiende que sería bien recibido, su conocimiento en tecnología de los alimentos y de agricultura intensiva.

Otros campos en los que España puede encontrar oportunidades de negocio son los de la financiación de pequeña y mediana empresa (uno de los lastres sobre el crecimiento en China), la biotecnología, la educación, los cuidados a personas de la tercera edad, el ocio y el deporte. Los emprendedores españoles tienen ante sí, comenta Lui Shijin, de la Fundación de Investigación en Desarrollo de China, la oportunidad de beneficiarse de un mercado de consumidores de clase media que ya está casi a la altura del estadounidense.

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