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Malgorzata Gersdorf | Presidenta del Supremo polaco

“Seguir en mi puesto es una cuestión de respeto a los valores democráticos”

La magistrada, símbolo de la resistencia contra la deriva autoritaria del Ejecutivo polaco, se niega a dejar su cargo, como exige la cuestionada reforma del Supremo, y defiende que ella solo cumple la ley

La presidenta del Supremo polaco, Malgorzata Gersdorf, el pasado octubre, a su llegada al tribunal.
La presidenta del Supremo polaco, Malgorzata Gersdorf, el pasado octubre, a su llegada al tribunal. Getty
Varsovia (Polonia)

Rotundamente, no. Malgorzata Gersdorf, presidenta del Tribunal Supremo de Polonia, no piensa abandonar su puesto de trabajo. “Fui nombrada por un mandato de seis años, como dispone la Constitución de este país. Y ninguna ley ni decreto es capaz de cambiar esto. Nadie está por encima de la Constitución”. El pasado julio, la magistrada, de 65 años, recibió una carta de despido firmada por el presidente de la República de Polonia, Andrzej Duda, en la que le comunicaba que ella estaba en el grupo de los 27 jueces que habían alcanzado la edad máxima para seguir trabajando.

La nueva reforma del Tribunal Supremo, aprobada por el Gobierno del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) y que entró en vigor en abril, rebaja la edad de jubilación de 70 a 65 años, dando vía libre al presidente de la República para hacer nombramientos. Pero esta controvertida ley fue paralizada el mes pasado por el Tribunal de Justicia europeo, a petición de la Comisión. Bruselas considera que vulnera los principios del Estado de derecho de la sexta economía de la UE.

"Ninguna ley o decreto está por encima de la Constitución polaca", asevera la juez

Durante estos cuatro meses, y a pesar de estar oficialmente despedida, Gersdorf se ha presentado todos los días en su despacho de la Corte Suprema, ubicado en la plaza Krasinski, en el centro de Varsovia. Aquí se congregaron este verano centenares de manifestantes que apoyaban la valentía de esta mujer menuda, experta en Derecho Laboral, que ha puesto en evidencia al Gobierno del país. “Ellos nos daban fuerzas para seguir luchando. Porque seguir en mi puesto es una cuestión de honor y de respeto a los valores del sistema”, explica la magistrada sentada en una de las mesas que componen la geografía de su decimonónico despacho.

Algunos han llegado a tildar su actitud de revolucionaria. Gersdorf se ha convertido en un símbolo de la resistencia contra las medidas autoritarias del Ejecutivo. “No soy una revolucionaria, simplemente cumplo las normas y me he resistido de una manera pacífica y tranquila”, recalca. Le guste o no, su imagen de este verano, entrando a la Corte Suprema rodeada de ciudadanos que aplaudían su valentía (hasta Lech Walesa, Nobel de la Paz y antiguo presidente de la República, se sumó a las movilizaciones) la erigió como una heroína de la justicia. Desde entonces, en algunas ocasiones le gusta llevar en la solapa de su chaqueta una rosa blanca como la que le regalaron unas manifestantes como “símbolo de independencia”.

Ni el presidente de la República ni el Consejo General del Poder Judicial (NCJP, por sus siglas en polaco) la consideran la presidenta del máximo órgano jurisdiccional. Pero ella no se da por aludida. “No me tratan como la presidenta que soy, ni siquiera me han invitado a los actos de celebración por el día de la independencia de Polonia, que será el próximo domingo”, cuenta Gersdorf. Los jueces afectados por la reforma pudieron solicitar una prórroga de su cargo de hasta tres años. La concesión dependía del presidente Andrzej Duda. De los 12 que pidieron quedarse más tiempo, solo cinco obtuvieron el permiso de Duda. Pero ella directamente no lo solicitó porque no reconoce la validez legal de esta ley.

La esperanza de la magistrada es el Tribunal de Luxemburgo, que el 16 de noviembre se pronunciará sobre la petición de la Comisión Europea de imponer medidas cautelares que mantendrían la suspensión de la reforma y que exigen que los 27 magistrados afectados por la ley vuelvan al trabajo. “Para nosotros la respuesta europea ha llegado tarde, pero entendemos que las instituciones comunitarias trabajan con otros tiempos. Aunque no podemos considerar todo este tiempo como perdido, porque nos ha valido para que la sociedad polaca fuera consciente de lo que estaba sucediendo con la justicia”.

"Han intentado vincularme con el comunismo para desprestigiarme. Yo participé en el sindicato Solidaridad para luchar por la libertad del país"

¿Ha sentido alguna vez miedo, se ha sentido amenazada?

- “No. Esta situación no es fácil, pero es mi deber seguir aquí”.

Gersdorf, que también es profesora de Derecho laboral en la universidad de Varsovia, aprovecha las clases para explicar a sus alumnos lo que según ella está sucediendo en el país. “Este Gobierno no favorece el equilibro de poderes en el que se basa el sistema y tenemos que garantizar el Estado de derecho”. Su pulso contra el Ejecutivo la ha puesto en el punto de mira de la opinión pública. “Para desprestigiarme, han intentado vincularme con el comunismo, y eso me cabrea bastante. Yo fui una de las primeras en apuntarme al sindicato Solidaridad en la universidad en los años ochenta, cuando todos luchábamos contra el comunismo a favor de la libertad de este país”, defiende con vehemencia. 

Esta madre de familia, hija de juristas, esposa también de un experto en leyes, ha sido la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de la Corte Suprema. Ella le resta importancia y recuerda que hay muchas magistradas en la judicatura polaca. Hace una década, hastiada de la vida como asesora en un despacho privado de abogados, decidió presentar su candidatura como jueza del Supremo. “Ya tenía suficiente dinero y un puesto así es el máximo reconocimiento que se puede tener”.

La presidenta del Supremo polaco, el 3 de julio de 2018.
La presidenta del Supremo polaco, el 3 de julio de 2018. NurPhoto vía Getty Images

El procedimiento para conseguir plaza fue largo y complicado. Superadas todas las pruebas, su candidatura tuvo que ser avalada por el entonces presidente del Gobierno, Lech Kaczynski, fallecido en un accidente aéreo en 2010. “Ya nos conocíamos, crecimos en el mismo patio del vecindario”, cuenta. “Los Kaczynski eran muy famosos en el barrio, eran los únicos gemelos y salieron hasta en una película”.

Gersdorf coincidió también con Lech Kaczynski en la facultad de Derecho. “Siempre nos hemos tratado con respeto, pero con Jaroslaw [que dirige ahora el país en la sombra] no he tenido trato”, zanja y cambia de tema. “Solo espero que al final el Gobierno acate la sentencia del Tribunal Europeo de Justicia y que todo vuelva a la normalidad”. Admite que este pulso que mantiene le está afectando personalmente, pero se reafirma: “Mi postura es inexorable”.

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