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Desigual seguimiento de la enésima huelga general contra la austeridad en Grecia

El cansancio acumulado por la población en siete años de recortes se nota también en el decreciente seguimiento de estas convocatorias

Manifestantes marchan en Atenas este jueves durante la huelga general.
Manifestantes marchan en Atenas este jueves durante la huelga general. EFE

Con la meta de agosto de 2018 —cuando concluye teóricamente el tercer programa de rescate—cada vez más cercana, y a la vista del buen rumbo de la economía, con cifras récord en la consecución de superávits primarios, la convocatoria este jueves de una huelga general apenas ha hecho mella en el Gobierno de Alexis Tsipras, inmerso en el intenso debate parlamentario de los Presupuestos de 2018. El cansancio acumulado por la población en siete años de austeridad y recortes se nota también en el decreciente seguimiento de estas convocatorias: más de 40 desde 2010, fecha del primer rescate; la séptima desde que Tsipras llegara al poder en enero de 2015; la segunda en lo que va de año.

Por eso, como las anteriores, la de este jueves ha sido irregularmente secundada (de forma masiva en los servicios públicos y el transporte, con paro total de trenes y ferris; mínima en el comercio), pese a que el lema de los dos grandes sindicatos convocantes, Adedy (sector público) y Gsee (privado), aún es capaz de movilizar a amplias capas de la población, como las 20.000 personas que, según la policía, se manifestaron a mediodía en Atenas: no a la austeridad, a más recortes y subidas de impuestos. Eso es precisamente lo que prevén las más de 80 acciones prioritarias o previas que las instituciones acreedoras exigen a Atenas entre marzo y junio de 2018 para completar la cuarta, y definitiva, revisión del tercer rescate. A ello se añade un nuevo tijeretazo a las pensiones en 2019, fuera ya del programa y aprobado hace unos meses con los acreedores.

Entre las 80 acciones suplementarias que exigen las instituciones, según el acuerdo suscrito el 2 de diciembre y difundido por el diario Kathimerini, figura una amplia gama de ajustes, como la constitución del denominado banco de inversiones, medidas de política fiscal, cambios en la ley de sociedades y fusiones empresariales; la venta de unidades de la empresa eléctrica pública o, finalmente, la subasta de participaciones del Estado en grandes empresas, como la petrolera o la del gas; también la privatización y el desarrollo definitivos del gran proyecto urbanístico de Ellinikó (a las afueras de Atenas y muy polémico por la oposición algunos ministerios, como el de Cultura) o la creación del polo industrial y tecnológico de Thriasio, en la región del Ática, que en su día estuvo en el punto de mira de las autoridades chinas tras la adquisición por parte de la estatal Cosco de la mayoría de acciones del puerto del Pireo. Thriasio habría contribuido a ampliar la puerta europea de la Nueva Ruta de la Seda, el gran proyecto estratégico global de Pekín. Entre 2019 y 2020 se espera también una nueva reducción del mínimo exento de cotización.

Conscientes de la dureza —y la impopularidad política— de las medidas que están por venir, altos cargos del Gobierno de Alexis Tsipras están incrementando la presión sobre el primer ministro para que convoque elecciones anticipadas en primavera, según informaba esta semana el citado diario. Como mínimo, según la citada fuente, Tsipras podría optar por una remodelación del gabinete en enero próximo, para afrontar la revisión definitiva del rescate en primavera. La presente legislatura concluye, teóricamente, en septiembre de 2019. 

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