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El rechazo de Bruselas a los presupuestos provoca choques en el seno del Gobierno italiano

La prima de riesgo se dispara y roza ya los 340 puntos, el máximo desde 2013

De izquierda a derecha, el vicepresidente Matteo Salivni, el primer ministro, Giuseppe Conte, y el vicepresidente Luigi Di Maio. En vídeo, declaraciones del comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici.

Luigi Di Maio, vicepresidente de Italia, se fue el miércoles por la noche al plató de televisión de Bruno Vespa en la RAI y, en pleno prime time, acusó a la presidencia de la República de manipular el decreto fiscal salido del Consejo de Ministros. Era tan grave, dijo, que lo denunciaría en la Fiscalía. Cuando el presentador, en otros tiempos gurú televisivo de Silvio Berlusconi, le contestó que era imposible porque ese documento todavía no había llegado al Quirinal, Di Maio impostó una sonrisa y dio a entender que, entonces, tenía que haber sido su socio de gobierno: “Una manita técnica o política”. El momento televisivo fue impagable. El derrape político, monumental. Di Maio logró ofender en 20 segundos al presidente Sergio Mattarella y cabrear a la Liga, que habló de "surrealismo" y puso al descubierto las grietas de un Ejecutivo que todavía debía recibir al día siguiente una sensacional bofetada de Bruselas.

El jueves por la mañana, Italia se divirtió con todo tipo de crueles memes en Internet sobre la salida de pista de Di Maio, un vicepresidente de 32 años sin experiencia laboral previa. Pero la broma duró hasta que llegó la respuesta de Bruselas a los Presupuestos, donde en una dura carta acusaba al Gobierno de provocar “una desviación sin precedentes” y abría otra vía de agua. Una reacción esperada en Roma, pero no suficientemente descontada por los mercados, que han vuelto a cuestionar la solvencia de la tercera economía de la zona euro derribando la Bolsa de Milán y disparando la prima de riesgo, que roza ya los 340 puntos: el máximo desde 2013. Una situación alarmante a la que el Gobierno, de momento, solo ha sido capaz de responder mostrando su profunda división y reconociendo públicamente graves problemas conyugales. Salvini, furioso con el intento de los grillinos de atribuir a su partido la amnistía fiscal a evasores, reaccionó el viernes con virulencia: "Yo por tonto o por amigo de los evasores no voy a pasar. El Movimiento 5 Estrellas presentó 81 enmiendas al decreto, como si fueran  la oposición. Chicos, no es así como se trabaja".

La Liga y el M5S mantienen desde hace semanas una guerra soterrada que ya no ocultan. Los grillinos ya no se fían de su socio, disparado en las encuestas, y mucho más sereno públicamente. Todos los escenarios favorecen a un Salvini en auge, que permitirá que este Gobierno dure lo que a él le convenga. De hecho, si el Ejecutivo cuenta todavía con el respaldo de un sector de los empresarios italianos y de parte del poder financiero es gracias a la letra pequeña incluida por la Liga en el contrato de gobierno. Justo de lo que se queja Di Maio ahora y atribuye a una conspiración. Pero el partido ultraderechista, curtido durante décadas en puestos de mando en gobiernos nacionales y regionales, ha comenzado también a devorar desde dentro a los grillinos, sin conocimiento de la Administración. “Han metido a las pirañas en el bidé”, señala un miembro del M5S con responsabilidad municipal en Roma.

La piraña jefe sería Giancarlo Giorgetti, algo así como el jefe de Gabinete del Gobierno y la persona que la Liga ha elegido para controlar de cerca al inocuo primer ministro, Giuseppe Conte. Giorgetti es un zorro viejo curtido en anteriores ejecutivos y una vida de esmerada fontanería en las bancadas de la Cámara de Diputados que ha logrado sacar de quicio a Di Maio, incapaz de seguir la velocidad a la que se mueve el lombardo. El miércoles volvió a oler la sangre y esta mañana ha vuelto a referirse a la salida de tono del vicepresidente en el plató de RAI 1. “Basta ya de complots. Si se continúa atacando a quien intenta mantener en pie este Gobierno, no iremos demasiado lejos. Quizá Di Maio tiene la manita en casa”.

La situación bordea el caos. Conte convocó este jueves por la tarde un Consejo de Ministros extraordinario para el sábado destinado a resolver la crisis y a revisar el famoso documento "manipulado". Salvini, furioso con un lío que le pilló en Moscú, respondió primero que no pensaba asistir. Luego se lo pensó mejor y este viernes por la mañana ha confirmado su presencia. “Hoy estoy en Trentino, pero mañana vuelo a Roma para resolver los problemas. Basta de peleas. Las polémicas ayudan solo a los adversarios del Gobierno, a los burócratas europeos y a los especuladores. Resolvamos los problemas hablando”. No está claro, sin embargo, que a al ministro de Interior le convenga ya resolverlos.

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