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Schulz deja la presidencia del SPD para permitir la regeneración del partido

El político será el próximo ministro de exteriores alemán si las bases del partido ratifican el acuerdo de gran coalición con Merkel

El líder del SPD, Martin Schulz, este miércoles en Berlín.

Todavía no se habían cerrado los últimos flecos del acuerdo de gran coalición cuando se sintieron los primeros temblores en la sede del partido socialdemócrata (SPD). Por un lado, el SPD emergía como el gran triunfador de un acuerdo que le permite acaparar cotas de poder desproporcionadas en relación a su peso político. Por otro, Martin Schulz, el hombre que encumbró y descalabró al partido en cuestión de meses y responsable del pacto con Angela Merkel, anunciaba que dejará de ser el líder de la socialdemocracia alemana para permitir “la renovación” del partido. Andrea Nahles, jefa del grupo parlamentario y exministra de Trabajo ha sido la candidata elegida como sucesora.

La idea es que Schulz pase a formar del futuro Ejecutivo gran coalición como ministro de Exteriores y que haya un nuevo rostro que permita la necesaria renovación de un SPD en horas bajas. Todo en condicional y a la espera de que las bases del partido den el visto bueno al acuerdo de coalición. “Asumí la presidencia hace casi un año y lideré una campaña electoral muy dura que culminó en resultados muy malos para el partido”, reconoció Schulz en conferencia de prensa a media tarde, acompañado por Nahles, su probable sucesora.

La gran coalición en ciernes se ha llevado por delante la credibilidad de Schulz, un hombre que juró en varios idiomas que su partido nunca participaría en un Gobierno con la canciller. Pero tras fracasar Merkel en su búsqueda de un socio minoritario, Schulz aceptó sentarse a negociar una nueva gran coalición, de la que buena parte de las bases de su partido reniega y a la que culpan de su batacazo electoral en septiembre, tras cohabitar ocho de los últimos doce años en una gran coalición con Merkel.

Pese al dilema que plantea la gran coalición para el SPD, o precisamente por eso, el partido socialdemócrata ha emergido como el gran vencedor del acuerdo de gran coalición III que debería gobernar Alemania durante los próximos cuatro años. A pesar de ser el socio minoritario en el Ejecutivo se queda con las principales carteras y ve como su principal exigencia, el fortalecimiento de Europa y el fin de la austeridad de la era Schäuble queda reflejado en el texto del acuerdo. Su triunfo no es casual. Los líderes de los grandes partidos han negociado mirando de reojo a las bases reticentes del SPD, llamadas a votar en una consulta vinculante a favor o en contra de la gran coalición.

La dirección del SPD confía ahora en que ostentar los principales ministerios, contribuya a ablandar las resistencias de los militantes, con el argumento de que si de lo que se trata es de mejorar la vida de los alemanes, con las grandes carteras en su poder tendrán muchas más posibilidades de hacerlo, que batallando desde la oposición. Está por ver si esas ganancias bastan para doblegar las reticencias de parte de la militancia, que no quiere una gran coalición III a ningún precio.

463.723. Ese es el número de afiliados del SPD, que tienen a partir de ahora en sus manos la llave del Gobierno alemán y que a estas alturas se encuentran profundamente divididos. La cifra publicada el martes indica además, que desde principios de enero, el SPD ha sumado 24.339 afiliados y después de que las juventudes socialdemócratas, los poderosos Jusos, se propusieran derribar la gran coalición con su campaña “Afíliate, di no”. Los votos de los recién llegados pueden resultar cruciales en una votación que se presume ajustada.

Los detractores de la gran coalición culpan a la alianza con Merkel del declive de un partido, que sienten, que ha visto cómo su identidad se diluye fruto de la cohabitación con los conservadores. Piensa el sector crítico que los electores necesitan identificar con claridad cuáles son las señas de identidad del partido y que eso solo es posible desde la oposición. Sostienen además, que la gran coalición ejerce de suculenta munición para la pujante extrema derecha alemana, que con 92 diputados pasaría a ser el primer partido de la oposición y que se alimenta del rechazo a las políticas de consenso y los partidos tradicionales. Alexander Gauland, líder de AFD, se apresuró ayer a culpar a Merkel de hacer concesiones “por miedo a los militantes del SPD”.

“El partido está claramente dividido. Los Jusos son solo un síntoma de una pelea que está ahí. Ya estaba hace cuatro años y ahora se ha ampliado. Hay mucho escepticismo y el resultado de la votación va a estar muy ajustado”, explica Michael Bröning, de la fundación Friedrich Ebert, próxima al SPD.

En el pasado congreso extraordinario de Bonn, a finales de enero, un 56% de los delegados del partido allí reunidos votó a favor de negociar un acuerdo de gran coalición, con la condición de lograr mejoras en sanidad, empleo e inmigración que solo se han logrado parcialmente en el acuerdo final. Mientras, el partido no ha dejado de caer en las encuestas en las últimas semanas, llegando a alcanzar un mínimo histórico del 17%, tres puntos y medio por debajo del desplome registrado en las elecciones de septiembre.

Según fuentes del SPD citadas por la agencia Reuters, el partido planea anunciar el resultado de la consulta el 4 de marzo. Los militantes tendrían once días para votar a partir del 20 de febrero. Las bases tienen ahora la última palabra.

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