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Francia apunta al régimen de El Asad pero deja en el aire la decisión de atacar

El presidente francés afronta la primera decisión de su mandato sobre una intervención bélica

El presidente de Francia, Emmanuel Macron. Ampliar foto
El presidente de Francia, Emmanuel Macron. REUTERS

Emmanuel Macron decidirá en los próximas horas o días si y cómo embarcar a su país en la primera operación bélica de su presidencia. El presidente francés, que al llegar al poder hace casi un año fijó el uso de armas químicas como una “línea roja” intolerable para Francia, lleva días en contacto con su homólogo en Estados Unidos, Donald Trump, para castigar al régimen de Bachar el Asad. Macron aseguró este jueves tener pruebas de la responsabilidad de El Asad en la matanza reciente, pero dejó en el aire el momento de la intervención.

“Tenemos la prueba de que la semana pasada se usaron armas químicas, por lo menos cloro, y que las usó el régimen de Bachar el Asad”, dijo en una entrevista en el telediario de las 13.00 de la cadena privada TF1. “Habrá que tomar decisiones a su debido momento, cuando lo juzguemos más útil y eficaz”, añadió. La declaración es suficientemente imprecisa para no disipar la ambigüedad que tanto Macron como Trump, cada uno a su modo, han mantenido estos días.

El ataque con armas químicas en la región de Guta Oriental, en Siria, pone al presidente francés en una situación compleja en la que él mismo se colocó al prometer que no toleraría el uso de este tipo de armamento, cuyo uso prohíben las convenciones internacionales. Como hizo el entonces presidente de EE UU, Barack Obama, tras estallar la guerra en Siria en 2011, Macron dijo que el uso de armas químicas era una linea roja que, en caso de traspasarse, desencadenaría una intervención militar.

"Cuando se fijan líneas rojas", dijo Macron en junio de 2017 en una entrevista con EL PAÍS y otros medios, "si usted no sabe hacerlas respetar, es que ha decidido ser débil. No es mi opción. Si ha resultado que se han utilizado armas químicas sobre el terreno [en Siria], y si sabemos trazar su procedencia, entonces Francia procederá a ataques para destruir los almacenes de armas químicas identificados”.

Obama, tras constatar en el verano de 2013 que El Asad había usado armas químicas, preparó la intervención pero dio marcha atrás en el último momento. Toda la cuestión ahora en Francia consiste en saber si Macron ha sacado la lección de la decisión de Obama, que tuvo costes enormes para su credibilidad y quizá para la evolución dela guerra en Siria.

La pérdida de credibilidad es un riesgo si el presidente francés incumple la promesa. En sus memorias recién publicadas, su antecesor, François Hollande, juzga con severidad la rectificación del expresidente estadounidense. La alternativa —es decir, intervenir— entraña otro riesgo: ver a Francia —con su principal aliado ante esta guerra, Estados Unidos— envuelta en un choque con Rusia e Irán.

“Es muy difícil gestionar esto”, dijo esta semana a un grupo de corresponsales el ex primer ministro francés y exministro de Exteriores Dominique de Villepin. “Hay que enviar un mensaje fuerte a Bachar el Asad, si ha traspasado la línea roja, pero al mismo tiempo hay que evitar dejarnos arrastrar en un engranaje de escalada sobre el terreno”.

“El ataque debe preciso, elegido, controlado y explicado de manera que responda al uso de armas químicas”, añade. “Esto significa que se haga lo necesario con los rusos, que se explique a los rusos que habíamos avisado, las pruebas que tenemos y por qué lo hacemos. Y que cada vez que ocurran ataques semejantes los sancionaremos”.

En la entrevista con TF1, el presidente francés dijo que, en Siria, Francia debía seguir combatiendo a los terroristas del Estado Islámico “hasta el final”, presionar en la ONU para que se acuerden altos al fuego, abrir rutas para ayudar y rescatar a los civiles amenazados y preparar el futuro político de Siria. La intervención bélica, dijo, ocurrirá “cuando se hayan verificado todas las informaciones”. "En ningún caso Francia permitirá que haya una escalada", precisó Macron, que estos días también ha hablado con el presidente ruso, Vladímir Putin, aliado de El Asad.

No hay solución fácil, coinciden los expertos. “Es demasiado tarde para intervenir, y será demasiado poco. Y, si fuera una intervención significativa, sería demasiado peligroso”, comenta Dominique Moïsi, consejero especial del Instituto francés de Relaciones Internacionales y autor, entre otros libros de Geopolítica de las emociones. “Pero no hacer nada, cuando hemos hablado de líneas rojas y hemos dicho que nunca aceptaríamos el uso de armas químicas, aún es peor”.

Francia, actor en Próximo Oriente

El vacío que ha dejado el repliegue de Estados Unidos y una tradición intervencionista de Francia convierten a este país en un actor en la guerra civil en Siria. La atípica conexión de Emmanuel Macron con Donald Trump también le ayuda. Como sus antecesores, Macron no renuncia a tener un papel en los conflictos bélicos en el mundo árabe y musulmán. Con François Hollande, Francia intervino en Siria e Irak y antes, con Nicolas Sarkozy, encabezó los bombardeos en Libia. Macron, presidente desde mayo de 2017, ha actuado en los meses pasados como mediador entre Arabia Saudí y Líbano, y exhibe su capacidad para hablar con todos en la región, incluido Irán, país que ha prometido visitar.

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