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Malasia continúa la transición política y libera al líder opositor Anwar Ibrahim

El político recibe un perdón real a una condena por sodomía tras pasar nueve de los últimos 20 años en prisión

Anwar Ibrahim, tras su liberación.
Anwar Ibrahim, tras su liberación. AP

Malasia sigue dando pasos para afianzar el cambio político. Solo una semana después de que la oposición lograra una victoria electoral histórica, el político Anwar Ibrahim ha sido puesto en libertad este martes tras recibir un perdón real a su condena por sodomía, la segunda de la que ha sido objeto en las últimas dos décadas. El plan previsto es que Anwar, líder opositor antes de ir a prisión, reemplace en uno o dos años al actual primer ministro, el nonagenario Mahathir Mohamad, primero su mentor, después su verdugo, y ahora inesperado aliado.

Acompañado de su esposa, la viceprimera ministra Wan Azizah, y su hija, la diputada Nurul Izzah Anwar, el líder opositor, de 70 años, salió por su propio pie este miércoles, a las 11.29 hora local (05.29 hora española), del centro hospitalario de Kuala Lumpur donde se recuperaba de una operación en el hombro, después de pasar los últimos tres años en prisión. Vestido con un elegante traje oscuro, sonriente y recibido por una multitud de seguidores y periodistas, el político fue inmediatamente conducido al interior de un vehículo para trasladarse al Palacio Nacional y entrevistarse allí con el monarca, Muhammad V. El rey le había concedido apenas una hora antes un indulto completo, que le permite incorporarse de forma automática a la actividad política, como había pedido Mahathir.

En las instalaciones palaciegas, Anwar también se vio las caras con Mahathir, su socio y hasta ahora gran protagonista del cambio en Malasia. La volátil relación entre ambos se remonta a décadas atrás y ha pasado por toda fase posible. Fue Mahathir quien invirtió en el potencial de Anwar y acabó confiándole el cargo de viceprimer ministro cuando el actual dirigente gobernó Malasia por primera vez, entre 1981 y 2003. Pero tras una disputa entre ambos en plena crisis financiera asiática, en 1998, Mahathir -entonces abiertamente autoritario- despidió a Anwar, que instaba a impulsar reformas para acabar con la corrupción y el nepotismo en el país.

Anwar fue después acusado de corrupción y sodomía, un delito en el país de mayoría musulmana, y pasó seis años en prisión, hasta 2004. Fue a su salida de la cárcel cuando decidió pasar a la oposición, haciendo tambalear la victoria del ex primer ministro Najib Razak en las elecciones en 2013. Dos años después, volvió a ser condenado a cinco años de cárcel por sodomizar a un asesor. Anwar siempre ha denunciado las acusaciones como políticamente motivadas.

Su victoria final ha llegado tras un camino azaroso. Desde prisión, Anwar se alió de nuevo con Mahathir para forjar una alianza opositora con la que vencer a Najib, involucrado en un sórdido escándalo de corrupción que salió a la luz en 2015: unos 681 millones de dólares, de un total de 2.600 desfalcados del fondo estatal 1Malaysia Development Berhanrd (1MDB), acabaron supuestamente en cuentas del ex primer ministro. Unidos contra Najib, ambos impulsaron la coalición Pakatan Harapan (PH, Pacto por la Esperanza), de la que forma parte Parti Keadilan Rakyat (PKR, el Partido de la Justicia Popular), la formación de Anwar. Liderada por Mahathir, PH obtuvo una inesperada victoria en las elecciones del pasado miércoles en Malasia, arrebatando el poder a la coalición Barisan Nasional (BN, el Frente Nacional), invicta desde hacía seis décadas.

Ya fuera de prisión, y sin un rol todavía concretado en el nuevo ejecutivo, el tándem Mahathir-Anwar afronta retos mayúsculos, desde esperadas reformas económicas a la distribución de poderes entre figuras y equipos hasta hace no mucho enfrentados. Mientras Mahathir aseguró esta semana que gobernará “uno o dos años más”, cuando delegará en Anwar, el último se ha mostrado optimista pero cauto.

Malasia “está a punto de entrar en una era dorada”, subrayó Anwar en una entrevista a un medio australiano horas antes de su liberación, advirtiendo a su vez que ganar las elecciones no convierten al país en una “democracia” de forma automática. El país asiático arrastra un modelo de gobierno desde su independencia en 1957 únicamente perfilado por BN y su partido insignia, la Organización Nacional de los Malayos Unidos (UMNO), que el propio Mahathir diseñó durante más de dos décadas.

“Una nueva alianza era esencial para desmontar el profundo y endémico sistema corrupto que preside Malasia”, indicó Anwar en dicha entrevista, en referencia a Najib. “Así que, mientras haya un compromiso sincero con esos principios, siempre hemos dado la bienvenida a nuevos seguidores”, añadió.

Una de las primeras iniciativas de Mahathir ha sido nombrar un nuevo jefe para la comisión anticorrupción y reemplazar al fiscal general que había retirado los cargos contra Najib por el 1MDB. El nuevo gobierno ha prohibido a Najib abandonar el país mientras se investiga su rol en el escándalo.

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