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Trump confirma a la joven Hope Hicks para pilotar su complicada estrategia de comunicación

Tiene 28 años, formó parte del equipo de campaña y es amiga de la hija del presidente

Hope Hicks, en la ceremonia de investidura en la Casa Blanca.
Hope Hicks, en la ceremonia de investidura en la Casa Blanca. EFE

La dirección de comunicación de la Casa Blanca, un puesto clave en Washington -y rematadamente complejo en el Washington de Donald Trump-, queda en manos finalmente de Hope Hicks, la mujer de 28 años que fue jefa de prensa del equipo de campaña electoral y que asumió el puesto de forma interina este verano, después del sonado despido de Anthony Scaramucci. Todo en la comunicación de la nueva Administración americana se ha demostrado imprevisible e inflamable.

Fuentes de la Casa Blanca y la propia Hicks han confirmado el nombramiento este martes, aunque ya era un secreto a voces. El de director de Comunicación -distinto del de portavoz, que es quien tiene el contacto directo con los periodistas a diario- era un puesto vacante hasta el pasado julio, cuando Trump se lo confió a Scaramucchi, un ejecutivo de Wall Street que parecía más bien anatema de las relaciones públicas. En tan solo 10 días enfangó tanto la imagen del Gobierno que ya no llegó a ver el undécimo día.

Al rescate acude Hicks, una millenniall de Connecticut que trabajó como modelo y también como relaciones públicas de la firma de moda de Ivanka, la primogénita del presidente. Se la considera muy cercana a la familia y ha sobrevivido a todos los vaivenes del universo Trump desde la campaña electoral, pasando por el periodo de transición y estos 10 meses plagados de polémicas, dimisiones y despidos.

La directora de Comunicación trabaja, de hecho, con Sara Huckabee Sanders, el nuevo rostro de las ruedas de prensa diarias de la Casa Blanca después de la dimisión de Sean Spicer en julio. Aquella renuncia puso fin a seis meses de tensiones con la prensa, contradicciones permanentes con el presidente y algunos errores sonados. Con un trabajo muy complicado -dar la cara los medios por todas asa contradicciones del Gobierno-, Spicer resultó un personaje muy peculiar de la Administración de Trump. La parodia que la cómica Melissa McCarthy hacía de él en Saturday Night Live le acaba de deparar un premio Emmy.

Como a muchos de los que han rodeado a Trump desde la campaña electoral, a Hope Hicks también le afecta la investigación de la llamada trama rusa, que es la injerencia de Moscú en las elecciones estadounidenses, que los servicios de Inteligencia y el FBI dan por segura, y la posible connivencia del empresario neoyorquino. El fiscal especial estadounidense que investiga el caso, Robert Mueller, ha avisado a la Casa Blanca de que sus investigadores pueden interrogar a varios asesores, según publicó la semana pasada The Washington Post, y entre ellos figura la joven Hicks.

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