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Al menos seis altos cargos de la Casa Blanca de Trump usaron correos privados

Los republicanos demonizaron a Hillary Clinton por no utilizar un email gubernamental en el Departamento de Estado

Ivanka Trump y Jared Kushner, con su hijo, el pasado viernes
Ivanka Trump y Jared Kushner, con su hijo, el pasado viernes AFP

El uso de cuentas de correo electrónico privadas en el Gobierno vuelve a irrumpir en el debate político en Estados Unidos. Pero en esta ocasión la protagonista no es Hillary Clinton sino altos cargos de la Administración de Donald Trump. Al menos seis asesores de máxima confianza del presidente estadounidense utilizaron correos privados para discutir asuntos de la Casa Blanca, según han revelado investigaciones periodísticas y de grupos de presión.

Esas personas son Jared Kushner, yerno del presidente, y su esposa Ivanka Trump. Ambos son asesores de máxima importancia en la Casa Blanca. También lo hicieron Steve Bannon, exestratega jefe del republicano, y Reince Priebus, exjefe de gabinete. Los otros dos implicados son Gary Cohn, asesor en asuntos económicos, y Stephen Miller, consultor político, según explicaron varios funcionarios al diario The New York Times. Los seis componen el núcleo duro de la Casa Blanca de Trump.

Utilizar una cuenta privada como miembro del Gobierno no es ilegal siempre que esos mensajes se reenvíen a los correos gubernamentales dado que la ley obliga a preservarlos. Pero teóricamente los funcionarios deben utilizar cuentas oficiales para que las conversaciones puedan ser almacenadas y supervisadas.

Durante la campaña a las elecciones presidenciales, Trump y el Partido Republicano demonizaron a su rival demócrata, Hillary Clinton, tras saberse que utilizó un correo privado durante su etapa como secretaria de Estado, entre 2009 y 2013. Clinton borró unos 30.000 emails de su servidor privado al considerar que eran de asuntos no gubernamentales y entregó el resto de sus comunicaciones al Departamento de Estado. Trump instó a Rusia a piratear los correos borrados y sugirió que, de ser presidente, pediría encarcelar a Clinton. “A la cárcel” se convirtió en el grito de guerra de la convención republicana de julio de 2016 en que el magnate inmobiliario fue designado candidato electoral.

El Departamento de Justicia abrió una investigación sobre el uso del correo privado de Clinton para determinar si hizo un mal uso de información confidencial. No halló nada delictivo y en julio de 2016 decidió no presentar cargos contra ella y cerrar la investigación.

Sin embargo, a 10 días de las elecciones de noviembre, el FBI, que depende de Justicia, decidió reabrir las pesquisas al hallar nuevos emails. A los pocos días, volvió a cerrarla al descartar la existencia de un delito, pero Clinton alega que la reapertura de la investigación en el último minuto la perjudicó en los comicios y acusa a la prensa de exagerar el caso de los emails.

Por ahora, el uso de correos privados en el Gobierno Trump no ha alcanzado ni mucho menos el ruido político del caso Clinton. Pero la presión crece. El congresista republicano Trey Gowdy, uno de los críticos más feroces de la ex primera dama, ha pedido explicaciones a la Casa Blanca y al Gobierno federal. Y el demócrata Elijah Cummings, miembro del comité de supervisión de la Cámara de Representantes, ha solicitado que no se borren los correos de, por ahora, Kushner mientras prepara una petición oficial de que sean entregados para iniciar una “investigación”.

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