Los iraníes pierden la esperanza en el acuerdo nuclear

Para la población, las amenazas de Trump sólo agravan la mala gestión económica de sus gobernantes

Ciudadanos iraníes pasean por Teherán, en abril.
Ciudadanos iraníes pasean por Teherán, en abril.Vahid Salemi (AP)

“Durante los últimos meses hemos perdido mucho capital porque la gente ha sacado su dinero para invertir en el sector inmobiliario o comprar oro y divisas”, explica preocupado el vicedirector de la oficina central de un banco en el centro de Teherán. La fiebre por convertir los ahorros en moneda extranjera o invertirlos en oro y ladrillo es el testimonio más evidente de la inseguridad que suscita en Irán el futuro del acuerdo nuclear que el país firmó con las seis grandes potencias hace tres años. A medida que se avecina el 12 de mayo, la fecha que EE UU se ha fijado para decidir si sigue o no dentro de ese pacto multinacional, los iraníes están perdiendo la esperanza en su viabilidad.

Aun así, algunos analistas señalan que la preocupación respecto al destino del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), nombre oficial del acuerdo, no se atiene a los hechos. “El PIAC todavía no se ha puesto en práctica, en gran medida debido a las amenazas de la Administración Trump; las autoridades [iraníes] siempre han tenido en cuenta la falta de compromiso norteamericano al respecto, por lo tanto, la posible salida de EE UU no debería suponer consecuencias tan negativas como se dice”, precisa Saeed Leilaz, economista y asesor del presidente Hasan Rohani.

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Sin embargo, Leilaz, como muchos iraníes, no puede ocultar su desconfianza hacia la capacidad de las autoridades para controlar los efectos económicos, como se ha puesto en evidencia con la devaluación del rial, la moneda iraní, un 35 % durante los últimos cuatro meses. “Las medidas del Gobierno pueden ser determinantes. En mi opinión, el gobernador del Banco Central y el propio presidente reaccionaron muy tarde ante la crisis de divisas que vivimos, a pesar de que les habíamos advertido con cierta antelación”, confía el analista durante una conversación con EL PAÍS.

De hecho, las amenazas de Trump y la incertidumbre que han creado en torno al PIAC, ya han inmovilizado algunos sectores económicos en Irán. “Desde hace un mes nadie está dispuesto a vender su piso; casi todos los potenciales vendedores se han retirado del mercado convencidos de que el precio de la vivienda va a dispararse tras la salida de EE UU del acuerdo”, señala Afshin, un veterano agente inmobiliario en el centro de Teherán.

El inmobiliario es un refugio tradicional del dinero en tiempos de crisis. Pero la situación que describe Afshin se repite en muchos otros sectores que de una u otra forma están afectados por la subida de los tipos de cambio. También las empresas importadoras y distribuidoras de medicamentos están retrasando sus ventas a las farmacias en espera de que suban los precios debido a la devaluación del rial, según Sina, empleado de una distribuidora.

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“El precio de los equipos informáticos ha subido muy por encima del poder adquisitivo, así que muchos clientes optan por comprar productos de segunda mano importados de contrabando”, cuenta por su parte Mohammad, dependiente en una de las tiendas del ramo del centro comercial Parsian, cerca de la plaza Valieasr.

Aunque las protestas de los últimos diez años han exigido mayores libertades sociales, la economía siempre ha sido la principal causa de movilización de las capas más tradicionales y religiosas de la sociedad. El ayatolá Javadi Amoli, fuente de emulación y profesor de renombre de las madrazas de la ciudad Qom, ha criticado el desempeño económico de las autoridades con inusual franqueza. “Con todos los problemas que hay, si el pueblo se levanta, nos echará a todos al mar. Muchos se han ido del país o han preparado una alternativa, pero nosotros no tenemos dónde ir”, le dijo al ministro de Trabajo y Bienestar Social, Ali Rabiei, en una reciente reunión.

Amir Mohebbian, profesor universitario y analista político, opina que “aunque el PIAC no le haya garantizado a Irán los beneficios económicos que se esperaban, ha demostrado a la comunidad internacionales la naturaleza pacífica del programa nuclear”. Para este experto “la salida de Trump del acuerdo dañará sin duda a la economía, pero el mayor daño será la desconfianza que va a generar en los iraníes sobre la posibilidad de solucionar problemas, en especial los regionales, mediante negociaciones”.

Pero no todos piensan que la salida de EE UU vaya a perjudicar a Irán. Saman, un joven estudiante de Derecho de la Universidad Shahid Beheshti de Teherán, afirma que “teniendo en cuenta la falta de beneficios palpables del PIAC, su abandono por parte de Trump, abre el camino a Teherán para liberarse de los compromisos que adquirió”. No obstante, se muestra convencido de que “EE UU no va a dejar el acuerdo porque lo que busca es ponerle tantas trabas que Irán se vea obligado a salir primero”. Es una opinión que también comparten algunos observadores.

Sea como fuere, la mayoría de los iraníes opina que la inestabilidad de su economía es principalmente el resultado de mala gestión de las autoridades, y que la incertidumbre generada por las amenazas de Trump sólo ha intensificado una situación que viene agravándose en las últimas décadas.

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